Empezó su carrera profesional en 1964, construyó auditorios, metros en Nápoles, casas que ganaron premios... Fundó la editorial que lleva su apellido, fue íntimo de Dalí, diseñó muebles clásicos y escribió libros. La película 'Dios lo ve' (disponible este otoño) retrata su vida y su mirada

Oscar Tusquets.

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- ¿Qué tal se cae a sí mismo en la película?
- Bueno: el que sale soy yo. Un poco disperso, divertido... La gente me dice que se divierte con la película y eso me encanta. Y, mire, soy muy respetuoso con los creadores.El documental tiene la suerte de que estoy vivo. Porque si fuera uno de esos homenajes póstumos en los que los amigos desfilan y hablan bien del muerto... Creo que nadie habla bien de mí en la película.
- También se le ve la parte de mala uva, de señor cabreado en una cola.
- La parte de viejo cascarrabias... Lluís Clotet lo dice: yo vengo asumiendo que me darán por saco. Pero mala uva no tengo. Tengo cierto carácter y me cuesta aceptar lo que no entiendo.
- ¿Se enfada con la arquitectura que no entiende, con la que le disgusta?
- Con Zaha Hadid y estas cosas... Sí, me cuesta. Yo me formé en una idea del respeto al cliente y a la función, en el interés por prever cómo envejecería el trabajo... Eso es lo que aprendí. La arquitectura que hoy es deslumbrante y un año después molesta... Yo no sé hacer eso, no me va. Me pasa igual con el arte abstracto.
- ¿Qué le pasa con el arte abstracto?
- Que me parece una cosa decorativa y no me dice nada. Hay una maravillosa entrevista a Francis Bacon. Dice: «Nada de lo que me interesa, ni la carne, ni el sexo, ni la muerte... Nada está en el arte abstracto». Lo firmo.
- En la película da vueltas por toda España: Mallorca, Madrid, Las Palmas, Sevilla... ¿Qué tal se ha llevado con España?
- España me gusta. No presumo por ahí pero me encanta. Me divierte muchísimo Madrid, me encanta Andalucía...El albero de este jardín vino de Sevilla.
- Y en 1964, en dictadura, ¿igual?
- Bueno, no era lo mismo, pero... Mire, en 1964 conocí a Antonio López. Como pretendo amigar con la gente que admiro, le pedí a Rafa Moneo que me lo presentara. Organizó una cena.
- Antonio López sí que tiene mala uva cuando aparece en la película.
- No sabe lo que es discutir con Antoñito. En la película discutimos un poco sobre Tiziano pero es que antes, salió en la conversación Giorgio Morandi, que nos gusta a los dos. Se me ocurrió decir que es muy bueno Morandi pero que no lo veo para una antológica en el Louvre... Antoñito me tuvo dos horas, dando leña. Menos mal que estábamos de acuerdo. Luego, tiene esa imagen de inocencia...
- Elija un momento en la historia para ser arquitecto y pintor.
- La Grecia de Pericles. Florencia y Roma en el Renacimiento, Viena en la Sezession... Para ser pintor no nací en una buena época.
- En la película hay un momento en el que ve un fresco antiguo y dice que el arte no ha progresado desde entonces. ¿Eso es fatalidad?
- Qué va. Pensar que una tesela griega es peor que un cuadro de Picasso es una horterada. La ciencia progresa, el arte no. Es lo que digo en esa escena en el Museo Arqueológico de Nápoles: me cago en la idea de que el arte progresa. El arte, si acaso, pasa por altos y bajos. Por ejemplo: de Pompeya a Masaccio todo es arte primitivo. Y es un bajón.
- El románico le encanta a la gente. Las iglesias en el Pirineo, el Naranco...
- Nada. La pintura no me interesa nada. La arquitectura, poco. Giotto tampoco. Con Dalí lo tenía habladísimo. Por favor, esos monigotes...
- La imagen de Dalí de su película sí es la de una persona ingenua.
- Eso es lo que dice Antonio López, que Dalí era un ingenuo al lado de Buñuel y los demás. Creo que utiliza la palabra inocente, no ingenuo... Le diré que Dalí fue el tío más inteligente y divertido al que he conocido. Divertirse era una obligación para él. Era fantástico. Y Antoñito habla muy bien de él como pintor, cosa de la que Dalí no era consciente. Dalí decía que lo peor que hacía era pintar.
- Vi la serie sobre Josep Lluís Núñez de TV3. Hacían guasa con los pisos de clase media que hizo en el Ensanche, pero los veía ahora, al venir en el taxi, y pensaba que ya quisiera yo uno.
- Trabajé siete años con Núñez y fue una equivocación. De dinero no me fue ni bien mal. Era difícil hacer dinero con Núñez... Ojo, construía bien. Por eso la gente compraba sus pisos. Y fue listo. Vio la oportunidad de coger los chaflanes del Ensanche y ponerlos en el mercado. Nadie supo hacer eso antes. La arquitectura no le interesaba pero dejó una obra que no era peor que la que se hacía. Bueno, era una cosa un poco pobre comparado con lo que había antes...
- Tiró arquitectura histórica buena, eso salía en la serie.
- No tiró tanta. Derribó una obra interesante modernista. Puede que quisiera tirar más cosas, pero no le dejaron. Núñez representó un momento, interpretó bien a su público... No sabía hacer casas para ricos. Yo le decía: «Josep Lluís, un armario de 1,50 no nos vale en un piso para ricos». A él le fue bien haciendo pisos de cuatro habitaciones mínimas y no se bajaba de ese burro. El trato era difícil, la verdad.
- ¿Por qué lo contrató?
- Un día, en el palco del Camp Nou, Maragall le dijo: «Núñez, ¿por qué haces edificios tan feos?» Le dolió. Núñez dijo: «¿Qué hago entonces? Le dieron la referencia de siete equipos. Estaba el mío. Me peleé con las normativas para hacer cosas para Núñez que parecían imposibles.La relación se degradó y llegó el momento en que no quisimos trabajar más con él. Luego, Núñez copió esos proyectos. Hay gente que cree que vive en una casa que proyecté yo pero no es verdad.
- Hábleme de la Sagrada Familia.
- En 1962 o 1963 colaboré en un manifiesto para que abandonaran las obras. Lo firmó todo dios. Todo dios incluye a Le Corbusier y Alvar Aalto... Al cabo de mil años, Soldevila, un colega muy bueno que hace arquitectura supertecnológica, me dijo: «Oscar, te equivocas. La Sagrada Familia es la mejor obra del siglo XX y quizá del XXI. Ven a verla». Fui y fue como San Pablo cayendo del caballo. ¿Cómo lo explico? Todos los detalles están mal pero la luz y el espacio son deslumbrantes. Publiqué un artículo para reconocer mi error y me llamó el arzobispo. Me regaló un vídeo de la misa del Papa en el templo. He vuelto varias veces. Jordi Bonet, que dirigía las obras, me decía: «Llevamos 100 años de construcción, trabajamos a 60 metros de altura. Y no hemos tenido ni un muerto». Y yo: «Qué bien, Jordi, qué suerte». Y él, algo ofendido, contestaba: «Suerte no, es un milagro». Si piensas así, ¿qué representa que el ayuntamiento de turno tarde con una licencia?
























