

























El 21 de febrero de 2025, el diputado de Vox Antonio Martínez Nieto hizo durante un acalorado debate en el parlamento murciano una declaración sorprendente y que tiene algo de fundacional: «Torrente simboliza en forma de caricatura lo que muchos españoles honrados y trabajadores piensan».
Lo piensan tantos españoles que incluso bastantes de ellos consideran que José Luis Torrente -el policía cochino, incompetente y rastrero creado para el cine por Santiago Segura- podría representarles mejor que cualquier político y solucionar muchos de sus problemas cotidianos.
Esto es lo que revela una reciente encuesta de Gad3, realizada para medir el apoyo que podría tener este personaje si se presentara a las elecciones generales. Los resultados son sorprendentes. Señalan que Torrente sería el líder mejor valorado para ocupar La Moncloa entre el segmento de edad de 18 a 29 años. Uno de cada cuatro de los 2.531 encuestados en esta franja se decanta por él como su opción prioritaria.
Torrente es visto por sus seguidores como el político «más empático» hacia las preocupaciones de los españoles. No parece importar a sus fans que no sea un dechado de virtudes o que nadie lo querría como novio de su hermana, ni que sea un nostálgico de Franco y deteste a extranjeros y homosexuales. En un escenario donde el 55% de la población muestra su inquietud por la corrupción, un 21% confiaría en este hombre como el representante que mejor entendería sus problemas. Su liderazgo se apoya en la valoración de sus atributos (de personalidad, se entiende) superando a políticos como Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Yolanda Díaz y Santiago Abascal en campechanía (37%), autenticidad (25%), sinceridad (21%) y honestidad (18%).
Este estudio demoscópico es una estrategia de marketing que ha sido utilizada para abrir camino al estreno de Torrente, presidente, la nueva película de la popular saga de Santiago Segura que llega a los cines el 13 de marzo, casi 30 años después de la primera entrega. Un filme que lleva al imaginario colectivo a apostar por la aparición o recreación de personajes como Ábalos, Koldo o, entre muchos otros, el ex DAO de la Policía, así como un contexto político (la única filtración que se conoce es una foto en la que Torrente aparece con un gran cartel con fondo verde con las letras NOX, interpretado como una parodia de Vox) parecido al actual. A día de hoy tres de sus cinco títulos anteriores de la franquicia están en la lista de las 15 películas con más espectadores en la historia del cine español.
En sus escritos sobre El Quijote, Miguel de Unamuno anima a que consideremos al personaje de Cervantes como el salvador y fundador de la verdadera religión española, que es a su juicio el quijotismo, no la fe católica. Un siglo después, la clase política, las tertulias y el comportamiento de muchos compatriotas hacen apostolado por otro personaje de ficción, arquetipo opuesto a don Quijote, que en lugar de ser idealista es un desvergonzado. Torrente es el antihéroe cómico que desvela los males de la sociedad de hoy.
Así que, en 2026, acompañamos a este personaje -torrentiano es un epítome conocido por cualquier español para referirse a algo cañí, caótico y cutre- por esa España suya y esa España nuestra. Bienvenidos a Torrentespaña o, según prefiera, la España torrentiana (y que nos perdone desde la tumba el escritor Gonzalo Torrente Ballester). Una nueva nación, aunque sea espiritual, necesita un padre de la patria, así que entendemos que este debe ser Santiago Segura, aunque él todavía desconozca ser portador del título.
«A veces me sorprende haber creado un personaje y unas historias, tan extremas y disparatadas, que tengan tanta vigencia, semejanzas y actualidad en la España contemporánea», dice el director y padre de la criatura. «Creo que la sátira y la paradoja son desde el inicio de las artes un modo de retratar la sociedad del momento».
Antes de afrontar su nuevo proyecto, Segura reconoció, hablando de su personaje más popular, que en la realidad española pasaban cosas tan locas que no se atrevería a meterlas en una película de Torrente, porque le parecerían hasta exageradas. «Torrente parecería un moderado comparado con la realidad», ironizó entonces.
Cuando el director y actor estrenó, en 2014, su último torrente el país era muy diferente al actual. Ese año los españoles asistimos a un cambio en la Jefatura de Estado con la abdicación de Juan Carlos I a favor de su hijo; el empuje de la apuesta independentista liderada por Artur Mas, entonces presidente de la Generalitat catalana; la aparición fulgurante de Podemos y un Gobierno de Mariano Rajoy incómodo con el caso Bárcenas. A la secretaría general del PSOE llegaba un joven diputado desconocido llamado Pedro Sánchez y Vox se acababa de registrar como partido político.
Ocho años después vivimos inmersos en la era de la incertidumbre no sólo en España, sino en el mundo. Donald Trump provoca sudores fríos en las cancillerías de todo el planeta cada vez que abre la boca porque no se sabe si va a imponer un arancel o invadir un país; un príncipe inglés que se acuesta con menores puede acabar en la cárcel por traicionar a su país y Elon Musk, el hombre más rico del mundo, no sólo quiere bombardear Marte con armas nucleares para hacerlo más habitable, sino que ha bautizado a uno de sus 13 hijos conocidos con el nombre de X AE A-Xii. ¿De verdad sería tan raro que Torrente llegara a ser un día presidente del Gobierno de España?
El éxito del torrentismo no sorprende demasiado a Toni Aira, profesor de Comunicación política de la UPF-BSM. «Estamos ante la apoteosis del kitsch, que es lo que consume gran parte de la opinión pública, las grandes masas», explica. «Los personajes que les dan eso con efectividad y apariencia de autenticidad tienen premio. Para entretener a la masa de votantes que vive en gran parte de su tiempo distraída ya no sirven los discursos fríos y distantes».
Y Torrente y sus seguidores son de todo, menos fríos y distantes. Imaginemos ser el director de casting de Torrente, presidente para ver qué cameos podríamos recomendar. Tome note, señor Segura. Presentamos a los mejores habitantes de la España torrentiana.
Hemos encontrado en un país árabe a un rey campechano que se exilió con una maleta ocupada por algún escándalo financiero y de faldas.
Hemos visto a un ministro de Transportes colocando a una sobrina en una empresa pública y apañándola con un empresario un alquiler de lujo en un zona bien de Madrid que por supuesto no pagaba él...
Una acotación: en la España torrentiana es importante saber que, aunque se desconozca su índice de natalidad, sí está registrado en su censo un gran número de sobrinas.
Hemos conocido a un diputado socialista de nombre muy torrentiano -Tito Berni- cuyos favores eran pagados con botellas de Dom Pérignon y un catálogo de sobrinas.
Hemos encerrado a un ex consejero regional con casi un millón de euros en un altillo y un «volquete de putas» (sic).
Hemos publicado una foto que muestra a un concejal entusiasmado que sujeta con los dientes el hilo del tanga de una mujer desnuda que bailaba para la audiencia.
Hemos encontrado a un sacerdote de misa diaria traficando con Viagra con su novio, que no sobrino, en Don Benito, Badajoz.
Hemos condenado a un asesino y estafador cuyo nombre de guerra es El rey del cachopo (una opción a tener en cuenta para un próximo hijo de Elon Musk).
Hemos escuchado a un barón del PP valenciano y a un exgerente de una empresa de la Diputación de Valencia contar como quien cuenta ovejitas la enumeración de una supuesta comisión cobrada a un constructor. Esto reproducía el audio: «Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve... 3.000, 4.000, 5.000, 6.000, 7.000, 8.000, 9.000, 10.000, 11.000, 12.000 euros, dos millones de pelas».
Hemos detectado a mucho policía que poco tenía de brazo tonto de la ley, sino más bien de mano larga. Desde el ex director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional acusado de abuso sexual por una agente hasta el ex jefe de la UDEF, que fue detenido con 20 millones emparedados en un chalé. Todo sin mencionar a Villarejo, el hombre-grabadora.
Hemos avergonzado a políticos feministas que en la intimidad se creían machos alfa del aquí y ahora.
Hemos viralizado a Joan Laporta, presidente del FC Barcelona, subido a un toro mecánico y convertido en un Jesús Gil tanto por perímetro abdominal como por sus discursos populistas.
Hemos asistido a los líos judiciales de José Luis Moreno -el productor que nos engañó con el brilli brilli, las lentejuelas y el wow, wow, wow-, que por ser tantas cosas malas había sido hasta villano en una película de Torrente. Y hemos contenido la respiración cuando un cazador escribía en un terruño la palabra VOX no con tinta, sino con 58 conejos muertos, como si exhibiera una obra de arte de Arco firmada por Frank de la Jungla y Jack El Destripador.

En la España torrentiana la relación espacio-tiempo es distinta. Si en la realidad el presidente Sánchez dice «son las cinco y no he comido», en la ficción Torrente hace tiempo haciéndose unas pajillas a modo dueto. Si Cañita Brava se queda sin voz, tenemos a El Jincho en TikTok. Si Rosalía asombra al mundo con Lux, ese disco que aborda la búsqueda de la religión, en este territorio ya habían encontrado a Dios. ¿Qué quién es dios? Pues quién va a ser: El Fary.
Es tan divertido ser director de casting de Torrente que cualquiera de estos personajes merecería una gran secuencia en su cita cinematográfica. Algunos ya suenan. Hace meses se publicó que José Luis Ábalos -protagonista en redes sociales de un montón de memes torrentianos con palillo en la boca incluido- había sido tentado por Santiago Segura. Se especuló con que en Torrente, presidente el antaño superministro aparecería en un cameo rodeado de unas sobrinas, mientras que Koldo García lo haría friendo unas chistorras. Ábalos dijo que esa noticia era un bulo.
Conocidos los personajes, hay que viajar por sus paisajes, como hacía don Quijote y hace Torrente. Lo hacemos por la tierra del diputado de Vox Martínez Nieto, que, como hemos dicho, forjó de alguna manera este sentimiento nacional en el que los hombres de bien han de tener algo de Torrente. También el lugar donde vive el historietista Pedro Vera, el mayor experto nacional en lo rancio: Murcia.
«Esta tierra es como la Masía de los torrentes», bromea Vera en relación a la célebre cantera del Barcelona. Estamos hablando con el autor en la revista El jueves de los célebres ranciofacts, viñetas dedicadas a las costumbres y dichos más pasados de la cultura popular española, y de los personajes Ortega y Pacheco así como Nick Platino. «La verdad es que es un fenómeno que se ve en todas partes. El torrentismo ha pasado de vivir en las catacumbas a celebrar su Orgullo. Los que lo practican están envalentonados, antes se ponían en plan cuñao y no pasaban de la barra del bar».
-¿Qué les ha hecho tener tanto éxito?
-La madre de todos los males es internet -dice Vera-. Las redes hacen que se reconozcan y relacionen entre ellos.
Así que ya lo tenemos todo. El padre de la nación torrentiana es Santiago Segura y la madre, la Red.
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