




















En las retransmisiones del fútbol, donde la cámara se detiene en el primer plano de un regate o en el gesto de un delantero antes de un disparo, hay un detalle que ya no pasa inadvertido: la muñeca vendada. No es un guante, ni un ... brazalete. Es un vendaje funcional, en una sola mano –la derecha de Lamine Yamal, la izquierda de Lewandowski, la diestra de Valverde–, que envuelve la articulación como un recordatorio blanco de que el cuerpo del futbolista moderno es, ante todo, un instrumento frágil y sofisticado.
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