La belleza de este lugar lo ha convertido en escenario de varias producciones audiovisuales

El pueblo marinero de GaliciaYoutube
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En la costa gallega todavía existen rincones capaces de sorprender incluso a quienes creen conocer bien el norte de España. Uno de ellos se encuentra en la provincia de La Coruña, a pocos kilómetros de Ferrol. Se trata de un pueblo pequeño, tranquilo y con un encanto difícil de igualar. Su belleza ha conquistado incluso al cine y la televisión.
El lugar del que hablamos es Redes. Pertenece a la parroquia de Camouco, en el municipio de Ares, y tiene apenas 200 habitantes. Conserva intacta la esencia de los antiguos pueblos marineros de Galicia. Sus estrechas y empedradas calles desembocan en el puerto, donde embarcaciones tradicionales descansan en las aguas de la ría de Ares.
El pueblo marinero de Galicia con casas indianas y paisajes de cine
El nombre de este lugar no es casualidad. Hace referencia a las redes de pesca que se cuelgan a secar en las estacas de madera del puerto, creando una estampa muy llamativa. Otra de sus señas de identidad son las casas indianas. Como detallan en el portal Turismo de Galicia, son "construcciones muy coloreadas y bien conservadas de estilo modernista".
Estas viviendas fueron construidas por emigrantes gallegos que regresaron de América entre finales del siglo XIX y principios del XX. De clara inspiración cubana, destacan por sus galerías acristaladas, colores vivos y detalles arquitectónicos elegantes.
La belleza del entorno ha convertido además al pueblo en escenario de varias producciones audiovisuales. Aquí se han rodado películas como Julieta (2016) de Pedro Almodóvar o la serie Padre Casares (2008-2015) de TVG.
En pleno centro de Redes se encuentra la playa de Area Morta, que llama la atención por sus aguas turquesas. Otras alternativas cercanas son la playa de Coído y la de Sandeo.
Redes es un destino ideal para el verano
Lejos del turismo masificado de otros destinos costeros, Redes mantiene un ambiente pausado y familiar que conquista a quienes buscan tranquilidad. En verano, las terrazas junto al puerto se llenan de visitantes que aprovechan para degustar marisco fresco, pescados de la ría y algunos de los platos más típicos de la gastronomía gallega.
El pueblo también es perfecto para recorrerlo sin prisas. Sus dimensiones reducidas permiten explorarlo caminando mientras se disfruta de las vistas, de las barcas balanceándose en el puerto y del sonido del mar acompañando cada paseo. Además, su ubicación resulta estratégica para descubrir otros rincones de las Rías Altas y combinar naturaleza, patrimonio y playas.






















