





















Resulta casi insultante para nuestro ego. A lo largo de más de cuatro milenios y medio, la Gran Pirámide de Guiza ha visto nacer y morir imperios, ha soportado el azote implacable de los elementos y, aún más asombroso, ha resistido sin pestañear la furia ... destructiva de un gran número de terremotos. Mientras que nuestros avanzados rascacielos de acero, hormigón y cristal tiemblan, se agrietan y a menudo sucumben ante los caprichos de la tectónica de placas, la tumba del faraón Keops sigue ahí. Intacta y majestuosa.
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