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Atletismo esotérico
KIRILL KUDRYAVTSEV · 2026-03-23 · via Más deporte
Hodgkinson celebra su victoria en 800 metros.

Hodgkinson celebra su victoria en 800 metros.AFP

Actualizado

El atletismo puede tener una interpretación, que no una explicación, esotérica. No incompatible con lo racional, pero más relacionado con lo casual. El 3 de marzo de 2002, en Viena, la eslovena Jolanda Ceplak establecía un nuevo récord del mundo de 800 metros en pista cubierta: 1:55.82. El mismo día, en la zona del Gran Manchester, nacía una niña llamada Keely Nicole Hodgkinson.

Nadie, excepto un osado novelista o un vidente con suerte, podía imaginar que el récord esperaría 24 años para que ese gurruño de carne enrojecida, húmeda y llorosa lo batiese, dejándolo en 1:54.87. Era el 19 de febrero de 2026, en Francia, en Liévin, en el Departamento del Paso de Calais, asomado a esa lengua de agua que en el continente llamamos Canal de la Mancha y que en los mapas británicos figura como Canal Inglés.

Los 800 metros femeninos son ingleses. Keely Hodgkinson, que representa junto al escocés Josh Kerr el resurgir del mediofondo británico (y Georgia Hunter Bell, vencedora en los 1.500), dominó los 800 con la soltura que su zancada expresa. Y con la táctica que su confianza, basada en su asumida superioridad, le exige: tomando la cabeza desde los primeros metros.

La carrera terminó al empezar. Sin mudar el gesto, sin perder el ritmo, alterando el tranco sólo para reforzarlo, Keely terminó en 1:55.30. También habría mejorado el récord de Ceplak. Dejó lejos a la suiza Audrey Werro (1:56.64) y lejísimos a la estadounidense Addison Wiley (1:58.36), felices ambas.

Muy superior al resto

Ha cogido algo de peso y ganado potencia sin perder ligereza. Campeona olímpica en París y sorprendente tercera en el Mundial de Tokio2025 al desvanecérsele el título en los últimos 50 metros, no parece que haya nadie ahora a su altura. Se añora a Athing Mu, la majestuosa estadounidense de sangre sudanesa que la derrotó en los Juegos de Tokio2020. A Mu le ocurrieron demasiado joven demasiadas cosas: el oro olímpico, la caída en los trials para los Juegos de París, el cambio de entrenador, el matrimonio... Se descentró. Su regreso es también una cuestión esotérica.

Los vibrantes 800 contrastaron con el descolorido lanzamiento masculino de peso. El cuarto oro indoor del robusto neozelandés Tom Walsh (1,85 y 125 kilos), que defendía título, llegó con 21,82 metros. Que en una competición de semejante rango no se superen los 22 metros raya en lo esotérico.

Si esotérico es lo "oculto" y "de difícil acceso para la mente", todo récord lo es porque permanece escondido hasta que se hace visible, como fruto simultáneo de la inspiración y el esfuerzo. También, en su magnificencia casi sobrehumana, se comprende con dificultad, aunque con asombrada alegría. La bahameña Devynne Charlton, ya plusmarquista mundial de los 60 metros vallas, igualó su propia plusmarca de 7.65.

¿Por qué el cronómetro no registró una centésima más que la rozara o una menos que la mejorase?... Porque el tiempo, en sus magnitudes inabarcables por grandiosas o por diminutas, es el colmo del esoterismo.