























A lo largo de la campaña andaluza, en la que Alberto Núñez Feijóo quiso implicarse por completo, las referencias al «modelo» de Juanma Moreno no cesaron. El líder del PP llegó a decir en el mitin que ambos compartieron -solo hubo uno, ... en Málaga- que la cita del 17 de mayo iba exactamente de eso, de elegir entre los dos modelos. El de su barón andaluz y el de Pedro Sánchez. Un día después de aquello el portavoz nacional, Borja Sémper, remataba ese mensaje desde Génova: «Moreno representa todo aquello que queremos implementar para España. Moderación y gestión». Revalidar la mayoría absoluta en Andalucía, además de una proeza política, significaba mucho más para el PP. Demostrar que un perfil como el de Moreno, desde la centralidad y rechazando abiertamente las imposiciones de Vox, iba a funcionar. Que podía provocar una debacle en el PSOE y contener a su rival por la derecha al mismo tiempo. E indudablemente, muchos dirigentes en el partido veían el reflejo de Feijóo en ese espejo andaluz. «Es el modelo con el que se siente cómodo», decían.
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