Entrevista
El ensayista e historiador alem�n, que lleva a�os reflexionando sobre la cada vez m�s urgente crisis clim�tica, publica ‘La tierra sometida’, un viaje por los or�genes y la evoluci�n de la idea del dominio humano de la naturaleza, que puede causar nuestra extinci�n. "Los seres humanos no podemos predecir el futuro, pero s� inventarlo"

El historiador y ensayista alem�n Philipp Blom.
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En el primer cap�tulo del G�nesis b�blico se halla una frase que ha marcado el pensamiento humano desde hace milenios: "Creced y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y se�oread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra". Seg�n el polifac�tico e influyente historiador y ensayista Philipp Blom (Hamburgo, 1970), este es uno de los principales or�genes de uno de nuestros grandes errores como especie, la idea de dominaci�n del mundo que nos rodea, que en el presente est� llevando a la extinci�n a la vida en la forma en que la conocemos.
"Aunque este es nuestro referente m�s popular, esta idea no es cristiana ni jud�a, procede de la antigua Mesopotamia y de las primeras civilizaciones. Y es rastreable tambi�n en la cultura grecolatina y, m�s cerca en el tiempo, en los valores de la Ilustraci�n, que en su af�n de destruir la religi�n convirtieron la idea de salvaci�n cristiana, esa fe en un futuro siempre mejor, en nuestra actual idea de progreso. Un cambio tan sutil que por eso fue masivamente aceptado", sostiene el historiador, autor de ensayos que reflexionan sobre el pensamiento occidental como A�os de v�rtigo y La fractura y de otros enjundiosos libros sobre ecologismo del pasado y del futuro como El mot�n de la naturaleza y Lo que est� en juego.
"El problema es que todas estas cosmovisiones del mundo comparten el desprecio por la naturaleza, la idea de someterla. Una idea que nos est� llevando a la autodestrucci�n", afirma rotundo el escritor, que en La tierra sometida (Anagrama) explora este conflictivo v�nculo entre la humanidad y la naturaleza desde la antig�edad hasta nuestros d�as adviertiendo del peligro de "nuestra arrogancia, que tras siglos de considerar al hombre como la criatura elegida de Dios y amo y se�or de la naturaleza, debe desaparecer. O lo haremos nostros".
- Cada libro que escribe es m�s sombr�o, �es posible concienciar al mundo del peligro de la cat�strofe clim�tica o ya no hay soluci�n?
- Es curioso, porque, de hecho, mi �ltimo libro [de momento s�lo en alem�n] trata sobre la esperanza. Despu�s de una conferencia, siempre hay alg�n joven me pregunta si hay alguna posibilidad de futuro. Y no es f�cil dar una respuesta en dos minutos, porque se trata de una cuesti�n genuina y compleja. As� que le respondo algo parecido a esto: "No podemos fingir que todo saldr� bien, porque no es cierto. Pero s� podemos afirmar que la vida merece ser vivida, y que nuestra especie ha atravesado otras cat�strofes, encontrando solidaridad y belleza en medio del caos. El ocaso que vivimos es r�pido y brutal, pero tambi�n puede ser el comienzo de algo distinto: una nueva manera de estar en el mundo, m�s acorde con lo que sabemos hoy sobre la naturaleza".
- En este nuevo ensayo recorre la historia de la sumisi�n de la naturaleza desde el Paleol�tico hasta hoy. �Hay alguna esperanza de liberarse de esta obsesi�n por el dominio o es parte de nuestro ADN?
- La mayor�a de culturas antiguas eran animistas: conceb�an la naturaleza como un conjunto de fuerzas y presencias con las que hab�a que negociar. No era una relaci�n id�lica, pero s� reconoc�an que formaban parte del mismo sistema. La gran ruptura llega en Oriente Medio, cuando surge la idea de dominar la naturaleza, algo ligado al poder pol�tico y religioso. Basta recordar a Gilgamesh talando los cedros del L�bano para demostrar su grandeza. Esa noci�n de supremac�a marc� despu�s a la tradici�n judeocristiana, a la Ilustraci�n y al capitalismo moderno. Pero no, no est� en nuestro ADN. Es un constructo cultural. Y si fue aprendido, tambi�n puede desaprenderse. El reto es pensar de nuevo en sistemas: comprender que un bosque no es solo la suma de �rboles, sino un organismo interconectado. Ese cambio de mirada ya lo sugiere la ciencia contempor�nea.
- Ya Montaigne conden� la arrogancia humana, que "quiere poner el cielo bajo sus pies". �Cree que el racionalismo fue demasiado optimista con el hombre? �Vivimos hoy el fin de las ideas que surgieron en la Ilustraci�n?
- La Ilustraci�n quiso emanciparnos de la religi�n, pero hered� su esquema de dominio: el hombre separado de la naturaleza. La confianza ciega en la Raz�n produjo enormes avances, pero tambi�n una visi�n instrumental del mundo y de nosotros mismos. Hoy, las tecnolog�as digitales acent�an un problema nuevo: ofrecen resultados inmediatos y nos privan del proceso de aprendizaje, de la transformaci�n personal. Eso debilita nuestra libertad. Si ya no somos capaces de perseverar, de educarnos, de participar activamente en la democracia, la Ilustraci�n se vac�a de sentido. Quiz� estemos entrando en otra etapa cultural, todav�a difusa. Pero eso, adem�s de generar incertidumbre, tambi�n es muy excitante.
"La confianza ciega en la Raz�n produjo enormes avances, pero tambi�n una visi�n instrumental del mundo y de nosotros mismos"
- Como dice en el libro, podemos imaginar muchas cosas, pero no un mundo sin humanos. �Realmente es posible nuestra extinci�n? �Qu� puede acabar con el hombre: la guerra, una pandemia o directamente nuestro desprecio por la naturaleza?
- S�, la extinci�n es posible, y cada d�a que pasa m�s. Todas las especies humanas menos una ya desaparecieron. El Homo sapiens no es inmortal, aunque muchos se empe�en en creerlo. En cuanto a las causas... puede ser una guerra nuclear, una pandemia o la propia crisis clim�tica, s�. Pero la historia nos demuestra que los seres humanos sabemos reinventarnos en circunstancias extremas. Lo esencial es reconocer que estamos dentro de un sistema natural: cada acci�n nuestra altera la constelaci�n completa. Es decir, da�ar la naturaleza es un acto suicida que nos da�a a nosotros tambi�n. Si no hallamos un equilibrio, el sistema desaparecer� y nos llevar� con �l.
- Usted es historiador. Si la pretensi�n de dominio de la humanidad ha llevado al planeta al borde del abismo, �no deber�amos contar la historia mundial de un modo diferente a como se hac�a antes?
- Sin duda. La narrativa tradicional, centrada en reyes, conquistas y progreso tecnol�gico, invisibiliza nuestra relaci�n con el medio. Necesitamos contar la historia como el relato de una cohabitaci�n con otras especies, de �xitos y fracasos ecol�gicos. Y asumir que la crisis actual no es un accidente, sino el resultado de siglos de pensamiento basado en la superioridad humana.
"La extinci�n es posible, cada d�a que pasa m�s. Todas las especies humanas menos una ya desaparecieron, el ‘Homo sapiens’ no es inmortal, aunque muchos se empe�en en creerlo"
- En este sentido, existe una antigua divisi�n entre ciencia y literatura. En el mundo actual, cada vez m�s interconectado, �es posible entender qu� significa ser humano sin el concurso de ambas vertientes del saber, de las Ciencias y las Artes?
- Por supuesto que no, es un gran error. La ciencia nos ofrece datos y modelos, pero tambi�n necesitamos imaginaci�n, met�foras, relatos que nos permitan comprender nuestra experiencia. El conocimiento ind�gena o el arte aportan perspectivas que la ciencia no capta. S�lo combinando esas miradas podemos construir una comprensi�n m�s plena y menos violenta de lo que somos.
- Hoy en d�a vemos que muchos pol�ticos vierten mentiras contra la ciencia m�s b�sica... �C�mo influir� en nuestro futuro el actual descr�dito de la ciencia?
- Esto es algo grav�simo. Socava la confianza en el conocimiento que necesitamos para afrontar desaf�os globales. Me resisto a citar a su presidente, pero en Estados Unidos, por ejemplo, se han desmantelado laboratorios y programas de investigaci�n. Eso no se recupera de un d�a para otro: se pierden d�cadas de experiencia acumulada. Adem�s, en la sociedad actual el descr�dito de la ciencia se mezcla con la desafecci�n hacia unas �lites que la poblaci�n percibe como arrogantes. Eso la convierte en blanco f�cil de la desconfianza y el populismo.

El historiador y ensayista alem�n Philipp Blom.Stadler Bwag
- Y, como apunta, todo se retroalimenta, �con el declive de la democracia, disminuye la posibilidad de corregir el cambio clim�tico?
- Eso y muchas cosas m�s. La democracia requiere ciudadanos activos, educados y perseverantes. Si nos resignamos a delegar todo en algoritmos y tecn�cratas, la democracia se vac�a, y con ella la capacidad de emprender transformaciones colectivas como la transici�n ecol�gica. Sin participaci�n c�vica no habr� soluciones sostenibles.
- Hablando de tecnolog�a, �es posible redirigir la revoluci�n tecnol�gica para que sea compatible con la emergencia ecol�gica y para que sus beneficios sean para toda la sociedad?
- Como todo, s�, es posible, pero exige decidir d�nde necesitamos realmente la tecnolog�a y d�nde no. No toda innovaci�n nos hace m�s felices ni m�s libres. El problema es que el desarrollo actual est� guiado por intereses de poder y beneficio, no por el bien com�n. Reorientarlo implicar�a replantear el capitalismo tal y como lo conocemos. Un debate que habr� que abrir alg�n d�a, pero de momento...
"La historia demuestra que los seres humanos no podemos predecir el futuro, pero tambi�n que s� podemos inventarlo"
- Justamente, �es posible salvarnos en una sociedad en la que imperan esos ideales del capitalismo: el individualismo, el materialismo, el beneficio...?
- Sinceramente, pienso que no. Si seguimos con esa l�gica, s�lo aceleraremos la destrucci�n. Necesitamos otro modelo de convivencia que d� prioridad a la solidaridad con otras especies y con nuestro propio ecosistema. Eso no significa volver al pasado, sino crear una nueva cultura, apoyada en la ciencia, las artes y un sentido renovado de comunidad.
- Otro rasgo del presente son las utop�as del transhumanismo y la idea de que los humanos suban sus datos cerebrales a la nube, separ�ndolos a�n m�s de los contextos naturales. �Cu�l es la consecuencia de esta vida digital y por qu� debemos "enredarnos" en la naturaleza, como defiende?
- El transhumanismo es una negaci�n de nuestra condici�n biol�gica. So�ar con vivir 300 a�os en la nube es olvidar que somos cuerpos, simbiosis de millones de c�lulas humanas y no humanas. Alejarnos m�s de la naturaleza solo aumentar� nuestra soledad y nuestras tensiones. "Enredarnos" con la naturaleza no es un gesto rom�ntico, es reconocer que dependemos de ella y que cada externalidad nos afecta de vuelta.
- Entonces, en resumen, �es posible cambiar hoy nuestra manera de pensar sobre el cambio clim�tico o al final de la historia est� la derrota del ser humano y su extinci�n?
- No hay destino inevitable. S�, la situaci�n es cr�tica y nuestra capacidad de destrucci�n es in�dita en la historia. Pero tambi�n somos capaces de imaginar y construir sociedades distintas. La clave est� en exigirnos m�s, en no conformarnos con el cinismo de que "todo est� perdido". El futuro depender� de si somos capaces de vernos de nuevo como parte de un sistema vivo y actuar en consecuencia. Por decirlo de forma concisa y optimista: la historia demuestra que los seres humanos no podemos predecir el futuro, pero tambi�n que s� podemos inventarlo.

























