Rosy cría sola a dos niños y cada día debe sortear las dificultades económicas y la sobrecarga de tareas en el hogar. En este contexto, el programa CaixaProinfancia ofrece un apoyo socioeducativo a las familias monoparentales

Rosy junto a sus dos hijos
Florencia Da Silva Madrid
Actualizado
Trabaja, estudia y cría sola a sus dos hijos, de 10 y 7 años. Rosy, colombiana, vino a España hace nueve años en busca de un futuro mejor. Gracias al programa CaixaProinfancia, impulsado por la Fundación "la Caixa", sus hijos reciben acompañamiento socioeducativo y ella puede dedicarse a sacar adelante a su familia.
"Es complicado tener una familia monomarental, pero se puede lograr", asegura Rosy. "Una se puede organizar y todo se va dando con el tiempo. No es de un día para otro, pero con el tiempo una aprende a salir adelante y superarse". El año pasado fue uno de los momentos más difíciles para ella. Su madre tuvo que volver a Colombia y se quedó sin apoyo familiar. Además del trabajo, comenzó un Grado Superior en Administración de Documentación Sanitaria, sin dejar de atender las tareas domésticas y el cuidado a sus hijos.
El 50% de quienes participan en el programa CaixaProinfancia son familias monoparentales y más de la mitad se encuentran en situación de desempleo. "Tenemos un perfil mayoritario de madres. La mayoría están sobrecargadas porque tienen muchas responsabilidades. Además de la crianza, deben atender las necesidades básicas, hacerse cargo de la comida, el alojamiento y ayudar a los niños con el proceso de duelo migratorio", explica Micaela Martínez, coordinadora de Cruz Roja Logroño.
A pesar de haber estudiado Administración de Empresas en su país, no lograba conseguir empleo. Con 26 años, Rosy dejó Colombia con la promesa de un trabajo como interna en Ibiza. En ese entonces, su primer hijo tenía un año y medio. "Fue duro dejarlo, lo pasé un poco mal", sostiene.
Durante cinco años, realizó infinitas llamadas y varios viajes para mantener el contacto con su hijo. Durante ese tiempo, también tuvo que volver a su país para tener a su segundo hijo, ya que tenía un embarazo de riesgo. "No podía trabajar levantando personas mayores con seis meses de gestación". Hace cuatro años pudo traer a sus hijos con la ayuda de su madre. "Me vine a vivir a Logroño porque en Ibiza las viviendas son más caras. Allí vivía en una habitación y con los niños no se podía. No los iba a traer a pasar necesidades".
Más de la mitad de los hogares monomarentales en el país están en riesgo de pobreza, según el último informe sobre la pobreza infantil de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado español (EAPN-ES). Además, el 20% están en un contexto de pobreza severa.
El tener un solo ingreso e hijos dificulta el acceso a la vivienda. Fue en Logroño cuando Rosy comenzó a trabajar como camarera de piso y pudo alquilar una vivienda para recibir a sus niños. "Una trabajadora social me hizo un informe para poder escolarizarlos, porque recién llegados tenían que esperar el empadronamiento".
Además, la profesional de Servicios Sociales le habló del trabajo de CaixaProinfancia en colaboración con Cruz Roja. A partir de este acompañamiento, sus hijos comenzaron a recibir ayuda extraescolar, a participar de los campamentos de verano y a recibir ayudas para la compra de materiales escolares. Ella logró tener tiempo para dedicar a sus estudios y las tareas del hogar.
"El programa que tenemos es muy amplio. Un niño puede venir derivado por el centro educativo, servicios sociales, el centro de salud o por alguna otra entidad que detecte que haya necesidad y que cumpla los requisitos", dice Martínez. Y añade: "Siempre hay un seguimiento continuo con las familias. Cada uno viene con su historia de vida y crear estos espacios les sirven a ellas para ver que no están solas. Hay muchas que no cuentan con una red de apoyo y con nuestros talleres pueden tener un espacio para ellas".
El 66% de las madres solteras expresan sentirse discriminadas, según el estudio ‘Monomarentalidad y vivienda. Análisis de la realidad habitacional de las jefas de familia’ de la Federación de Asociaciones de Madres Solteras. "En muchas entrevistas me preguntaron si tenía hijos. Cuando decía que estaba sola, dudaban sobre mi contratación porque asumían que surgirían mil problemas que me impedirían asistir. Tuve que aclarar que mi situación estaba resuelta y no era un inconveniente", cuenta Rosy.
Actualmente Rosy tiene 35 años y es auxiliar de enfermería en una residencia para mayores en Logroño. "Somos los que los cuidamos. Los bañamos, les damos de comer y la medicación". Uno de sus proyectos es ahorrar para solicitar una hipoteca y tener una casa propia. "Me gustaría encontrar un trabajo que esté relacionado con lo que estudié porque mi empleo actual me exige mucho trabajo físico". Sobre el futuro de sus hijos, desea: "Quiero que sean personas fuertes e independientes. Que salgan adelante".


























