

























No es la Semana Santa m�s antigua de Espa�a (ese t�tulo lo ostenta la de Medina del Campo, en Valladolid, que se remonta a 1411, aunque la primera cofrad�a se cre� en Toledo en 1085 de la mano del rey Alfonso VI y el Cid Campeador), pero s� la m�s emblem�tica y popular. Y �sa a la que se recomienda asistir, por lo menos, una vez en la vida. Hablamos de la Pascua de Sevilla, que congrega a propios y extra�os del Domingo de Ramos al de Resurrecci�n para disfrutar de unos d�as intensos a golpe de procesiones, madrug�s, saetas, v�a crucis, devoci�n a raudales y aroma a incienso —y a espinacas con garbanzos, flores de miel y torrijas reci�n hechas— por cada esquina.
Eso s�, es f�cil perderse entre tanta actividad y fervor durante esta celebraci�n declarada Fiesta de Inter�s Tur�stico Internacional en 1980, por lo que aqu� va una completa hoja de ruta para exprimir la estancia al m�ximo, ya sea usted principiante en estas lides o un avezado repetidor con ganas de descubrir m�s.
Comencemos por el principio, por las primeras hermandades de sangre que surgen en Sevilla en la Edad Media para realizar acciones piadosas en p�blico en torno a la pasi�n, muerte y resurrecci�n de Cristo. Hay documentos de 1340 que las describen, consolid�ndose tras el Concilio de Trento (1545-1563) y la contrarreforma. El comercio con Am�rica no hizo m�s que acentuar el poder�o de la urbe y, en 1604, el arzobispo Fernando Ni�o de Guevara decidi� regular las procesiones con la "c�dula del cardenal", que fij� las normas b�sicas para acabar con las actitudes irreverentes que, en su opini�n, proliferaban estos d�as.

Los balcones del centro, engalonados para la ocasi�n.
Muchas de esas normas siguen vigentes, como que el trayecto de la carrera oficial (la que deben seguir todas las comitivas) finalice en la Catedral. El Barroco har�a brillar con luz propia esta fecha al fijar su atenci�n en el arte sacro. En 1923 se fundar�a el Consejo General de Hermandades y Cofrad�as, que sigue coordinando todas las actividades de la Semana Santa.
El pistoletazo de salida de la celebraci�n arranca el Viernes de Dolores (27 de marzo), aunque el inicio como tal tiene lugar el Domingo de Ramos, cuando los sevillanos (y los primeros turistas que llegan) se ponen sus mejores galas para visitar las iglesias por la ma �ana y ver las primeras procesiones por la tarde-noche, cuando m�s afluencia de p�blico hay. Entre las m�s destacadas de ese d�a figuran las de la cofrad�a de Jes�s Desposado, La Cena, San Roque o La Paz, la primera en salir y entre las m�s numerosas, al contar con 2.500 nazarenos. Los m�s de 70 cortejos que recorren de norte a sur y de este a oeste la ciudad contin�an cada d�a con su horario y recorrido estipulado hasta las seis de la ma�ana, destacando la famosa madrug� del Jueves Santo, el momento m�s emocionante de estos d�as.

Hall de decoraci�n flamenca del hotel Hesperia.
Entonces, salen a la calle corporaciones tan emblem�ticas como las del Gran Poder, La Macarena, la Esperanza de Triana, El Silencio, El Calvario o Los Gitanos. De todas sabe Mario Niebla del Toro, periodista y experto en protocolo que conoce los secretos mejor guardados de Sevilla en general y de su Semana Santa en particular. No en vano, es el cicerone elegido por hoteles como el Hesperia para guiar a los hu�spedes que se apuntan a su experiencia para vivir la Pasi�n en primera persona. "El objetivo es descubrir la verdadera esencia de la ciudad no como un turista, sino como un sevillano", se�ala. Para ello, les acompa�a al balc�n privado que alquila el hotel frente a la Catedral para contemplar las procesiones y organiza una visita guiada al Museo de Arte Sacro del que luego hablaremos.

Las flores de miel, dulce t�pico de Pascua.
La propuesta forma parte del programa 'Hesperiencial' de la cadena, que permite disfrutar de planes locales en la ciudad y en el propio hotel, que estos d�as ofrece comida t�pica de estas fechas en su restaurante Barbarita como potajes, torrijas o rosas de miel. Niebla del Toro tambi�n invita a los clientes aa acercarse a la marcha del Cristo de la Expiaci�n (El Cachorro) por el puente de Triana del Viernes Santo, otro imprescindible, o a las de La Soledad y el Santo Entierro del S�bado Santo, cuando sus 800 hermanos no van con t�nica, sino de etiqueta. El Domingo de Resurrecci�n no hay que perderse el periplo del Resucitado, el broche de oro.
S�, tambi�n hay nazarenos infantiles, quienes participan en el primer tramo de las procesiones, de 16.00 a 20.00 horas, cuando se regalan a los peque�os caramelos y estampitas. Es el mejor momento para que presencien los pasos sin aglomeraciones, sobre todo si se huye de los puntos m�s saturados: calle Sierpes, plazas de la Campana, El Salvador o San Francisco y alrededores de la Catedral. A los cr�os, adem�s, les suelen gustar los menos solemnes con bandas de m�sica. Buenas opciones son los de Santa Marta o La Borriquita, compuesta por menores de 14 a�os y que simboliza la entrada de Jes�s en Jerusal�n. La versi�n adulta llega al caer la tarde con la hermandad de El Amor, que data del siglo XVI.

Un nazareno, durante uno de los cortejos.
Las tallas escult�ricas de las procesiones hacen que estemos ante un museo al aire libre, ya que muchas llevan la firma de grandes imagineros del Barroco andaluz como Juan de Mesa, Alonso Cano, Francisco Antonio Ruiz Gij�n, Pedro Rold�n (y su hija Luisa, la Roldana) o Juan Mart�nez Monta��s. Suyas son obras supremas del realismo iconogr�fico como los cristos del Gran Poder, El Cachorro, la Misericordia, las Tres Ca�das, El Buen Ladr�n o el Yacente de la hermandad del Santo Entierro, as� como los cuatro evangelistas de la del Museo o las figuras del descendimiento de la de la Quinta Angustia. Tambi�n hay piezas clave an�nimas como la Esperanza Macarena.

Una de las procesiones vista desde un balc�n frente a la Catedral.
Gran parte de estos tesoros son vestidos por maestros como Francisco Carrera Iglesias, alias Paquili, presidente de la Asociaci�n Gremial de Arte Sacro de Sevilla y Medalla de Oro al M�rito en las Bellas Artes. Su taller de la calle San Isidor, en pleno centro, supone un repaso a casi 50 a�os de historia del bordado artesanal entre bastidores, agujas y bobinas hilos de oro. �l y su equipo (siete personas) hacen que palios (el dosel sobre los que se sostiene la Virgen en los pasos), mantos y faldones se transformen en aut�nticas obras de arte "combinando t�cnicas tradicionales con innovaci�n", indica Paquili mientras muestra una saya del siglo XVIII que est� restaurando, como ya hiciera con unos faldones de la Custodia de la Catedral.

El maestro Francisco Carrera Iglesias, Paquili, en su taller.
El experto no s�lo tira de sus saberes casi ancestrales, sino de tecnolog�a 3D para trazar la base de sus piezas antes de bordarlas a mano. La Esperanza de Triana o La Macarena no son sus �nicos clientes. Tambi�n ha trabajado para firmas como Loewe, Balenciaga, Chanel, Dior o DelPozo, la �pera de Par�s, para la que ha confeccionado diversos vestuarios, o el Teatro Real de Madrid, cuyo Palco Regio est� decorado con sus tejidos.
Concluimos la ruta con una visita al nuevo Museo de Arte Sacro, instalado entre los restos arqueol�gicos del castillo de San Jorge, a las puertas del barrio de Triana, donde se han expuesto tesoros como la antigua bambalina de la Macarena de 1940, el palio de la Virgen de los Desamparados, un candelabro del paso de la Reina de Todos los Santos o la diadema de la Virgen de la Estrella, representante �nica del Barroco realizada por la citada Luisa Rold�n. Un centro as� era necesario en una metr�poli como �sta, donde la historia del arte sacro se escribe en may�sculas. "No s�lo forma parte de la Semana Santa, conocida en todo el mundo, sino que es un testimonio del impacto hist�rico, cultural y espiritual de nuestra ciudad", explica Ram�n Vergara, comisario especializado en alta artesan�a espa�ola.

Exposici�n del Museo de Arte Sacro.
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