























Era un escenario posible, pero eso no impidió un sentimiento de fracaso generalizado. Andalucía era la gran esperanza para el Partido Popular, donde perseguía una mayoría absoluta de la mano de Juanma Moreno, que inyectara ánimo y moral a las siglas populares y, sobre ... todo, que enviara un mensaje nítido a Vox. Para Alberto Núñez Feijóo esa mayoría absoluta era igual de crucial. Pero la noche fue avanzando sin que el marcador del PP se moviera al ritmo esperado. Y el escrutinio -de infarto, de nuevo como hace cuatro años- terminó estancado en los 53 escaños, a dos de la cifra mágica. Se confirma, por tanto, que los populares no pueden gobernar sin el apoyo de la formación de Santiago Abascal. En las cuatro comunidades autónomas se ha repetido el mismo patrón. El jarro de agua fría es inevitable.
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