






















Actualizado
Durante a�os, el diagn�stico parec�a claro: el exceso de ladrillo nos hac�a menos productivos, distanci�ndonos de los principales socios europeos. Sin embargo, los datos m�s recientes de Contabilidad Nacional cuestionan esta idea. Para entenderlo, conviene mirar brevemente hacia atr�s. Entre 1964 y 1980, la econom�a espa�ola se encontraba en plena fase de desarrollo, mientras el pa�s transitaba de la dictadura a la democracia. Durante este ciclo, el esfuerzo inversor -la ratio de inversi�n sobre PIB- fue elevado y se situ� en torno al 25,5% del PIB. La construcci�n de vivienda y, en menor medida, de infraestructuras representaban conjuntamente cerca del 60% del total. En relaci�n con su composici�n -construcci�n, maquinaria y conocimiento- la inversi�n en maquinaria y en conocimiento supon�an el 34% y el 8% del esfuerzo, respectivamente. Crecer era construir.
A partir de los 80, el guion cambi�. La entrada en Europa y la reconversi�n industrial catalizaron el proceso de modernizaci�n de la econom�a espa�ola. Entre 1980 y 1999 se redujo la inversi�n en vivienda y, con ello, el esfuerzo inversor, que pas� a situarse en torno al 23% del PIB. Sin embargo, el peso de la construcci�n se mantuvo en el entorno del 60%, compensado por la modernizaci�n de las infraestructuras. En paralelo, empezaba a emerger una se�al de cambio: una parte de la inversi�n en maquinaria -alrededor de dos puntos porcentuales- empez� a desplazarse hacia activos intangibles.
El tercer acto, entre 1999 y 2018, consolid� el esfuerzo inversor en torno al 23% del PIB, pero alter� su composici�n. La entrada en el euro, los bajos tipos de inter�s y la abundancia de cr�dito impulsaron un intenso ciclo inmobiliario que elev� la inversi�n en vivienda, seguido de un prolongado ajuste en inversi�n p�blica. Aun as�, el peso de la construcci�n se mantuvo en torno al 60%, mientras la inversi�n en conocimiento continu� ganando terreno hasta alcanzar el 14%, en detrimento de la maquinaria.
A partir de 2018 se inicia el actual ciclo inversor, que marca un punto de inflexi�n. En primer lugar, el esfuerzo inversor se reduce de forma significativa hasta situarse en torno al 20% del PIB. En segundo lugar, cambia su composici�n: la inversi�n en conocimiento se aproxima ya al 25% del total, mientras que la construcci�n -vivienda e infraestructuras- reduce su peso hasta el 50%. En resumen, el nuevo ciclo reduce el volumen de inversi�n y lo redistribuye de forma que el ladrillo pierde peso en beneficio del conocimiento. Parad�jicamente, este nuevo patr�n inversor, m�s cercano al modelo europeo, no parece haber impulsado de forma diferencial la convergencia real con la UE. Entre 2018 y 2025, el PIB per c�pita relativo de Espa�a apenas ha pasado del 91,2% al 91,3% del promedio de la UE. El problema, por tanto, no era el ladrillo, as� que conviene analizar por qu� no es oro todo lo que reluce.
En este sentido, el nuevo patr�n inversor convive con un saldo superavitario por cuenta corriente, incluso durante la actual fase expansiva. Esto implica que la econom�a espa�ola ahorra m�s de lo que invierte. Detr�s de esta anomal�a hay un diagn�stico inc�modo: sobran recursos financieros y faltan proyectos suficientemente rentables. En otras palabras, existe un problema de emparejamiento o matching entre el ahorro disponible y las oportunidades de inversi�n. Para resolver ese problema de matching se requiere enfrentar un doble reto.
El primer reto es de capital humano. La inversi�n en activos intangibles -I+D+i, software, equipos TIC o propiedad intelectual- solo genera valor si existen trabajadores capaces de aprovecharlos, una idea ya subrayada por Lucas (1990). Sin embargo, el mercado laboral espa�ol sigue mostrando dificultades para cubrir posiciones de alta cualificaci�n. El riesgo es evidente: aumentar la inversi�n en intangibles sin mejorar las capacidades de la fuerza laboral puede traducirse en rendimientos decrecientes. Por el contrario, alinear el capital humano con el nuevo patr�n inversor elevar�a la productividad y aumentar�a la rentabilidad de los proyectos.
El segundo reto es financiero. Por un lado, el sistema bancario espa�ol ha venido especializ�ndose con reconocido �xito en la financiaci�n de inversi�n en activos reales, como viviendas o infraestructuras. Sin embargo, la financiaci�n de activos intangibles plantea nuevos retos: son m�s dif�ciles de valorar, ofrecen menos garant�as y requieren asumir m�s riesgo. Por otro lado, la regulaci�n bancaria actual descansa en la garant�a real. Todo ello, dificulta la financiaci�n de intangibles, justo cuando m�s relevante se vuelve. Para superar este obst�culo, ser� necesario desarrollar instrumentos que permitan gestionar mejor el riesgo, como avales p�blicos o sistemas de ratings independientes que faciliten la canalizaci�n del ahorro hacia este tipo de inversiones.
El paso del ladrillo al conocimiento marca una transformaci�n relevante, pero modificar el patr�n inversor por s� solo, no garantiza un cambio de modelo con mejores resultados. El �xito depender� de la capacidad para adaptar nuestras instituciones, nuestro capital humano y nuestro sistema financiero al nuevo patr�n inversor. Sin ese paso adicional, corremos el riesgo de quedarnos a medio camino. Porque el problema nunca fue solo el ladrillo, sino las limitaciones de la econom�a para transformar la inversi�n en productividad, rentabilidad y crecimiento.
*Victor Aus�n es t�cnico comercial y economista del Estado y profesor del IE.
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