

























Si es usted visitante asiduo de librerías, ya sea para comprar o por simple merodeo, se habrá dado cuenta de que las estanterías se han llenado de libros con portadas cuquis en colores pastel desde hace unos meses. Un reverso a lo Mr. Wonderful de esas enigmáticas cubiertas de thrillers que poblaban la sección de narrativa años atrás. Falta hacía, todo sea dicho.
Se trata de la llamada literatura cozy o acogedora, una corriente que proviene de Japón y Corea del Sur y que TikTok ha elevado a categoría de tendencia global. Su creciente popularidad ha hecho que ahora ocupen baldas enteras con títulos de lo más sugerentes, como Café con aroma a calabaza, La casa de las tortitas de fresa o Una velada en la librería Morisaki. Libros que prometen una lectura ligera y reconfortante.
"Lo cozy es el refugio narrativo por antonomasia. El lector sabe exactamente lo que va a encontrar en el libro; de hecho, lo elige justamente por eso. Es una apuesta emocionalmente segura", afirma Isabel Sbert, directora literaria de Roca. Coincide con ella Marie Baviera, autora de Despiértame cuando llegue el otoño: "Son un lugar donde refugiarse del caos vital. Los empiezas con la certeza de que durante ese ratito de lectura podrás sumergirte en un ambiente amable y, cuando los terminas, parece hay más calma alrededor durante unos minutos".
El ascenso de la ficción cozy podría interpretarse como un antídoto frente a la crudeza del dark romance, un polémico subgénero que lleva años ganando terreno entre el público juvenil. "Se puede combinar perfectamente esta lectura con otra más gore, porque las lectoras de romántica, si en algo son expertas, es en conocer sus subgéneros y saber cómo combinarlos", matiza Rosa Samper, directora editorial de Montena.
Mientras que el dark romance juega con la violencia, las emociones extremas, los secretos inconfesables o las relaciones tormentosas, las novelas acogedoras buscan envolver al lector en una sensación de bienestar. Están diseñadas más para acompañar que para sacudir conciencias: personajes afables, escenarios idílicos, conflictos en los que nadie sale herido y la ambientación es una protagonista más del relato.
No es casual que muchos lectores comparen este fenómeno con las llamadas series comfort: ficciones televisivas que se vuelven una guarida emocional en momentos de estrés. Estas historias, tanto en la pequeña pantalla como sobre el papel, ofrecen una cápsula de tranquilidad en medio del ajetreo mundano y la tensión del día a día. Quien repite por enésima vez un episodio de Friends o de Las chicas Gilmore, sabe exactamente qué esperar.
Según la directora literaria de Roca, el factor nostalgia tiene mucho que ver en la fascinación de los milenials por este tipo de libros: "Los que crecimos con las grandes comedias románticas de los 90 y principios de los 2000 queremos consumir este tipo de ficción que tan felices nos hizo".
"La imagen que nos llega del mundo es a menudo apocalíptica: la vida es cada vez más desafiante, insegura y precaria. Hay una saturación constante de malas noticias y de amenazas en ciernes. Cuanto más hostil es el contexto, más apacible tiene que ser lo aspiracional", explica Sbert. "Lo cozy justamente te lleva a un mundo en el que todo es mucho más sencillo y esperanzador. Un mundo en el que uno puede relajarse, bajar la guardia y sentirse como en casa".
Baviera esbozó su primera novela precisamente tras sufrir la catástrofe de la Dana en Valencia, como parte de un proceso de reconstrucción emocional: "No siempre necesitamos historias donde la acción sea una constante, a veces solo nos hace falta desconectar y leer un libro que nos abrace. Yo intento transmitir esa calma conscientemente a través de las descripciones de los entornos, la luz, los sonidos o los olores. Y también mostrando la vida cotidiana de los personajes: desde un simple desayuno con la familia hasta el paseo de casa al instituto".

"Muchas lectoras me han contado que me han leído en medio de procesos delicados: duelos, crisis, enfermedades, en los hospitales mientras se sometían a tratamientos o acompañaban a alguien querido...", cuenta la escritora Cherry Chic. "Para mí es un orgullo que mis libros puedan ayudar a la gente de alguna manera en momentos difíciles".
Para rizar un poco más el rizo, dentro del auge cozy ha surgido una variante aún más marcada. Son los conocidos como seasonal books: literatura pensada para un consumo estrictamente estacional, como sucede, en muchos casos, con la decoración o la gastronomía. Lo curioso de este fenómeno es que la propia estación del año se convierte en un elemento narrativo.
Otoño e invierno son las favoritas: la caída de las hojas, la primera nevada, los festivales navideños... todo contribuye a la sensación de confort que buscan los lectores. "Yo nunca he sido de ponerme música de fondo mientras leo, pero desde que me he aficionado a las historias otoñales, suelo tener un vídeo con ruidos de chimenea en YouTube, por ambientar", confiesa Carmen Losa, creadora de contenido y lectora empedernida.
Las editoriales han detectado el filón y han sabido sacarle partido a esta nueva estrategia de marketing basada en la "calendarización" de contenidos. Desde sellos como Montena, diseñan portadas cuyos colores y elementos gráficos apelan directamente al imaginario estacional -como sucede con los pósteres de las películas- y lanzan nuevos títulos de romance o misterio con palabras clave justo antes de que empiece cada ciclo.
El objetivo ya no es solo vender, sino activar un ritual de lectura de manera casi automática. Cherry Chic, autora de Imperfectas Navidades o Cuatro destinos y una Nochebuena, considera que estos lanzamientos buscan crear "una experiencia más inmersiva para los lectores". Para Losa, la clave del éxito está en los tropos y en la iconografía, que bebe directamente de Pinterest: "Es lo que me impulsa a la hora de comprar. Si veo una patinadora sobre hielo en la portada, lo asocio inmediatamente al invierno. Y si me pones una piscina o un lago, pienso en las vacaciones de verano".
Así, las historias de inspiración navideña aguardan su momento mágico a mediados de noviembre, una vez se ha disipado el furor pre y post-Halloween. Son libros que "caducan"; rara vez se consumen fuera del trimestre marcado y su popularidad suele prolongarse lo que dura su estación. Las redes sociales los viralizan, las ventas suben en un pico muy concreto y luego desaparecen hasta el año siguiente.
"Quería leerme Imperfectas Navidades, pero el año pasado no me dio tiempo y se me pasó el plazo. Y claro, ahora hay que esperar", dice Losa, cuyo razonamiento es de lo más simple. "Al igual que no te compras una sandía en enero o un polvorón en agosto, no te lees un libro ambientado en la playa en plena Navidad. Podría hacerlo, sí, pero no lo disfrutaría tanto".
El riesgo es evidente: la aceleración del ritmo de publicaciones y la sensación de que estas novelas funcionan como productos de temporada, intercambiables y efímeros. Una práctica que replica la lógica de estrenos de las plataformas de streaming en estas mismas fechas. Échenle un vistazo al top 10 de películas más vistas en Netflix el primer día de Adviento, y lo entenderán.
Sin embargo, para Samper, estas dinámicas también espolean la creatividad de las escritoras: "Tienen que esforzarse mucho más para que se note su creatividad dentro de esas 'barreras' autoimpuestas, tienen que pelearse con el cliché y generar una conversación interesante con los lectores, que también conocen el arquetipo y están atentos a las nuevas maniobras".
Aquí entra, de nuevo, la cuestión de la estética. Instagram, TikTok o Pinterest son los principales motores de la literatura cozy. Tras millones de clips con mantitas, cafés humeantes y luces cálidas, existe una comunidad que comparte listas de recomendaciones y retos de lectura a diario.
"Uso Pinterest como herramienta de trabajo desde hace años, pero antes de eso me bastaba con sentarme en una estación o aeropuerto y observar a las personas", cuenta Cherry Chic. "Obviamente, las redes sociales y el universo cozy han contribuido muchísimo a que las escritoras tengamos más inspiración. Nos dotan de nuevos recursos visuales, pero lo principal sigue siendo la imaginación".
Aunque su público objetivo son las mujeres jóvenes, el fenómeno se ha extendido a lectores que buscan lecturas fáciles y rápidas para escapar de su rutina. En un mundo hiperconectado, ofrecen una invitación a disfrutar de los pequeños placeres cotidianos, como pasar una tarde lluviosa en casa bebiendo un chocolate caliente. Muchos los combinan con novelas más densas, como un respiro entre distintos volúmenes de una saga muy extensa, o como distracción durante un viaje en tren o en avión.
Pero el éxito del cozy no es solo pasajero: su capacidad de adaptarse a temporadas y tendencias convierte a estas obras en productos literarios muy estratégicos, que saben exactamente cómo y cuándo llegar al lector. "Las novelas románticas reconfortantes y con final feliz han existido siempre. Yo misma he sido lectora del género durante toda mi vida. Creo que lo que ha cambiado con los años es la etiqueta", opina Chic. Lo que queda claro es que ha resurgido una manera de disfrutar de la lectura sin más pretensiones.
"Es un subgénero que ha llegado para quedarse mucho, mucho tiempo, aunque seguro que se irá reinventando", asegura Sbert. "Ya estamos empezando a hablar de no ficción cozy, de literatura infantil cozy, de libros para colorear cozy, e incluso de terror cozy, que puede parecer una contradicción, pero no lo es. Hay fórmulas muy interesantes".
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