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Las protagonistas de esta historia se llaman Grapa, Tarly, Rumba y Vaiana. Aunque podrían sugerirlo sus nombres, no son cantantes, artistas, influencers ni youtubers al uso. Ellas se dedican a cosas, digamos, más a ras de suelo. Ellas representan a un maravilloso colectivo que hace la vida tan sencilla a un grupo de personas, que a estas, según aseguran, les sería tremendamente difícil vivir sin ellas.
Grapa, Tarly, Rumba y Vaiana son cuatro perritas guías de la Fundación ONCE del Perro Guía (FOPG), representantes de un colectivo perruno de 219 animales que, como ellas, trabajan en la Comunidad de Madrid y forman parte del millar que se afana en el resto de España. Las cuatro dieron ayer una exhibición de su buen hacer, ante cientos de personas reunidas en una de las pistas del Polideportivo Municipal de Hortaleza.
El lema del acto, Mucho más que un perro, subraya el papel de estos animales que son sus ojos para las personas ciegas o con serios problemas de visión. Ojos con pelo y patas, además de buen carácter, probada obediencia y un entrenamiento exquisito. «Paso más tiempo con Grapa, que con mi mujer y con mis hijos. Estoy todo el día con ella», reconoció Agapito Blanco, presidente de la Asociación de Usuarios y Amigos del Perro Guía de Madrid.
«Tarly me da libertad y hace que mi vida sea más sencilla. Voy con ella a todas partes; canto en un coro, voy al teatro, incluso a nadar en el Polideportivo La Masó, donde se ha hecho famosa», añadió María Jesús Hernando, una usuaria.
Los canes mostraron su adiestramiento dirigidos por los instructores de movilidad Benedicto Cubillo y Patricia Reina. Ante la admiración del público -la mayoría chavales de diferentes centros educativos-, salvaron los diferentes obstáculos en un circuito que reproducía las peligrosas trampas y feroces obstáculos a los que se enfrentan las personas ciegas en su día a día.
Con una simple voz de mando, a veces con ninguna, Rumba y Vaiana los evitaron todos con aplomo profesional. Anunciando a su acompañante humano la presencia de un socavón o las vallas de una obra, subían y bajaban escaleras y sorteaban las amenazas de la compleja geografía callejera. Cruzar por un paso de cebra o parar ante la llegada de vehículos complicados de detectar, como monopatines y bicicletas, para estos animales es pan comido. «Con el bastón vas superestresado, tardas en localizar cualquier obstáculo o, directamente, te lo llevas por delante. Con Grapa no te das ni cuenta y caminas seguro», afirmó Cubillo.
Más sorprendente resulta la llamada desobediencia inteligente, con la que el animal toma sus propias decisiones, contrarias a las órdenes que le da el usuario. Se presenta en situaciones peliagudas, como aquellas en las que la persona quiere cruzar una calle cuando llega un vehículo. En ese momento, el perro se queda clavado y evita que el usuario sea atropellado.
El vínculo del perro guía con la persona usuaria es clave para la buena marcha de esta relación. «Nos conocemos poco a poco, pero a mí no me ha costado apenas. Luego todo es fantástico», explicó María Jesús Hernando, mientras acariciaba a Tarly, su cuarta perra guía.
Una relación basada en el aprendizaje que reciben en el centro de adiestramiento de la FOPG. «Cada perro tiene su carácter y el adiestramiento se realiza según sea», señaló el instructor, por cuyas manos han pasado más de 330 perros. «Cada uno es diferente a los demás», detalló Cubillo.
El entrenamiento dura tres meses de entrenamiento temprano y otros tres de entrenamiento avanzado. Tiempo en el que se conoce a cada animal y se adapta la preparación a sus características. Algo decisivo para su relación con el usuario, que también necesitan un aprendizaje: dependiendo de las personas, suele ser de unas tres semanas el tiempo que los usuarios dedican a familiarizarse con el ritmo de los canes.
Así, por ejemplo, los perros tienen distintas velocidades. «Hay perros que se mueven muy despacio y otros que son bastante rápidos. Nosotros medimos la velocidad con la que se desplaza una persona para asignarle un perro determinado. Si a un usuario que marcha despacio, le das un perro rápido, le amargas la vida. Al contrario sucede lo mismo», comentó Cubillo sobre la tan importante elección del compañero adecuado.
En la exhibición se vieron situaciones cotidianas a las que se enfrentan estos disciplinados canes. Una de ellas es el no probar bocado fuera del horario y lugar determinados. Obediente y resignada, Vaiana aguantó un buen rato con un trozo de pan delante de su hocico, sin siquiera darle un lametón. «Esto es bastante difícil, si tenemos en cuenta que los labradores son unos perros supercomilones», subrayó Reina.
Mayor sorpresa causó comprobar cómo los perros guías son capaces de señalar dónde arrojan sus excrementos, facilitando que el usuario pueda recogerlos. A continuación, son capaces de llevarle hasta una papelera para arrojar la bolsita. En definitiva, atesoran un cúmulo de habilidades que son decisivas para la vida cotidiana de sus también fieles compañeros.
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