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Macroeconomía

España es el país de la UE en el que menos ha crecido la tasa de actividad desde 2015, con la de los extranjeros en mínimos históricos Sólo un cuarto de la subida del gasto público en la útima década se ha destinado a la inversión, la mitad que en la UE Miguel Ángel Vázquez (Consejo de Economistas): "Las personas que no llegan a fin de mes perciben más esa sensación de infierno fiscal" El precio de los alimentos frescos se disparará un 7% a partir del verano por la guerra en Irán, según advierte Funcas El r�cord de mujeres trabajando oculta una brecha en calidad del empleo: s�lo son el 39% de los indefinidos a tiempo completo España crea 224.000 empleos en abril y supera por primera vez los 22 millones de afiliados por el tirón de la hostelería El Gobierno promete a Bruselas que reducirá beneficios fiscales en este trimestre para aumentar los ingresos en 1.600 millones La riqueza de los hogares españoles se recupera, pero el menor peso de la vivienda dispara la desigualdad La OPEP+ aumentará en 188.000 barriles diarios la producción de crudo a partir de junio tras la salida de Emiratos El varapalo de Trump al Gobierno en el G20: EEUU borra también a Carlos Cuerpo de "la cumbre de ministros para el crecimiento" El precio de cuadrar las cuentas La economía estornuda Día 1 de Mercosur: el campo se divide y pone sus esperanzas en el TJUE para cambiar el acuerdo Bernd Lange (Comisión de Comercio Internacional de la Eurocámara): "Realmente dependemos del comercio externo: Europa se juega un 50,4% de su PIB" Antonio Pérez (Fetico): "La gente con propósito no se mete en un sindicato. Lo ve como algo conflictivo, de gente que vive bien, por eso los llaman comegambas" Las exportaciones de bienes sufren la mayor ca�da en cinco a�os y la inversi�n se desinfla ante la incertidumbre Los sindicatos tradicionales toman una posición defensiva ante la revolución de la IA, "el nuevo capataz del siglo XXI" La econom�a espa�ola se frena menos de lo esperado en el primer trimestre y crece un 0,6%, dos d�cimas menos La UE calcula la inflaci�n de una forma distinta al INE y le sale que en abril en Espa�a ha subido hasta el 3,5% El Gobierno alemán fija su marco presupuestario hasta 2030 con más deuda y presión sobre el Estado del bienestar Los trabajadores que cobran el sueldo medio han pagado 821 euros extra desde 2022 porque el IRPF no se ha deflactado La guerra en Ir�n encarece en m�s de 27.000 millones de euros la importaci�n de combustibles y Europa advierte: "Las consecuencias podr�an prolongarse meses o incluso a�os" La escalada de precios por la guerra en Ir�n se modera al 3,2% en abril, dos d�cimas menos Los datos de empleo anticipan un enfriamiento econ�mico: la AIReF baja su previsi�n de crecimiento al 0,3% para el primer trimestre Alemania anuncia un brusco recorte de su Estado del bienestar: 40.000 millones menos para sanidad y prestaciones para pagar el d�ficit y la defensa El Parlamento Europeo logra la postura com�n sobre los presupuestos de la Comisi�n para 2028 y 2034 y encamina las negociaciones finales con los Estados miembros La tasa de paro sube al 10,8% en el primer trimestre del a�o tras perderse 170.300 ocupados Los inmigrantes de fuera de la UE pagan menos IVA que los espa�oles y no compensan el impacto del envejecimiento Espa�a se desmarca de (lo bueno) de los PIGS: reduce su deuda p�blica s�lo un punto en un a�o mientras Grecia la baja 8 puntos, Irlanda, 5,4 y Portugal, 3,8 El Departamento de Justicia de Trump cierra la investigaci�n criminal contra Jerome Powell para desbloquear el nombramiento de su sucesor
Reducir el déficit sin frenar la inversión pública
José Aymá · 2026-04-12 · via Macroeconomía

España, como otros países europeos, se enfrenta al reto de atender necesidades de gasto crecientes sin renunciar a la estabilidad presupuestaria y debilitar el crecimiento potencial. Un desafío en el que la inversión pública ocupa un lugar especial: es una de las partidas con un notable impacto sobre la capacidad productiva futura, pero también una de las más expuestas cuando llega la consolidación fiscal. La cuestión no es menor. En una economía como la española, que aspira a sostener mejoras de productividad y converger en renta per cápita con Europa, el diseño del ajuste fiscal puede marcar la diferencia entre una corrección ordenada y otra que, sin pretenderlo, deje un legado de menor crecimiento.

Aunque la inversión pública (es decir, la formación bruta de capital fijo de las Administraciones Públicas) no captura toda la inversión en infraestructuras (parte se ejecuta vía empresas públicas o concesiones), es un indicador clave para medir la actividad inversora del sector público. El motivo de fondo por el que importa es sencillo: el capital público (infraestructuras de transporte, redes, equipamientos) actúa como un factor de producción que aumenta la productividad del capital privado, del trabajo y del capital tecnológico.

Ahora bien, la evidencia y la experiencia apuntan a que tan importante como cuánto se invierte es la manera en que se invierte. La selección de proyectos, la calidad de la ejecución y el mantenimiento determinan si esa inversión alivia cuellos de botella y genera productividad o, por el contrario, termina teniendo un coste de oportunidad elevado. En términos económicos, no toda inversión es igualmente productiva y la eficiencia es la condición para que se traduzca en crecimiento.

Si miramos la evolución de la inversión pública en España en las dos últimas décadas, presenta tres fases. La primera es el período de fuerte inversión previo a la Gran Recesión. La segunda arranca con la crisis financiera, se intensifica con la crisis de deuda soberana y deja una caída pronunciada y persistente. La tercera es el repunte gradual de los últimos años, apoyado por los fondos Next Generation EU (NGEU), aunque sin recuperar plenamente los niveles anteriores.

El punto de inflexión tras la crisis es especialmente relevante. La inversión pública cayó con intensidad y durante un período prolongado, hasta situarse cerca de mínimos relativos en comparación con la UE. Además, en varios años la inversión neta (la que queda tras descontar la depreciación del capital) fue nula, lo que equivale a decir que el sector público apenas compensaba el desgaste del stock de infraestructuras.

Esta distinción entre inversión bruta y neta ayuda a entender por qué la inversión pública es tan sensible en un contexto de consolidación fiscal. Reducir la inversión puede mejorar el saldo presupuestario en el corto plazo, pero si se hace en exceso durante demasiado tiempo, el efecto se acumula y se manifiesta en menor calidad del capital público, más costes de mantenimiento y menor capacidad productiva.

El análisis comparativo con la UE aporta otra visión importante. Incluso sin entrar en debates sobre cuál es el nivel correcto de inversión pública, la comparación sugiere que España ha estado durante años en el tramo inferior de la UE, lo que supone un riesgo para sostener crecimiento y convergencia en renta y productividad. Este punto es especialmente relevante porque la convergencia no depende solo de acumular capital público, sino de hacerlo de forma que complemente la inversión privada y facilite cambios estructurales. La transición energética y digital, por ejemplo, requiere redes, capacidad logística, infraestructuras energéticas y adaptación de equipamientos públicos. Si la inversión se retrasa, parte del ajuste termina produciéndose por la vía de mayores costes y menor inversión privada y competitividad.

Una de las claves del debate fiscal en España en los últimos años es la composición del gasto. La evidencia muestra que, entre 2007 y 2025, el gasto público corriente per cápita ha crecido muy por encima del PIB per cápita, mientras que la inversión pública se ha desplomado respecto a sus niveles previos. Esta divergencia no se explica por un único factor: influyen el envejecimiento, las preferencias sociales, la mayor demanda social de servicios públicos, el aumento de costes en sanidad y dependencia, y la respuesta a crisis consecutivas. Pero desde el punto de vista macroeconómico, el patrón tiene implicaciones claras: cuando el peso del gasto corriente crece de forma persistente, el margen para inversión suele comprimirse, especialmente si la recaudación no crece al mismo ritmo o si las reglas fiscales exigen reducir el déficit.

Consolidar fiscalmente en este entorno implica un dilema más exigente: el ajuste, si llega, debe decidir qué partidas proteger y cuáles priorizar. En ese sentido, una de las recomendaciones recurrentes es reorientar, en la medida de lo posible, el margen fiscal hacia un gasto más productivo (infraestructuras, capital humano, digitalización) y mejorar la eficiencia del gasto. La llegada de los fondos NGEU introdujo un apoyo importante, pero no eliminó el problema de fondo. La inversión pública ha aumentado ligeramente, aunque la lectura agregada sugiere que el impulso es insuficiente para cerrar de forma rápida la brecha acumulada. En particular, la inversión pública por persona ocupada seguía en 2025 por debajo de su referencia de 2003. Además, el NGEU plantea un reto temporal: si una parte relevante del impulso inversor depende de un programa con horizonte finito, existe el riesgo de un efecto "escalón" cuando finalice. La cuestión es si sirve de puente hacia una senda de inversión pública sostenible, con capacidad de ejecución y proyectos bien seleccionados

El reto por delante implica un conjunto de objetivos que abarcan volumen, eficiencia y capacidad institucional. El primero es la planificación y evaluación. Asegurar que los proyectos respondan a prioridades de largo plazo y se sometan a análisis rigurosos, con evaluación ex ante y ex post, ayuda a maximizar el retorno social de cada euro invertido.

El segundo es el diseño institucional y los incentivos. La gobernanza, la transparencia y la rendición de cuentas son relevantes no únicamente por razones de control, sino porque influyen en la selección de proyectos y en la ejecución. La capacidad de gestión y de absorción (desde licitaciones hasta supervisión) condiciona que el alza de recursos se traduzca en inversión efectiva y no en retrasos.

El tercero es el mantenimiento y la modernización. En infraestructuras, mantener es invertir: evita la depreciación acelerada y reduce costes futuros. Además, la modernización vinculada a la transición energética y digital permite que el capital público sea compatible con nuevas necesidades productivas y con la inversión privada complementaria.

Estos objetivos comparten una conclusión: sin eficiencia y buena selección de proyectos, más inversión pública no se traduce necesariamente en más productividad. La consolidación fiscal es, por definición, un ejercicio de priorización. En un contexto de presiones estructurales sobre el gasto corriente, el riesgo de infrainversión pública aumenta porque la inversión es una partida ajustable a corto plazo. Sin embargo, la experiencia de las dos últimas décadas sugiere que un ajuste prolongado tiene efectos persistentes sobre el crecimiento potencial. Por eso, es necesario proteger la inversión pública productiva, mejorar su eficiencia y asegurar que los impulsos extraordinarios (como el NGEU) pasan a ser una estrategia sostenida. Esa combinación permite consolidar hoy sin comprometer el crecimiento de mañana.

*Rafael Doménech es catedrático de la Universidad de Valencia y responsable de análisis económico de BBVA Research.