

























En las calles de las zonas comerciales de Puerto Cabello abundan las santamarías cerradas. Las que se mantienen abiertas, trabajan a medias. No por falta de ganas, sino porque los cortes eléctricos no permiten una jornada completa. Cortes que van entre las 5 y 6 horas diarias, hacen casi imposible que la vida fluya normalmente en esta ciudad costera del estado Carabobo.
Cuando entras a un establecimiento, si bien la amabilidad es la norma, el cansancio en la mirada también lo es. Ese rostro de fuerzas quebradas hace que el empeño en la atención no sea el mismo que antes, es como si solamente intentan sobrevivir agobiados por el calor y los apagones. La crisis no es sólo de energía eléctrica, también de la propia fuerza que va mermando en los comerciantes de la ciudad.


Rui Ferreira heredó de su papá una carnicería en el centro de Puerto Cabello. La familia tiene más de 70 años en el país y Rui cuenta que su niñez transcurrió en prosperidad: los Ferreira llegaron y montaron una carnicería que logró reunir una muy buena clientela, pero cuando los cortes de electricidad se instalaron en la cotidianidad, comenzaron las pérdidas: «Una carnicería sin electricidad lo que genera es problemas y en ese tiempo aún no se comercializaban plantas eléctricas. Tuvimos que decidir cambiar de rubro, rematar todas las neveras y pensar en vender repuestos de motos aquí en la zona. Sin embargo no es nada próspero ese negocio, se hizo más costoso importar los repuestos de las motos y ahora subsistimos con lo que podemos vender, pero jamás como cuando vendíamos carne. Era una buena época y se acabó».
Teresa Guerrero tiene un negocio de venta de frutas y legumbres con sus hermanos. La cosa iba bien, pero ya no pueden vender frutas que necesiten refrigeración, «No hemos podido comprar una planta eléctrica, los números de las ventas no dan como para el lujo de tener una. La que necesitamos es de 12.000 w y está por el orden de los 1.300 dólares”.
Teresa también cuenta que los cortes de electricidad condicionan a los habitantes de Puerto Cabello, aunque no quieran. Han adaptado sus rutinas a los apagones y eso afecta su calidad de vida. El comercio se detiene por 5 o 6 horas y esas jornadas improductivas pesan cuando hay que pagar empleados y servicios.
“A veces pienso que es mejor cerrar el negocio y dedicarse a otra cosa, pero ¿qué?», se plantea. Es una reflexión tan válida pero sin una respuesta concreta: sin electricidad las opciones son muy limitadas.



En el centro de la ciudad se ve a los vecinos sentados sobre la acera, como pasando el rato. A pesar del calor y los malos ratos que ocasiona la falta de electricidad, estas personas son sonrientes, no pierden para nada los buenos modales. En la casa de la familia Leal esperan a que llegue la luz en la puerta. Son 5 horas donde no puedes ver televisión a menos o escuchar la radio. Nada de eso tan cotidiano, a menos de que que uno tenga el celular cargado y con datos.
En otra cuadra hay una pareja de ancianos reposando bajo la sombra. El calor se siente. En su casa hay un ventilador, pero sin corriente es una estatua, un espectador más. Dentro de sus reflexiones, se preguntan la explicación de la falta de energía eléctrica en una región petrolera donde ya casi ni siquiera se puede comprar kerosene.
Esta pareja se hace muchas preguntas, quizás los años le permiten esa ventaja. Los problemas con la distribución de agua potable, también les hace cuestionar el tiempo que viven: si los embalses están llenos, ¿por qué estamos así? «Oye mijo, nadie nos dice nada como si estuviéramos pintados en la pared, Pero bueno, aquí seguimos. Tenemos una venta de hielo que no es rentable porque cuando se va la luz, con el calor comienzan a derretirse las panelas… Nos toca esperar que algo bueno pase».




Los transformadores eléctricos en Puerto Cabello, los postes carcomidos por el óxido y el salitre, son muestra clara de la falta de mantenimiento del tendido eléctrico, responsabilidad del Estado.
Paradójicamente, al casco histórico de Puerto Cabello le han hecho docenas de restauraciones y lo adornaron con estructuras luminosas: en esa zona nunca falta la electricidad. Negocios nuevos de perfil lujoso tienen los privilegios que otras partes de la ciudad no disfrutan. El contraste es evidente, el maquillaje también.


此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。