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Cada día deja de pasar por el estrecho de Ormuz el equivalente al petróleo que consumen Alemania, España, Francia e Italia juntas. Esos nueve millones de barriles se dirigían principalmente a Asia, de ahí que los países de Oriente no hayan tenido ni tiempo de pensar en cómo compensar a sus ciudadanos por el sobrecoste de la energía y se hayan lanzado sin anestesia a por la única medida eficaz ante un shock de oferta: frenar como se pueda la demanda. Australia ha recortado el número de vuelos y Pakistán se está planteando restricciones en el tráfico. La práctica totalidad animan a sus ciudadanos a no tocar el coche.
Esa ola destructiva se dirige poco a poco hacia Occidente. Si no ha llegado ya es porque se han activado amortiguadores, algunos de ellos a costa de enormes tragaderas morales, como la suspensión de sanciones a Rusia o a la misma Irán, o el propio alivio que genera la caída del consumo en Asia. Sin embargo, el factor que más afecta es la esperanza en que un acuerdo de paz reactive el tráfico por Ormuz. Entre tanto, la Comisión Europea ha comenzado a recomendar a la población que ahorre combustible antes de que sea demasiado tarde.
España ha decidido correr en dirección contraria. Con la Semana Santa de por medio, no sólo no se ha desaconsejado el uso del vehículo, sino que se ha incentivado con descuentos en el precio de la gasolina. Éstos saldrán de los bolsillos de todos, beneficiarán a los mayores consumidores, que son las rentas altas, y también a las petroleras. Hay factores que pueden justificar estas medidas, como la protección del sector turístico o el efecto amortiguador que tendrán sobre la inflación. Hay otras variables más inconfesables. Nuestro sistema político está instalado en un ciclo electoral infinito y así es imposible poner en marcha reformas profundas.
Nuestro país no está, como se dice constantemente, protegido para esta disrupción de la oferta. Una cosa es la electricidad, en la que cuenta con fuentes renovables que abaratan la producción, pero otra es el conjunto de la energía, donde el petróleo abarca el 44% del total. En el ratio barril/habitante, España sale peor parada que Alemania o que Francia. Sí cuenta con una posición bien orientada para ganar autonomía si abandona el sectarismo.
Esta crisis será muy contaminante. China, pero también Italia, están aumentando el uso del carbón. Pero a largo plazo, va a acelerar la transformación renovable de la energía. Renovable y nuclear. Es donde hay que estar para que la geopolítica no nos coja otra vez con el pie cambiado.




























