























Hasta su doctorado, el virólogo Jonas Klingström, actualmente profesor de la Universidad de Linköping (Suecia) y uno de los mayores expertos mundiales de los hantavirus, no había oído hablar de ellos. Le llamó la atención que, aunque son muy simples (apenas producen entre cuatro o ... cinco proteínas), logran manipular muchas funciones de la célula, tanto de las infectadas como de las vecinas. Además, producen la temida 'hiperinflamación', una respuesta inmunitaria exagerada. No obstante, en sus huéspedes naturales, los roedores, no provocan síntomas y causan «infecciones asintomáticas de por vida», según explica. El problema llega cuando la enfermedad pasa a los humanos: en nuestra especie se producen cuadros clínicos que, como ha demostrado el brote ocurrido en el barco M/V Hondius, pueden llevar a la muerte. Aquí es donde entra el equipo de Klingström, que estudia desde hace años cuáles son los mecanismos detrás de las patologías causadas por hantavirus y trabaja en posibles nuevas vías de tratamiento. «Todavía hay muchas cosas que no comprendemos; se necesita más investigación para entenderla y diseñar terapias».
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