






















Pudo hacerlo Julián Álvarez en otro momento, no escondido en un cuarto trasero después de un partido del Mundial que miraba a Messi y no a él, para recitar balbuceando el comunicado que el Barcelona le había cuidadosamente dictado.
Y pudo sobre todo escoger decir ... otra cosa, que Gil Marín no estaba cumpliendo su palabra (como filtra su entorno para disculparle) o que creyó que lo de trabajar a las órdenes de Simeone era más fácil (otro futbolista de talento al que de alguna manera destruye), que su estilo no va con el encerrarse atrás en cuanto se marca un gol y correr en defensa a todas horas.
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