惯性聚合 高效追踪和阅读你感兴趣的博客、新闻、科技资讯
阅读原文 在惯性聚合中打开

推荐订阅源

F
Fortinet All Blogs
S
Secure Thoughts
月光博客
月光博客
美团技术团队
雷峰网
雷峰网
Exploit-DB.com RSS Feed
Exploit-DB.com RSS Feed
奇客Solidot–传递最新科技情报
奇客Solidot–传递最新科技情报
N
News and Events Feed by Topic
freeCodeCamp Programming Tutorials: Python, JavaScript, Git & More
Forbes - Security
Forbes - Security
W
WeLiveSecurity
P
Proofpoint News Feed
阮一峰的网络日志
阮一峰的网络日志
爱范儿
爱范儿
G
GRAHAM CLULEY
cs.AI updates on arXiv.org
cs.AI updates on arXiv.org
AI
AI
Last Week in AI
Last Week in AI
Google Online Security Blog
Google Online Security Blog
Schneier on Security
Schneier on Security
云风的 BLOG
云风的 BLOG
Threat Intelligence Blog | Flashpoint
Threat Intelligence Blog | Flashpoint
Recent Announcements
Recent Announcements
Webroot Blog
Webroot Blog
T
Tor Project blog
Cisco Talos Blog
Cisco Talos Blog
N
News and Events Feed by Topic
罗磊的独立博客
The Register - Security
The Register - Security
Blog — PlanetScale
Blog — PlanetScale
T
Threat Research - Cisco Blogs
博客园 - 【当耐特】
Apple Machine Learning Research
Apple Machine Learning Research
人人都是产品经理
人人都是产品经理
T
The Exploit Database - CXSecurity.com
www.infosecurity-magazine.com
www.infosecurity-magazine.com
B
Blog
腾讯CDC
Microsoft Azure Blog
Microsoft Azure Blog
酷 壳 – CoolShell
酷 壳 – CoolShell
H
Hacker News: Front Page
Application and Cybersecurity Blog
Application and Cybersecurity Blog
Engineering at Meta
Engineering at Meta
Latest news
Latest news
IT之家
IT之家
D
DataBreaches.Net
博客园 - 司徒正美
N
Netflix TechBlog - Medium
V
V2EX
钛媒体:引领未来商业与生活新知
钛媒体:引领未来商业与生活新知

Opinión – El Estímulo

En defensa de la función policial | El Estímulo El chavismo descubre ahora que su ley de alquileres es “regresiva” | El Estímulo El “nosotros” de las tragedias Después del terremoto | El Estímulo "El topo", la viralidad y la pendejada de siempre | El Estímulo María Corina y su regreso: riesgo y oportunidad en medio del dolor y el duelo | El Estímulo Toda tragedia social es política | El Estímulo A grandes cambios, grandes responsabilidades: León XIV y la IA | El Estímulo César Santos: el legado invisible de un hombre justo | El Estímulo | El Estímulo Mi primer Mundial: Argentina 1978 | El Estímulo Manifiesto de Panamá: buenas noticias y preguntas | El Estímulo Las 5 riquezas que el dinero no puede comprar | El Estímulo El duro aprendizaje de la supervivencia | El Estímulo A la súper poderosa cédula chimba de Álex Saab le cayó kriptonita | El Estímulo | El Estímulo Provea alerta sobre una “tecnocracia autoritaria” en Venezuela | El Estímulo | El Estímulo Mayo, mayéutica y temas mayores | El Estímulo La viabilidad económica de la transición política | El Estímulo Nicaragua bate récords: tres embajadores en cuatro meses en Venezuela | El Estímulo El día que entendí que podía irme en paz | El Estímulo | El Estímulo Justicia para todos | El Estímulo | El Estímulo ¿Y por qué María Corina no termina de regresar? | El Estímulo | El Estímulo El eco de lo que nos delata (a propósito de Carlos Baute en Madrid) | El Estímulo Actualidad del 19 de abril | El Estímulo Escuchar: la forma más pura de generosidad | El Estímulo La Constitución y el "nuevo momento político" | El Estímulo En defensa de la buena política | El Estímulo Las 2 claves para una relación sana que casi nadie practica al mismo tiempo | El Estímulo Apuesta de alto riesgo en Irán | El Estímulo | El Estímulo El amor no se jubila: el verdadero legado es la familia | El Estímulo | El Estímulo Reivindicar a Habermas es discutir sobre democracia | El Estímulo | El Estímulo La libertad son las libertades | El Estímulo | El Estímulo Un empujoncito a la Comisión de Convivencia: esto es lo que necesitamos | El Estímulo | El Estímulo Institucionalizar las instituciones | El Estímulo | El Estímulo ¿Y ahora, quién podrá defendernos? | El Estímulo | El Estímulo Cuando la vida nos regala nietos | El Estímulo | El Estímulo Cuaresma: de la razón y el sentimiento | El Estímulo | El Estímulo Marco Rubio pone las elecciones en el centro del debate | El Estímulo | El Estímulo Limpiar el camino a la paz y la democracia | El Estímulo | El Estímulo El Programa de Febrero cumple 90 años | El Estímulo | El Estímulo La transición no cae del cielo | El Estímulo | El Estímulo Ley de Amnistía: ¿esto es lo que hay o pueden mejorarla? | El Estímulo | El Estímulo Rectificar es de sabios | El Estímulo | El Estímulo Penfold y el anatema | El Estímulo | El Estímulo Venezuela, política y petróleo | El Estímulo | El Estímulo Aquel 23 de enero | El Estímulo | El Estímulo
La normalidad que queremos | El Estímulo | El Estímulo
Ramón Guillermo Aveledo · 2026-04-27 · via Opinión – El Estímulo

Normal es lo habitual, lo ordinario. Una cosa es normal, se dice, cuando se halla en su estado natural. Es lo que leo en el diccionario. Normalidad es la “cualidad o condición de normal”. Lo contrario de normal es anormal y lo contrario a normalidad, obvio, anormalidad.

Si algo no ha sido y no es la vida venezolana de estos años es, precisamente, normal. Y creo que la mayoría de nosotros quiere que lo sea, que nuestra vida se normalice. Acaso las excepciones a ese deseo colectivo, abrumador, de cambio sean las minorías que se beneficia de la anormalidad, sea porque se lucran o porque se aprovechan. No es mi caso y tampoco el de la gente que conozco y trato.

Encuentro raro, anormal, si se me permite, que como secuela de la colección de anormalidades a las que vamos acostumbrándonos, “normalizador” se haya convertido en insulto, sinónimo de “colaboracionista” que equivale a cómplice, como les decían, por ejemplo, los franceses a sus compatriotas que colaboraban con los nazis o al mismo gobierno en Vichy del Mariscal Petain, héroe en la Primera Guerra y títere en la Segunda, tutelado por el invasor extranjero.

Para ser “normalizador” no basta ser partidario de la normalidad, hay que tener el poder para imponerla y aquí, más allá de la declaración, los actos de real o presunta intención normalizadora por parte de los que mandan, que sí los ha habido, me parecen insuficientes, sumamente cautelosos e invariablemente mirando para los lados, con los que parecen tener más cuidado que con la acera del frente.

No dudo al decir que como venezolano aspiro a la normalidad. Y eso ¿qué es? Pues me conformaría, por ejemplo, con que se cumpliera la Constitución que es la regla de lo normal en cuanto a funcionamiento del Estado y a la relación de éste con los ciudadanos y que cuando no sea así, o a uno le parezca que no es así, haya una instancia para reclamar o buscar justicia.

Normal sería que los estudiantes de nuestras escuelas y liceos tuvieran clase cinco días a la semana y los docentes una remuneración digna de la importantísima labor que les encomendamos. O que los hospitales pudieran atender a los enfermos decentemente y que no hubiera que esperar meses, o más, por una cirugía. Y que no tuviéramos, en este país, déficit de maestros y de médicos. O que no fuera noticia que por fin salió el Boletín Epidemiológico, porque la publicación de estadísticas públicas en general se ha convertido por rara, en anormal. Normal sería la vacunación de todos en todos los establecimientos educacionales, como por cierto recuerdo haber vivido en mi infancia. Normal sería que las universidades públicas tuvieran el presupuesto que necesitan y que no dependieran de créditos adicionales para su gasto ordinario, es decir normal.    

Normal es que usted abra el grifo y salga agua, anormal es que nunca sepamos si va o no a haber agua ni cuándo llega. Y que además sea potable, inodora, incolora e insípida. Normal es que el servicio eléctrico sea constante no intermitente, con zonas con apagones, con racionamientos sin transparencia o con varias horas cada día sin luz. Para que la nevera funcione y no se dañen los alimentos que caro costó comprar, para ver televisión y usar internet normalmente. Para que pueda haber industria, comercio, agricultura. Normal es que haya una moneda y no varias: la divisa, el bolívar, la del cambio BCV, la otra y la “promedio” que tampoco es una sola porque depende de quién calcule. Y así, la lista es larga. El trabajador y el empresario, el productor y el consumidor, en el campo y la ciudad, en la capital y en las regiones, en cada ámbito de nuestras vidas hay una normalidad que aspiramos.

Y en cuanto a la vida cívica, democráticamente normal sería que no hubiera presos políticos ni exiliados, que el poder público tuviera, de verdad, a plenitud, la distribución territorial y la separación funcional y la autonomía que corresponden. Que nos podamos informar libremente de lo que pasa y expresarnos sin miedo a represalias. Que todos podamos organizarnos con libertad para la participación política, social, económica e incluso vecinal porque condicionarla es arbitrario y además, inconstitucional. Que cuando un gobernante o un partido nos parezca que lo hacen bien podamos votarlos y si no que podamos libre, pacíficamente cambiarlos por otros y que nuestra decisión se respete. Sabemos que eso es posible e incluso mejor, porque lo mayores recordamos haberlo vivido.

Esa es la normalidad que yo aspiro. No sé si eso sea ser “normalista” como antes eran los maestros, o normaliano que es palabra inexistente en el idioma. Normalizador no soy, pero quisiera y podré ser cuando, como ciudadano participe, vote y decida. Entonces tendré mi nosecuanmillonésima alícuota de poder normalizador, como deseo.