




























Agustín Domingo Moratalla
El pasado sábado 25 de abril, León XIV recibió a los miembros del Partido Popular Europeo y ofreció un discurso que todos los miembros del PP tendrían que leer y comentar con detalle. Incluso podríamos examinarlos en junio, aprovechando la visita a España. Con ellos, estamos a tiempo de aplicarnos, hacer los deberes y, si lo desean, sacar buena nota en lo que el propio Papa León ha llamado «valores cristianodemócratas».
Aunque en el PP español no siempre se han sentido orgullosos de estos valores, y en algunos momentos han practicado un laicismo de combate que los hacía irreconocibles ante sus bases, es hora de ponerse al día. Son pocas páginas y no distraerán la campaña electoral andaluza. Son pocos párrafos y no dificultarán la firma de los acuerdos con Vox. Es muy sencillo, bastarán unos minutos para leer con calma estos apuntes.
Comienza recordando una de las máximas que Francisco repetía: «la unidad es superior al conflicto» y manifestando que la tarea principal de cualquier acción política es «ofrecer una visión ideal, ya que la política requiere una visión amplia del futuro sin temer tomar decisiones impopulares cuando es necesario para el bien común». Refresca la idea de que la política es la forma más elevada de la caridad y actualiza el famoso de texto de Alice de Gasperi que nos recuerda la importancia de poner a la persona en el centro comprometiéndose por la verdad y la justicia.
En tiempos líquidos, recuerda la necesitad mantener convicciones firmes con las que nutrir la ética de las democracias liberales. No es un marco de creencias privadas o de prácticas piadosas neodevocionales, sino un marco de ética cívica verdaderamente 'popular'. A diferencia de otros partidos que no han elegido este término, el pueblo está en el corazón de su compromiso. No son receptores pasivos de propuestas y decisiones, están llamados a ser participantes activos que comparten la responsabilidad. Siguiendo la teología del pueblo que alimentó las propuestas de la teología latinoamericana más sólida, que integró el Papa Francisco aprovechando las conversaciones y diálogos con Alberto Methol Ferré, León XIV recuerda la importancia de «… estar entre el pueblo e involucrados en el proceso político es el mejor antídoto contra el populismo, que solo busca una aprobación fácil y contra el elitismo, que tiende a actuar sin consenso».
El mensaje no puede estar más claro, los 'populares' están llamados a evitar tanto el populismo como el elitismo. Lo que no es nada fácil porque una política seria y responsable, auténticamente popular, requiere «tiempo, proyectos compartidos y amor por la verdad». ¿En Génova 13 son conscientes de que eso requiere mejor conocimiento de la propia tradición y mejor pedagogía política en todos los ámbitos y espacios públicos de la sociedad civil?
En los últimos años, señala León XIV, se ha producido un declive constante de la sintonía, la cooperación y el compromiso entre el pueblo y sus representantes. Declive que está en el desprestigio de la vida democrática porque se ha producido un olvido del sentido genuino del 'pueblo'. Ofrece una receta sencilla: contacto entre el ciudadano y sus representantes. Acudiendo al poder de las metáforas señala que en la época del triunfo digital una política verdaderamente orientada al bien común requiere un «retorno a lo analógico».
Sobran tuiteros y faltan peregrinos de la democracia que vayan puerta a puerta y realicen algo tan revolucionario como deliberar con los vecinos. No es de extrañar que este carácter pedagógico y relacional pueda convertirse en el verdadero antídoto contra una política de gritos y eslóganes, incapaz de «responder a las necesidades reales de las personas». Subiendo el tono, León XIV señala que para superar la desafección hay que acercarse a la gente y recuperar a las personas, «reconstruyendo la red de relaciones en las zonas donde viven para que todos puedan sentir que pertenecen a una comunidad y compartir su futuro». Sin citar a Pascal, Tocqueville y la mejor tradición del humanismo cívico o el comunitarismo liberal, esta memoria de lo analógico nos recuerda la amistad cívica o los hábitos del corazón.
No se queda aquí, interpela a quienes orientan sus acciones en los valores cristianodemócratas. Les pide no solo redescubrir y abrazar la herencia cristiana de la que provienen, sino mantener la demarcación entre testimonio religioso profético y testimonio cristiano expresado en elecciones o decisiones concretas: «… ser cristiano en política no significa ser abiertamente confesional, sino permitir que el Evangelio guíe las decisiones que deben tomarse, incluso aquellas que no parecen obtener un consenso fácil. Significa trabajar para preservar la conexión entre ley natural y ley positiva, y entre las raíces cristianas y la acción política». Frente a las nostalgias de partidos neoconfesionales o integristas, León XIV asume la tradición agustiniana de las dos ciudades, la celestial y la secular. Tradición que en nuestros días interpretaron pensadores como Jacques Maritain y, entre nosotros, Olegario González de Cardedal y la propia Adea Cortina cuando hablan unitariamente de mínimos y máximos.
Perfila este compromiso exigiendo que el cristiano invierta en una libertad basada en la verdad que salvaguarde la libertad religiosa y afronte el reto de los derechos humanos para que no terminemos cediendo a la fuerza y la opresión. Reclama una perspectiva realista que: (a) empiece con las preocupaciones concretas de las personas, fomente condiciones laborales dignas «que fomenten el ingenio y la creatividad de las personas frente a un mercado cada vez más deshumanizante e insatisfactorio». ¿Un papa reivindicando el ingenio, la creatividad y la libertad? Pues sí, y además impulsando a estos militantes para que no tengan miedo a formar una familia, a tener hijos, un miedo «especialmente prevalente en Europa»; (b) aborde las causas profundas de la migración, cuide a quienes sufren, contando con las capacidades de acogida a integración que se tengan; (c) afronte de manera no ideológica los retos de nuestro tiempo como el cuidado integral de la creación y la IA, llena de oportunidades y peligros.
Esperemos que los populares se apliquen en este final de curso, y cuando nos visite León XIV, tengan los deberes hechos.
Agustín Domingo Moratalla
Es catedrático de Filosofía Moral y Política. Universidad de Valencia
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