






















Regula la temperatura corporal, mejora la función cerebral, favorece la digestión, y previene enfermedades como cálculos renales o problemas cardiovasculares. Incluir una buena hidratación en nuestros hábitos saludables es fundamental para el bienestar general.
Cabe recordar que alrededor del 60% de tu cuerpo es agua, incluso los huesos son aproximadamente un 30% de líquido. Y ese agua se encuentra dentro de las células o en los vasos que transportan el alimento celular.
«En la salud hay cuatro patas que sostienen una mesa, y que todas son muy importantes. Una es la nutrición y la suplementación, otra es el movimiento y el ejercicio físico, otra es el descanso y la regulación de los niveles de estrés, y la cuarta, que muchas veces no le prestamos atención, es una buena hidratación», cuenta en una entrevista con ABC la entrenadora experta en mujeres Crys Dyaz, quien acudió recientemente a un video pódcast en la que se presentó el 'Decálogo de la hidratación' de 'Solán de Cabras' en el interior del Riyadh Air Metropolitano.
Regulación de la temperatura corporal: El agua ayuda a enfriar el cuerpo a través de la sudoración, evitando el sobrecalentamiento y manteniendo una temperatura óptima para el funcionamiento de los órganos.
Transporte de nutrientes y eliminación de toxinas: La hidratación facilita que el agua transporte nutrientes esenciales a las células y colabora en la eliminación de desechos metabólicos, apoyando las funciones celulares y metabólicas.
Mejora la función cognitiva y el estado de ánimo: Una hidratación adecuada optimiza la concentración, la memoria y el estado de ánimo al permitir que el cerebro reciba suficiente oxígeno y nutrientes.
Cuida la salud de la piel y tejidos corporales: Mantenerse hidratado ayuda a conservar la elasticidad, suavidad y salud de la piel, así como la hidratación de tejidos y articulaciones.
Prevención de problemas de salud comunes: El agua es clave para prevenir dolores de cabeza por deshidratación, enfermedades renales como cálculos y facilita el tránsito intestinal, previniendo el estreñimiento
«Es muy importante que entendamos que nuestros procesos corporales deshidratan a nuestro cuerpo», cuenta la experta, uno de los perfiles relacionados con el fitness y el bienestar más conocidos en redes del panorama nacional, que advierte de que muchas personas solo beben cuando tienen sed, un error frecuente: «Ahí el cuerpo ya está deshidratado».
Por ello, insiste en que la hidratación debe ser un hábito constante a lo largo del día, con ingestas regulares antes, durante y después del ejercicio, y no concentradas en momentos puntuales. «No sirve beber un litro de golpe; es más eficaz hacerlo a sorbos pequeños y de forma continuada desde que nos levantamos», explica la que es entrenadora de algunas de las celebrities más conocidas de nuestro país.
La experta subraya que factores cotidianos como el estrés, la exposición a pantallas, una mala alimentación o el propio desgaste físico y mental incrementan la deshidratación. También alerta Dyaz sobre el verano y los espacios con aire acondicionado, donde la sensación térmica puede engañar mientras el cuerpo sigue perdiendo líquidos.
Aunque tradicionalmente se ha recomendado beber entre 1,5 y 2 litros diarios, Dyaz matiza que no existe una cifra universal, por lo que apuesta por escuchar al cuerpo y construir rutinas de hidratación sostenidas. «En cuanto a libtros, depende mucho del tipo de de actividad física que hagas, de si eres de una determinada edad o de otra, del sexo, de tu actividad cognitiva diaria. Lo que recomiendo es que la hidratación debe ser un hábito desde primera hora, tras pasar entre 6 y 8 horas de ayuno nocturno», indica la experta, que ahonda en que esta práctica activa funciones principales, comenzando por el transporte de nutrientes.
Empieza el día hidratándote. En verano, iniciar el día con una buena hidratación mineral ayuda a afrontar mejor las altas temperaturas.
No esperes a tener sed. La sensación de sed no siempre llega a tiempo, por lo que conviene hidratarse de forma constante a lo largo del día.
Convierte la hidratación en un hábito consciente. Gestos cotidianos como llevar agua contigo y beber de forma regular antes de las comidas o entre actividades, ayudan a mantener una correcta hidratación.
Aumenta tu hidratación cuando pases tiempo al sol. Pasar tiempo en la playa, en terrazas o al aire libre, especialmente en las horas de más calor, aumenta la pérdida de agua y minerales a través del sudor.
Recuerda que no todas las aguas son iguales. Una composición mineral de máxima calidad ayuda al organismo a mantener su equilibrio hídrico.
Hidrátate antes, durante y después de la actividad física. Cuidar la hidratación en cada momento del esfuerzo físico para favorecer la recuperación y afrontar mejor las altas temperaturas.
El descanso y la hidratación van de la mano. El calor y la deshidratación pueden aumentar la sensación de cansancio al final del día. Minerales como el magnesio contribuyen a disminuir el cansancio y apoyan las rutinas de bienestar y recuperación.
No descuides tu hidratación en espacios climatizados. Pasar muchas horas en espacios climatizados, en contraste con el calor exterior, hace recomendable prestar atención a la hidratación y mantener una ingesta regular de agua a lo largo del día.
Mantén tu hidratación cuando viajes. Los viajes forman parte del verano, pero la hidratación también debería hacerlo. Conservar este hábito durante los desplazamientos ayuda a que el cambio de rutina no pase factura.
La hidratación es importante todo el año, pero en verano se vuelve fundamental. Mantener una buena hidratación mineral durante los meses de más calor puede marcar la diferencia en nuestro bienestar y ayudar al organismo a afrontar mejor las altas temperaturas.
La evidencia científica respalda esta visión defendida por la experta. Un estudio de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos señala que la deshidratación crónica se asocia con un 21% más de riesgo de muerte prematura y un 64% más de probabilidades de desarrollar enfermedades como diabetes, demencia o insuficiencia cardíaca. A largo plazo, además, la falta de agua genera estrés oxidativo celular, acelerando el envejecimiento.
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