






















Ha muerto un hombre de bien. Y de ley. Se llamaba Ignacio Gordillo Álvarez-Valdés y tenía 75 años. Hoy en el corazón de muchos las campanas del dolor tocan a difuntos porque un marido, un padre, un abuelo y un amigo se nos ha ... ido. Desde aquí deseo rendirle el justo homenaje de un imprescriptible recuerdo. La tarea es difícil, pues a mí cuando muere una buena persona me invade un profundo vacío. Quizá sea porque, como nos enseña Petrarca, la muerte se lleva a los mejores para dejarnos vivos a los malos.
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