


























Hace ya 17 días que un paseante descubrió de madrugada una ballena jorobada varada frente a la isla de Poel, en la costa del Báltico, y dio aviso a la policía fluvial de Wismar. «Pensé que era una roca, pero luego la roca respiró», explicó ... a los agentes. El animal, que mide 12,35 metros de largo, 3,20 metros de ancho y 1,60 metros de alto, comenzó de inmediato a ser monitorizado por los expertos del Museo Oceanográfico Alemán de Stralsund, que enseguida advirtieron que su estado de salud se deterioraba por momentos. Alemania, país de ingenieros y reglamentos de 47 páginas para cortar el césped, no contaba con un protocolo de actuación para un caso de este tipo y el ministro regional de Medio Ambiente de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Till Backhaus, que jamás se había visto en una así, pidió un informe sanitario de biólogos marinos y veterinarios sobre las probabilidades de supervivencia de la ballena enferma.
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