Prevén que no sea hasta entonces cuando se note en los precios finales el encarecimiento de los fertilizantes

Puesto del mercado Galvany en BarcelonaAraba Press
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El precio de los alimentos no elaborados se disparará por encima del 7% interanual a partir del verano y en otoño, debido a que el encarecimiento de los fertilizantes que se está produciendo a nivel mundial por la guerra en Irán no se notará definitivamente en los precios finales que abona el consumidor hasta pasados seis meses del inicio del conflicto, según pronostica Funcas.
En sus previsiones económicas, presentadas este miércoles, este servicio de estudios ha explicado que aunque la inflación de los alimentos frescos ronda ahora el 4,5%, en los próximos trimestres habrá subidas más fuertes, sobre todo a partir de agosto. "Los alimentos vienen con una tendencia de crecimiento de precios muy intensa, lo que más nos preocupa son los frescos por su contenido en fertilizantes y otros insumos. Su inflación se situa ahora en torno al 4,5%, pero hacen falta seis meses en promedio para que el coste de los fertlizantes llegue al precio final que abona el consumidor y eso podría encarecer los precios de los alimentos no elaborados", ha apuntado Raymond Torres, director de coyuntura económica.
Este nivel de precios es compatible con una inflación promedio para el conjunto del año que sitúan en el 3,3% (frente al 2,5% que habían pronosticado en febrero), lo que supondría una aceleración desde el 2,8% de 2025. Para 2027 prevén una inflación del 2,4%, tres décimas más de lo estimado antes del conflicto en Oriente Medio.
Para que se dé esta situación, Funcas parte de tres hipótesis: primero, que los precios energéticos se comporten en línea con lo que proyectan los mercados de futuros, es decir, con un petróleo Brent que se estabilice en 80 dólares por barril a finales de este año y recupere su precio de febrero a finales de 2027, lo que sería consistente con que a partir del mes que viene se abra progresivamente el estrecho de Ormuz, "verdadero cuello de botella de la economía mundial". Segundo, que el Banco Central Europeo (BCE) lleve a cabo dos subidas de tipos de interés -en junio y septiembre- elevando en dos fases la facilidad de depósito del 2% al 2,5%. Y tercero, que las medidas aprobadas por el Gobierno se mantengan hasta octubre y no se reviertan antes, ya que quitarlas sumaría tres décimas adicionales a la inflación.
En este escenario, la economía española se desaceleraría y crecería un 2,2% este año (frente al 2,8% de año pasado) y un 1,8% el próximo. Funcas revisa así a la baja dos décimas su previsión respecto a febrero por la guerra, un impacto relativamente "contenido" en el que la debilidad del sector exterior se ve compensada por una demanda interna dinámica y un comportamiento del turismo mejor del esperado porque España captaría viajeros cuyo destino era Oriente Medio. Este efecto elevaría el total de turistas un 3,3% este año, lo que supone que el país alcanzaría o al menos "rozaría" los 100 millones de turistas extranjeros.
Si estas premisas no se cumplen, en especial la de que la crisis energética sea transitoria, entonces los agentes (familias y empresas) reaccionarán de forma diferente: en lugar de mantener su nivel de gasto ahorrando menos, podrían contener sus decisiones de consumo al percibir que la crisis es permanente y que la pérdida de poder adquisitivo perdura. Funcas calcula que dado que el salario medio va a subir un 3% este año y la inflación será del 3,3%, la pérdida media del poder de compra será de tres décimas.
En un "escenario lúgubre, de guerra prolongada," la previsión es mucho más pesimista: la inflación sería del 4% en promedio, con lo que los trabajadores sufrirían una pérdida de poder adquisitivo de un punto -asumiendo una subida salarial del 3%-, mientras que el crecimiento se quedaría en el 1,8% y por debajo de ese nivel el próximo año. "El crecimiento sería significativamente menor y mucho peor en el caso de Europa, bordeando la recesión", ha advertido Torres.





























