El popular negocio de Yeli Andrade y Andrés Guerrero deja atrás su pequeño local de Alfonso Molina y abre ahora en el número 16 de Fernández Latorre con más espacio, nueva bollería artesana y capacidad para ampliar producción

Las nuevas piezas de bollería que han añadido a la carta.Cedida
Actualizado
Hay sitios que se hacen famosos porque aparecen en una guía. Otros porque resulta imposible escapar de sus vídeos constantes en redes sociales. Y luego están los que crecen a otro ritmo, más lento y más difícil de fabricar. A golpe de recomendaciones, de clientes que vuelven y de conversaciones repetidas entre amigos. "¿Probaste ya las trenzas?", "vete temprano porque vuelan", "pide café y quédate un rato". Así fue creciendo Doña Bárbara en A Coruña, casi sin hacer ruido y con gente entrando y saliendo a todas horas.
Durante mucho tiempo, el pequeño local de Alfonso Molina donde Yeli Andrade y Andrés Guerrero levantaron el proyecto convivió con colas a primera hora de la mañana y clientes acercándose directamente a la vitrina para comprobar si todavía quedaba alguna de aquellas trenzas de canela que han terminado convirtiéndose en uno de los dulces más buscados de la ciudad.
Ahora, después de casi cinco años funcionando en apenas 25 metros cuadrados, el negocio acaba de mudarse al número 16 de Fernández Latorre, donde han abierto Doña Bárbara El Obrador, un espacio más amplio desde el que buscan aumentar la producción, incorporar nuevas piezas de bollería y dar forma a una etapa que llevaba tiempo reclamando más sitio sin perder la esencia con la que empezó todo.
"La gente se asustó un poco al principio porque no habíamos avisado con suficiente tiempo, pero entre todo el papeleo tampoco sabíamos exactamente cuándo iba a ser la mudanza", bromean. Aun así, los clientes terminaron encontrando rápido el nuevo local, guiados casi por el mismo aroma a mantequilla y café recién hecho que los acompañó desde sus primeros días.
Un éxito que fue creciendo alrededor del horno
La mudanza llevaba casi dos años preparándose, justo cuando empezaron a darse cuenta de que el proyecto estaba creciendo mucho más rápido de lo que habían imaginado. Lo que había nacido alrededor del café fue desplazándose poco a poco hacia el obrador, hasta el punto de que ya necesitaban nueva maquinaria y más capacidad para seguir desarrollando elaboraciones propias. "Al principio éramos mucho más cafetería, pero empezamos a hacer dulces caseros para acompañar el café y tuvieron tanto éxito que llegó un momento en el que ya no podíamos seguir avanzando allí", recuerdan.
Las famosas trenzas de canela aparecieron, además, casi por accidente. "Encontré una receta por internet y empecé a hacer pruebas. Vimos que gustaban muchísimo y poco a poco fui mejorándola", explica Andrade. Lo que empezó como una prueba terminó convirtiéndose en el gran símbolo de la casa.

Las nuevas piezas de bollería que han añadido a la carta.Cedida
El nuevo obrador les permite ahora ampliar la oferta y jugar con elaboraciones que llevaban tiempo imaginando. Croissants, napolitanas de chocolate, piezas saladas y nuevas masas laminadas empiezan ya a convivir con los clásicos que hicieron conocido el negocio. "Poco a poco iremos ampliando también la carta", señala.
El crecimiento también se nota puertas adentro. Durante mucho tiempo el proyecto funcionó prácticamente solo con ellos dos al frente, pero el aumento de la producción y el nuevo espacio han obligado a ampliar el equipo. "Queremos hacerlo bien y despacio. Mantener la calidad y la hospitalidad sigue siendo lo más importante para nosotros", resume Guerrero.
La historia detrás del nombre
La historia personal de ambos atraviesa además todo el proyecto. Los dos son venezolanos e hijos de emigrantes gallegos y portugueses. Llegaron juntos a Galicia en 2015 y acabaron construyendo una cafetería inspirada precisamente en uno de sus planes favoritos antes siquiera de imaginar el negocio: sentarse tranquilamente a tomar un buen café acompañado de algo dulce.
"Era lo que más nos gustaba hacer en nuestro tiempo libre", recuerdan. A partir de ahí empezaron a formarse en el mundo del café de especialidad y entendieron rápidamente que necesitaban complementar la idea con bollería artesana hecha por ellos mismos.

Andrés prepara uno de los famosos cafés de especialidad.Cedida
Incluso el nombre funciona como una pequeña declaración de origen. Doña Bárbara está inspirado en la célebre novela de Rómulo Gallegos, una de las obras más importantes de la literatura venezolana. "Queríamos algo que tuviese significado para nosotros", resume Andrade.
Ahora el proyecto cambia de tamaño y amplía horizontes, pero hay una escena que sigue exactamente igual que al principio. Cada mañana vuelve a repetirse la misma pregunta frente a la vitrina: si todavía quedan trenzas.
























