




















La fotograf�a agregada de la tasa de actividad en mercado laboral espa�ol lleva una d�cada casi inm�vil. La tasa de actividad, que mide la proporci�n de la poblaci�n en edad de trabajar que participa en el mercado laboral, ya sea como ocupado o en b�squeda activa de empleo, se situ� en el 59,29% en el primer trimestre de 2016. Diez a�os despu�s, en el primer trimestre de 2026, ha cerrado en el 58,86%, una variaci�n de apenas cuatro d�cimas en un periodo que ha encadenado una pandemia, una crisis energ�tica, una reforma laboral y dos reformas del sistema de pensiones. Esto es especialmente extra�o teniendo en cuenta las transformaciones sociales que est� experimentando la sociedad espa�ola en general, y el mercado de trabajo en particular, muy influidas por el proceso de envejecimiento que sufre Espa�a.
Esa aparente estabilidad, sin embargo, oculta dos fuerzas fruto de cambios estructurales del mercado laboral que presionan el dato agregado en direcciones opuestas, casi anul�ndose entre s�. Un an�lisis del Banco de Espa�a firmado por Pilar Cuadrado, Alejandro Fern�ndez Cerezo, Jos� Manuel Montero y Francisco Jos� Rodr�guez, cuantifica una de las dos grandes fuerzas en juego, el efecto composici�n derivado del envejecimiento demogr�fico, que ha venido tirando de la tasa agregada a la baja en la �ltima d�cada. El ejercicio del Banco de Espa�a construye una senda contrafactual de la tasa de actividad, manteniendo la estructura de la poblaci�n por grupos de edad de 2012 y aplicando las tasas observadas para cada cohorte.
La conclusi�n es contundente, sin el envejecimiento poblacional registrado en los �ltimos diez a�os, la tasa de actividad habr�a sido 3,4 puntos porcentuales superior a la observada en 2023, es decir, del 62,1% en lugar del 58,7%. Eso equivale a cerca de 790.000 activos potenciales adicionales solo por efecto demogr�fico. Ahora bien, si el dato observado de tasa media de actividad ha permanecido pr�cticamente sin cambios en los �ltimos a�os �Qu� otros factores est�n presionando en el sentido opuesto para equilibrar la balanza?
Antes de responder a la pregunta, es necesario apuntar a que este "peaje" del envejecimiento sobre el mercado laboral no se reparte de manera uniforme por el territorio. Las comunidades del norte de Espa�a, que han registrado los mayores aumentos en el peso de las cohortes mayores de 65 a�os, son las m�s castigadas en t�rminos de oferta laboral. Cantabria, Asturias y Pa�s Vasco encabezan el ranking con ca�das atribuibles al envejecimiento del entorno de los 5 puntos porcentuales en la �ltima d�cada. En el extremo opuesto, Baleares, Castilla-La Mancha y Extremadura escapan con ca�das m�s moderadas, en torno a los 2,5 puntos.
El mismo informe del Banco de Espa�a documenta que la inmigraci�n ha ejercido de amortiguador en casi todas las regiones, dado que la poblaci�n extranjera presenta tasas de participaci�n laboral m�s elevadas y una estructura por edades m�s joven. Si se considera �nicamente la poblaci�n nacional, el efecto del envejecimiento ser�a 0,8 puntos mayor a escala estatal. Madrid, Catalu�a y Baleares, los territorios con mayores entradas relativas de inmigrantes, son los que m�s se han beneficiado de ese efecto compensador.
Pero el efecto composici�n por edades, derivado del puro envejecimiento poblacional, es solo la mitad de la historia. La otra mitad, y la que m�s sorprende al inspeccionar los datos de la EPA con detalle, es lo que ha hecho cada cohorte por su cuenta entre 2016 y 2026, decidiendo participar m�s o menos en el mercado laboral con la edad. Ah� la fotograf�a cambia por completo, los grupos de edad no solo no se mueven a la vez, sino que avanzan en direcciones opuestas con una intensidad notable.
Esta tendencia es especialmente n�tida entre las cohortes m�s envejecidas. Concretamente, la tasa de actividad del grupo de 60 a 64 a�os ha subido 16,7 puntos porcentuales en estos diez a�os, al pasar del 43,9% al 60,6%. La del grupo de 65 a 69 a�os ha pasado del 5,2% al 14,5%, casi triplic�ndose. Los de 55 a 59 a�os suman 6,6 puntos adicionales de participaci�n y los de 50 a 54 a�os otros 5,4 puntos. Es una ampliaci�n clara y sostenida de la vida laboral en la cohorte que se aproxima o accede a la edad legal de jubilaci�n, y muy probablemente est� vinculada con los cambios normativos implementados desde 2019 en materia de pensiones para penalizar las jubilaciones m�s tempranas, que han logrado impulsar la edad efectiva de jubilaci�n por primera vez a los 65 a�os.
Sin embargo, los grupos centrales de la vida laboral, los que tienen entre 25 y 39 a�os, han reducido su tasa de actividad entre 1,4 y 2,1 puntos porcentuales en el mismo periodo. No es una variaci�n menor, dado que son las edades de m�xima participaci�n y, por tanto, las que m�s tiran del agregado. Detr�s de esta ca�da se intuyen la prolongaci�n de los estudios superiores, a los que ahora accede un porcentaje creciente de los j�venes, la incorporaci�n tard�a al mercado laboral y los cambios en la composici�n educativa de cohortes que en t�rminos absolutos son cada vez menos numerosas. Los j�venes de 16 a 24 a�os, por su parte, apenas se mueven.
La pregunta natural, mirando hacia adelante, es si esta delicada compensaci�n entre fuerzas opuestas puede mantenerse en el futuro. El propio Banco de Espa�a, en el mismo informe, anticipa que es improbable. De acuerdo con las proyecciones demogr�ficas m�s recientes del INE, la tasa de actividad podr�a caer 2,8 puntos adicionales hasta 2030, incluso suponiendo que las tasas de participaci�n por grupo de edad se mantengan en sus niveles actuales. Si los flujos migratorios resultaran menores que los previstos por el INE, como contemplan los escenarios de AIReF, la ca�da podr�a aproximarse a los 3,7 puntos. Dado que el efecto de las reformas del sistema de pensiones est� ya plenamente implementados, es improbable pensar que el canal de extensi�n de la vida laboral pueda continuar compensando, en media, el efecto negativo del envejecimiento.
Adem�s, este impacto negativo no ser� territorialmente homog�neo. Las regiones m�s envejecidas, que tienden presentar un menor PIB per c�pita y menor capacidad de atracci�n de inmigrantes, se enfrentan a ca�das proyectadas de la tasa de actividad de entre 3,5 y 4 puntos. El envejecimiento amenaza, por tanto, con ensanchar la brecha territorial por una v�a adicional a la productividad, m�s asociado al margen extensivo. Sin s�niors dispuestos a alargar m�s su vida laboral y sin inmigraci�n suficiente para repoblar la edad central, la l�nea casi plana de los �ltimos diez a�os se convertir� pronto en una pendiente descendente
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