






















El carro nuevo volvió a aparecer en vitrinas, redes sociales y concesionarios de Caracas, Valencia y otras ciudades del país. Modelos chinos, japoneses y coreanos ocupan espacios que hace una década pertenecían a ensambladoras nacionales prácticamente desaparecidas. Pero detrás del renovado movimiento en el sector automotor venezolano hay una realidad más compleja, y es que aunque el mercado crece lo hace desde un piso históricamente bajo.
La Cámara Venezolana Automotriz (Cavenez) proyecta que en 2026 se venderán cerca de 50 mil vehículos nuevos en el país, una cifra que representaría un nuevo salto para el sector luego de años de contracción. El presidente ejecutivo del gremio, Eduardo Cáceres, afirmó recientemente que el primer trimestre del año registró un crecimiento cercano a 50% frente al mismo período de 2025.

El dato confirma la tendencia observada desde 2022. Ese año se comercializaron alrededor de 4.000 carros nuevos en Venezuela. En 2023 la cifra subió a 7.303 unidades importadas y apenas 53 ensambladas localmente. Ya en 2024 el mercado cerró con 17.558 vehículos vendidos, un crecimiento de 140% interanual, según cifras del sector automotor regional. (Autocosmos)
Para 2025, Cavenez reportó ventas por 38.600 unidades entre vehículos de pasajeros y carga, lo que prácticamente duplicó el desempeño del año anterior. Ahora, la apuesta de 2026 es alcanzar las 50 mil unidades.
Aunque el crecimiento porcentual luce impresionante, el mercado venezolano todavía está lejos de parecerse al que existía antes de la crisis económica.
En 2007, Venezuela llegó a vender cerca de 500 mil carros nuevos al año, en un contexto de expansión económica, crédito masivo y producción local. Hoy, incluso si se cumple la meta de 50 mil unidades en 2026, el país seguiría vendiendo apenas una décima parte de aquel pico histórico.
La diferencia también se observa frente a otros mercados latinoamericanos. Mientras Venezuela aspira a colocar 50 mil vehículos este año, Brasil supera los 2,6 millones de unidades anuales; México ronda 1,5 millones; Argentina supera los 600 mil; Chile vende más de 300 mil y Colombia se mueve alrededor de las 254 mil unidades al año, según los datos reportados por la Asociación Latinoamericana de Distribuidores de Automotores (Aladda)
La distancia regional se vuelve más evidente cuando se calcula la venta de carros nuevos por habitante.
Con una población estimada de 28,6 millones de personas en 2026, Venezuela vendería aproximadamente 1,7 vehículos nuevos por cada mil habitantes si alcanza la meta de 50 mil unidades este año.
Aunque el indicador mejora frente al 0,5 por mil habitantes estimado en 2024 y el 0,1 registrado en 2019, todavía luce muy rezagado frente al resto de América Latina.
Chile, por ejemplo, supera ampliamente los 15 vehículos nuevos por cada mil habitantes; Brasil ronda entre 12 y 13; Argentina se ubica en 12,7; mientras Colombia se mueve alrededor de 5 vehículos por cada mil habitantes.
En otras palabras, incluso con la recuperación actual, Venezuela sigue siendo uno de los mercados automotores más pequeños de la región en proporción a su población.
Parte de la recuperación del sector está asociada al retorno parcial del financiamiento. Sin embargo, el crédito automotriz venezolano todavía opera bajo condiciones muy restrictivas para la mayoría de los consumidores.
Hoy, comprar un carro nuevo en Venezuela requiere una capacidad económica muy superior al promedio nacional. Los concesionarios y entidades financieras suelen exigir iniciales de entre 30% y 70% del valor del vehículo, mientras los plazos oscilan entre 24 y 48 meses.
Además, las tasas rondan 16% anual y muchas cuotas están indexadas.
En la práctica, esto significa que incluso los modelos más económicos requieren miles de dólares disponibles de entrada.
Actualmente, un Toyota Agya 2025 ronda los 19.990 dólares, mientras modelos compactos de Kia o Changan se ubican entre 20 mil y 23 mil dólares. En segmentos SUV o pickups, los precios pueden superar fácilmente los 50 mil dólares.
Modelos como la Toyota Hilux, Fortuner o algunas camionetas chinas de gama alta ya se acercan a valores comparables con mercados internacionales, pero en una economía donde el salario promedio continúa siendo bajo.
Otro cambio estructural es el origen de los vehículos.
El mercado automotor venezolano actual depende casi completamente de las importaciones. Las ensambladoras nacionales, que durante años fabricaron vehículos de marcas como Toyota, General Motors, Ford, Mitsubishi o Chrysler, permanecen paralizadas o con operaciones mínimas.
Eso explica el crecimiento de marcas asiáticas como JAC Motors, Changan, Chery y otras firmas chinas que han ganado terreno en los últimos años, junto con fabricantes tradicionales japoneses y coreanos.
El auge reciente del mercado automotor latinoamericano también está siendo impulsado por fabricantes chinos, especialmente en segmentos eléctricos e híbridos. Pero en Venezuela, más que una transición tecnológica, el fenómeno responde a una recomposición del mercado importador ante la desaparición de la producción nacional.
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