





















Florentino interrumpe el soliloquio, golpea por enésima vez el micrófono y se zambulle en el móvil. Busca y busca, como si su dedo fuera un machete y la pantalla una selva tupida. Persigue al culpable de sus desvelos, al causante de su delirio. Y ... no, no es Mbappé, ni su niño díscolo Vinicius, ni los púgiles del vestuario, ni Arbeloa, ni el fantasma de Xabi Alonso. No. Florentino está on fire por una frase entrecomillada en un directo digital firmado por un tal David Sánchez de Castro.
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