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El Mundo
David Ramírez · 2026-08-01 · via Más deporte

Actualizado

Hace unas semanas, Ladimir Mayorov tuvo que retrasar su vuelo al Algarve para competir en un torneo absoluto, un torneo de mayores, el WTT Feeder de Lagos, porque antes tenía que terminar sus exámenes de primero de la ESO. De primero de la ESO.

Ladimir Mayorov acaba de cumplir 13 años y ya se mide con adultos, les complica los partidos, les gana. En aquella cita en Portugal acabó colgándose el bronce en la competición de dobles junto a su compañero, Albert Vilardell, de 24 años, tras superar a rivales como los campeones de Alemania, y hoy figura en el puesto 885 del ranking mundial. Es el mejor del planeta a su edad, nadie tan joven había logrado algo semejante, pero esto sólo acaba de empezar. Su carrera, de momento, no tiene techo.

"No me pongo nervioso cuando juego contra gente mayor. No me afecta. Siento más presión cuando me enfrento a los de mi edad, porque se supone que tengo que ganar siempre", explica en conversación con EL MUNDO en su pueblo, Calella, a unos pocos kilómetros de Mataró y algunos más de Barcelona. Sorprende su serenidad, pero es totalmente genuina, no tiene nada de impostada. El tenis de mesa se le da bien, incluso muy bien, y eso es evidente, pero para él no supone nada extraordinario.

Hijo de ex palistas

Mayorov nació del matrimonio de dos ex jugadores profesionales, el ucraniano Eduard Mayorov y la rusa Svetlana Bakhtina, ambos con currículums destacados. Él, algo mayor, fue campeón de la Unión Soviética; ella, más joven, fue campeona de Rusia y de Europa, y los dos decidieron disfrutar de un retiro dorado compitiendo por clubes españoles. Pasaron varios años en Murcia y después se mudaron a Calella, donde se convirtieron en entrenadores. Cuando allí nació su hijo pequeño, Ladimir, ambos ya sumaban muchas temporadas en clubes de la zona y se volcaron en su formación.

"Nunca hemos obligado a Ladimir a jugar al tenis de mesa. De hecho, nuestra hija mayor no juega: ella es tenista, entrenó junto a Paula Badosa y Jessica Bouzas, y ahora tiene una beca en una universidad de Estados Unidos. Pero él ya empuñaba nuestras raquetas a los cuatro años, a los seis empezó oficialmente a entrenar y a los 10 ya había llamado la atención de la Federación Española y de organismos como la Fundación Compass. Desde entonces podemos viajar a algunos torneos y entrenar en los mejores clubes de Europa, como el Ochsenhausen, en Alemania, donde Ladimir practica con el brasileño Hugo Calderano, subcampeón del mundo, o con Simon Gauzy, bronce en los últimos Juegos Olímpicos", relata Eduard Mayorov, todavía asombrado por la progresión de su hijo: "No todo el mundo puede ir ahí a entrenar, la verdad".

Una cosa es sorprender a jugadores adultos, como hizo Mayorov la temporada pasada cuando se proclamó campeón de España sub-19 con sólo 11 años, y otra muy distinta es asentarse en la élite siendo todavía un niño.

"Fortaleza mental"

"Está progresando bastante rápido, de verdad", dice Eduard, aunque mide cada palabra. A partir de este otoño su hijo competirá en las ligas más potentes de Europa y "en dos años" podría convertirse en profesional, aunque las expectativas resultan peligrosas. "Él tiene ganas y quiere seguir dando pasos en el deporte, eso es lo más importante", asegura el padre, que en todo caso admite que, visto lo visto, ya puede plantearse un debut olímpico en los Juegos de Brisbane 2032. En Los Ángeles 2028 sólo tendrá 15 años y suena a locura imaginarlo allí, pero tampoco resulta imposible. El propio Ladimir tampoco quiere marcarse un límite.

¿Cuál es tu punto fuerte?
La fortaleza mental, aunque también depende del día. En el Campeonato de España de Tarragona [fue campeón en categoría sub-17] gané muchos partidos sin hacer nada especial, pero mentalmente estuve muy bien.
¿Te afecta la presión mediática o la de tus compañeros de colegio?
Siempre me ha gustado mucho el tenis de mesa y no noto nada especial por ganar a alguien mayor. Sé que a veces sale en las noticias y algún compañero del colegio me dice que me ha visto, pero ya está. En el colegio tampoco nadie le da importancia; yo no necesito que me digan nada. Prefiero que hablemos de otras cosas, con normalidad.

Este año su gran objetivo es el oro en los Juegos Olímpicos de la Juventud que se celebran en Dakar en noviembre, aunque para lograrlo deberá superar a rivales de 17 o 18 años. "Siempre he jugado contra mayores y no noto mucho cambio de velocidad. Para mí es lo de siempre", asume el joven prodigio de Calella, que combina sin aspavientos los libros de primero de la ESO con las mesas donde ya empieza a escribirse el futuro del tenis de mesa español.