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Desde diciembre, al menos 20 drones rusos han sido abatidos en Ucrania. No por las Fuerzas Armadas de ese país, sino por 37 empresas privadas, nacionales y extranjeras. Kiev se puso así en vanguardia de la Defensa como Servicio (DaaS por sus siglas en inglés), que también está siendo aplicado por las potencias anglosajonas, Reino Unido, EEUU y Australia, que siempre son mucho más abiertas que otros países occidentales a la gestión privada de su aparato estatal -incluyendo la defensa nacional-. El DaaS funciona como una contrata más: el Estado licita una actividad y las empresas presentan sus ofertas. Puede haber incentivos por cumplimiento de objetivos y, también, penalizaciones. Sus defensores arguyen que, con el cambio tecnológico y el coste de la defensa, es la única forma de seguridad viable en el siglo XXI. Para sus detractores, no es más que una forma sofisticada de usar mercenarios, que, además, pueden estar al servicio de países rivales.
Cuando EEUU creó su Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, por sus siglas en inglés) en 1975, fue una iniciativa de esas que ratifican que un país es y quiere seguro siendo una superpotencia. EEUU lograba así una mínima autonomía energética en caso de crisis en Oriente Medio. Pero, desde entonces, la SPR ha sido usada por los inquilinos de la Casa Blanca -y especialmente por Joe Biden- para frenar la inflación y tratar de ser reelegidos. Encima, Donald Trump agravó el problema con su decisión de no comprar petróleo para rellenar las cuevas subterráneas en las que este se encuentra almacenado, en parte por un sentimiento de complacencia debido al espectacular incremento de la producción de petróleo en EEUU en las últimas dos décadas. Consecuencia: EEUU fue a la guerra contra Irán con la SPR bajo mínimos, y ahora esta se encuentra en su menor nivel en más de 40 años. Las iniciativas estratégicas deben ser mantenidas al margen de la política.

En el 1700 -siete años antes de unirse con Inglaterra y formar el Reino Unido-, Escocia se endeudó por última vez. Desde entonces, no existe deuda escocesa, sino, tan solo británica. Pero ahora el Parlamento escocés ha aprobado una ley para la emisión de deuda por ese territorio. Será una cantidad de apenas 1.700 millones de libras esterlinas en cinco años, ya que la legislación británica limita mucho la capacidad de endeudamiento escocesa. Pero la cuestión financiera es lo de menos. De lo que se trata es de demostrar que Escocia emite su propia deuda y que, además, utiliza esos ingresos para construir infraestructuras, que es algo que el electrodo siempre agradece. La operación, sin embargo, puede salir mal si los mercados financieros no se fían del bono escocés y hacen que cotice a unos tipos muchos más altos que el británico, que guste o no los independentistas, es el que van a usar como referencia los inversores que compren los nuevos títulos.

La Tercera Guerra del Golfo, como algunos ya la llaman, tiene un vencedor inesperado: Pakistán. Ese país, que vive en un estado permanente de crisis económica, ha consolidado su posición como una de las pocas (¿la única?) nación del mundo capaz de llevarse simultáneamente bien con Irán, Arabia Saudí, China y EEUU. El probable levantamiento de sanciones de Washington a Teherán puede facilitar su compra de petróleo iraní. Arabia Saudí parece dispuesta a seguir sosteniendo su economía, en parte como agradecimiento por las fuerzas pakistaníes enviadas a ese país para defenderlo de los bombardeos iraníes. Aparte, la simpatía de EEUU puede tener consecuencias muy favorables en el FMI, que ha sostenido la economía pakistaní en múltiples ocasiones. La única pérdida para Islamabad es la de Emiratos Árabes Unidos, que le ha retirado su apoyo financiero por su cercanía a Teherán. Pero las ganancias parecen compensarlo con creces.
La china DeepSeek, que es la mayor empresa de Inteligencia Artificial (IA) del mundo fuera de EEUU, ha cerrado esta semana una ronda de financiación que le da un valor superior a los 50.000 millones de dólares (43.000 millones de euros). Si se compara con el casi billón de dólares de Anthropic y OpenAI, es una cifra ridícula, que no se debe solo a las características de la empresa, sino, también, al marco regulatorio. Un ejemplo: en esta ronda de financiación, los inversores no han comprado acciones de DeepSeek, sino de un vehículo financiero que invierte en la empresa, con lo que, en realidad, no tienen participación en el capital de esta. La modesta capacidad del gigante chino para captar financiación privada conlleva también una enseñanza para todo Occidente: si el Estado interviene de forma arbitraria en el sector de la IA, como en Estados Unidos, o con regulaciones muy estrictas, como en Europa, existe el riesgo muy real de que el capital acabe yéndose a otra parte.

Durante la II Guerra Mundial, la ciudad de Detroit, en EEUU, adquirió el sobrenombre de Arsenal de la Democracia. Los grandes fabricantes automovilísticos transformaron su producción de vehículos civiles en militares, y abastecieron a las fuerzas armadas en su lucha contra Alemania y Japón. El mayor de ellos, General Motors, mantuvo una importante presencia en el mercado militar excepto en el periodo 2003 a 2017. Pero ahora, con la nueva Guerra Fría que vivimos, el mayor fabricante de EEUU negocia colaborar con la empresa de defensa más grande del mundo, especializada en cosas tan apabullantes como el cazabombardero F-35: Lokheed Martin. Aunque no se plantea hacer misiles, su rival Ford está negociando con Washington y también con varias capitales europeas, adapta-ciones militares de sus vehículos. Hay que tener en cuenta que tanto GM como Ford solo fabrican en EEUU SUVs, unos mamotretos que, con un poco de tuneo, sirven para una película de Mad Max.
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