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Hay sitios que convierten su gran jornada lingüística en un mero acto institucional y otros que todavía la viven como una discusión sobre sí mismos. Galicia pertenece claramente a los segundos. El 'Día das Letras Galegas' volvió ayer a transformar Santiago en el gran escaparate del debate alrededor de la lengua propia, de su futuro y de todo lo que todavía proyecta cultural y políticamente sobre la comunidad.
Este año además la figura elegida por la Real Academia Galega (RAG) ayudaba a cargar la jornada de un simbolismo especialmente reconocible dentro del ecosistema cultural progresista gallego. Begoña Caamaño (Vigo, 1964-Santiago de Compostela, 2014) fue mucho más que una novelista tardía o una periodista curtida en la Radio Gallega. Representó durante décadas una manera muy concreta de entender la cultura gallega desde el activismo lingüístico, el feminismo y el nacionalismo de izquierdas. Dejó huella tanto en el sindicalismo de los medios públicos, participando en el primer Congreso del Sindicato de Periodistas de Galicia y en el comité de empresa de la radio autonómica, como impulsando iniciativas como la Asociación de Mujeres Gallegas en la Comunicación (MUGACOM).
Apenas dejó dos novelas, Morgana en Esmelle y Circe ou o pracer do azul, pero ambas bastaron para convertirla en una referencia dentro de la reinterpretación feminista de los grandes mitos clásicos. Sus personajes femeninos hablaban desde un lugar distinto al habitual, menos ornamental y mucho más político. Fallecida repentinamente a los 50 años a causa de un cáncer, su nombre llevaba tiempo orbitando alrededor del consenso cultural progresista gallego hasta terminar cristalizando este año en el gran homenaje institucional de las Letras Galegas.
La escena compostelana conservó durante toda la mañana ese equilibrio tan característico entre solemnidad académica y movilización callejera. Dentro del Teatro Principal, las principales autoridades autonómicas asistían a la sesión extraordinaria de la Academia presidida por el jefe del Ejecutivo gallego, Alfonso Rueda. Fuera, miles de personas recorrían las calles convocadas por la plataforma 'Queremos Galego', entre gaitas, pancartas y consignas a favor del idioma. Y lo que arrancó como una celebración cultural terminó derivando, casi de forma inevitable, en una nueva discusión política alrededor de la enseñanza, la normalización lingüística y el modelo impulsado por la Xunta durante los últimos años.
Rueda intentó precisamente colocarse en el punto medio de esa conversación. El presidente gallego defendió durante su intervención un Pacto por la Lengua "realista y consensuado" y pidió apartar el debate lingüístico de la lógica de bloques que desde hace años domina buena parte de la política autonómica. "El gallego debe ser nuestra política de Estado, probablemente una de las más importantes", sostuvo antes de advertir de que resulta "tentador utilizarlo como herramienta política" y reivindicar que el idioma pertenece "a todos", "sin apriorismos, sin banderas y sin barreras".
El jefe del Ejecutivo autonómico evitó entrar en grandes batallas identitarias y prefirió centrar buena parte de su discurso en el progresivo desapego juvenil hacia la lengua propia, una preocupación compartida desde hace tiempo por lingüistas, profesores y expertos culturales. "Hace falta que los jóvenes finalicen sus estudios con plena competencia lingüística, pero hace falta también, incluso más, que esa plena competencia formal vaya acompañada de la querencia por el gallego", afirmó. Rueda insistió además en la necesidad de que las nuevas generaciones incorporen el idioma "en las redes, en su vida, cuando lean, cuando escriban, cuando se relacionen".
El dirigente popular trató así de proyectar una idea bastante concreta sobre el futuro del gallego. Menos imposición normativa y más prestigio social. "Hay que convencer; jamás imponer", resumió durante una intervención en la que también defendió que la Xunta debe apoyar siempre la lengua "desde la libertad".
La oposición, por su parte, leyó la jornada desde un prisma mucho más combativo. El secretario general del PSOE gallego, José Ramón Gómez Besteiro, reivindicó la dimensión crítica de Caamaño y reclamó unos medios públicos "independientes" en referencia a la trayectoria profesional de la homenajeada en la Radio Galega. Además, endureció el tono contra la Xunta al denunciar la escasa inversión autonómica en política lingüística frente a otras comunidades, asegurando que Galicia apenas destina 6 euros por habitante frente a los 35 de Cataluña y los 90 de Euskadi.
Todavía más dura apareció la portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, que acusó directamente al Partido Popular de impulsar desde hace años un deterioro deliberado del idioma. La dirigente nacionalista volvió a cargar contra el llamado "decreto de la vergüenza", en referencia la reforma lingüística aprobada durante la etapa de Alberto Núñez Feijóo que limitó la presencia del gallego en varias materias educativas, y sostuvo que el plurilingüismo defendido por la Xunta ha terminado favoreciendo "el monolingüismo en castellano".
La dirigente nacionalista llegó incluso a vincular esa crítica con la reciente moción de censura de Lugo, convertida durante las últimas semanas en uno de los grandes símbolos de la crispación política gallega. Según denunció, una de las primeras medidas del nuevo gobierno municipal encabezado por el PP fue eliminar programas de apoyo lingüístico al considerarlos "una carga". Frente a ello reclamó más inversión pública, una actualización de la Ley de Normalización Lingüística y la derogación del actual decreto educativo.
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