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Sabe a poco, a muy poco. Aunque estuvo con la miel en los labios durante muchas horas de la tarde, donde el PP de Extremadura soñó con la mayoría absoluta, finalmente María Guardiola no consiguió su gran objetivo de gobernar con independencia y no sufrir el control de Vox. Se vuelve a la casilla de salida del verano del 2023, aunque es verdad que ahora se ha quitado una espina: ya no le pondrán decir nunca que no ha ganado las elecciones y es presidenta de la Junta. Lo ha conseguido y con una diferencia sideral ante el hundimiento del PSOE de Miguel Ángel Gallardo y sumando más de siete puntos que toda la izquierda junta, pero la noche quedó lejos de ser redonda. Su principal adversario en estas elecciones, Santiago Abascal, capitalizó buena parte de la fuga de votos del PSOE, sobre todo en las zonas rurales, pero también en el voto urbano. El otro porcentaje de votantes desencantados se fue a Unidas Podemos.
Como se preveía, los dos extremos subieron más que nadie. Vox casi duplicará su fuerza en la Asamblea (de 6 a 11 escaños) e Irene de Miguel, la candidata de Podemos, pasa de cuatro a siete, que tuvo una estrategia clara en la campaña, tildando a Gallardo de candidato de «hojalata». Comprobó que su rival era el abrasado líder del PSOE y se fue en tromba a por él, sobre todo en el debate electoral de RTVE, al que no acudió Guardiola.
Por bloques, el centro derecha arrasa y alcanza más del 60% de votos, una barbaridad para un territorio habitualmente granero de votos de la izquierda. El dúo Sánchez-Gallardo ha acabado también con ello. La izquierda se queda con poco más del 36% de los votos, es decir, 24 puntos de diferencia. Sólo Guardiola le ha metido una diferencia a este bloque de más de siete puntos. Inapelable.
La presidenta de la Junta obtuvo un gran resultado, ampliando en más de 4,33% votos sus resultados con respecto a 2023, para alcanzar el 43% del total. Siendo una gran cifra en sí misma, el hecho de contar con dos circunscripciones y cuatro partidos en juego, la hace completamente insuficiente. En número de votos, aunque la participación fue más baja (-7,66% que hace dos años y medio), el PP perdió en torno a 14.000. Muchos de ellos se fueron a Vox.
La candidata del PP no colmó las expectativas por las que convocó las elecciones anticipadas por primera vez en la historia de esta comunidad autónoma. Ese día, Guardiola aseguró que, ante el bloqueo de los presupuestos de la oposición -a donde se fue Vox tras el primer año de coalición-, le otorgaba la palabra a los extremeños. Y los ciudadanos han hablado con rotundidad: quieren que siga gobernando, pero quieren que lo haga, muy a su pesar, con el control del partido de Abascal que, por encima de su candidato Óscar Fernández, es el gran triunfador de la noche, y que desde el primer día buscó el enfrentamiento con ella. «Va a pasar por el aro» si quiere gobernar o es «la Irene Montero de Extremadura».
El presidente de Vox se tomó como propia la campaña. No se ha movido prácticamente de Extremadura en el último mes, salvo cuando tenía en Madrid pleno en el Congreso, con una hiperactividad desbordante por toda la geografía extremeña, con actos mañana, tarde y noche. El PP optó por no arriesgar, jugar el papel institucional, buscó el centro, renunció a que barones Juanma Moreno o Ayuso acudieran a Extremadura a hacer campaña, acentuó el perfil feminista de Guardiola, y le dio resultado, pero no arrolló. María Guardiola estaba con el viento a favor, teniendo en frente a un candidato quemado como Gallardo, al que se sumaron en las últimas fechas los últimos escándalos políticos y de abusos sexuales que cercan al Gobierno de Pedro Sánchez. Pero no lo culminó. Le faltó pegada y la última semana de campaña fue negativa.
La campaña visualizó además quienes eran realmente los grandes rivales en esta campaña. Las polémicas, el enfrentamiento a cara de perro no ha sido entre Guardiola y Gallardo, que quedó fuera de foco desde el primer momento, sino entre los dos candidatos de centro-derecha. Los vídeos en redes sociales de Guardiola no fueron contra el candidato del PSOE, eran contra Abascal, para responderle a sus provocaciones, pero parece que no han tenido resultado y tampoco sacó su perfil de gestora en el corto tiempo que ha durado su legislatura. Se quedó a medio camino. Y Vox ha penetrado en los feudos tradicionalmente socialistas y ha cogido votos de todos lados.
Guardiola sube un escaño, escaso botín para las expectativas creadas y con una oportunidad única, porque difícilmente el PP de Extremadura va a tener enfrente primero a un presidente del Gobierno tan agotado políticamente como Pedro Sánchez, con su hermano precisamente procesado no en cualquier lugar de España, sino en Badajoz, y un candidato socialista que se sentará en el banquillo en cinco meses después de un deterioro tan brutal que no ha ganado ni en su pueblo, Villanueva de la Serena, donde fue alcalde 21 años, y que ha conducido al PSOE de Extremadura a un hundimiento sin precedentes, inaudito, sonrojante, con un descenso en torno al 14% y por debajo de la frontera incluso psicológica de los 20 diputados, con apenas poco más del 25% de los votos. De hecho, está más cerca Vox del PSOE (siete diputados), que el PSOE del PP (11). Increíble.
Es verdad que ahora sería lo más fácil apuntar ahora a la campaña estratégica de Guardiola, sin exposición, sin riesgo, con muy pocos actos, sin ir al debate de TVE, apostándolo todo a las redes sociales y a conceder escasas entrevistas a unos medios determinados, muy restringidas en el tiempo y en la forma (por teléfono). Deberá analizarlo y sacar conclusiones. De momento, tendrá que esbozar una nueva estrategia ante Vox para retener la Junta o buscar la abstención de un muy debilitado PSOE. En otra época, se hubiera pensado en esta posibilidad y además visualizaría que es un partido institucional. Pero al frente sigue Pedro Sánchez y llegan varias elecciones consecutivas.
La repetición electoral dentro de unos meses, si el parlamento extremeño queda bloqueado al no entenderse PP y Vox, que es una posibilidad que se ha barajado también en las últimas semanas si se daban estos resultados (como pronosticó el pasado lunes Sigma Dos para EL MUNDO), tendrá que pensarla también María Guardiola porque, si eso ocurre, con toda seguridad el candidato del PSOE ya no será tan débil como Gallardo y entonces ahí habrá una posibilidad real de que los socialistas, con un cabeza de cartel distinto, recupere al menos su teórico suelo electoral, absolutamente destrozado por Sánchez y el procesado ex presidente de la Diputación.
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