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En Silicon Valley no necesita presentación, pero fuera del sector tecnológico su nombre sigue siendo el más desconocido del trío fundador de Airbnb. Quizá sea porque Nathan Blecharczyk (Boston, 1983) ha sido durante años el arquitecto silencioso de la estrategia que ha convertido una idea que parecía descabellada —alquilar tres camas hinchables a desconocidos en un apartamento de San Francisco; así empezó todo— en una empresa valorada en 79.000 millones de dólares. Su nuevo enfoque gira ahora en torno a una única obsesión: los servicios, la palabra mágica para mantener engrasada la maquinaria y, de paso, darle un más que necesario impulso al precio de sus acciones, estancadas desde su salida a Bolsa en el año 2020.
Blecharczyk se sentó hace unos días con un grupo de medios internacionales —el diario EL MUNDO entre ellos— en su imponente sede de la citada ciudad de San Francisco para discutir el último giro de guion de la compañía, que no es otro que incorporar alquiler de coches, recogida en aeropuertos, hoteles boutique y hasta pedidos de comida a domicilio para que cuando los inquilinos lleguen a su destino tengan la nevera llena. Para el director de estrategia de la empresa y CEO de Airbnb China, el paso no es una traición al concepto original, sino la consecuencia lógica de entender cómo se viaja hoy en día.

Uno de los alojamientos de la plataforma.
"Mucho de lo que ocurre en un viaje pasa fuera del alojamiento. Por eso, al cubrir todo el ciclo del viaje, ampliamos la superficie donde podemos crear esa magia", explica. Y pone ejemplos concretos: "cuando haces el check-out de tu alojamiento y vas arrastrando la maleta por la ciudad, eso no es magia. Si llegas a casa y la nevera ya está llena, eso sí es magia". Se refiere al acuerdo que han alcanzado con Instacart en Estados Unidos para hacer las entregas del supermercado a domicilio, o el que han firmado con Bounce para guardar equipajes en una de sus 15.000 consignas repartidas por 175 ciudades del mundo. Los convenios logísticos no son frivolidades corporativas. Son, en opinión del cofundador, la infraestructura invisible de la experiencia.
El anuncio de Chesky se alinea con lo presentado el año pasado, cuando comenzó la apuesta por los servicios y experiencias en las ciudades destino. Los de los hoteles boutique es otra historia y lo que sin duda ha despertado más interrogantes. "Sí, lo he dicho: hoteles", bromeó Chesky durante su cerca de una hora de presentación. Blecharczyk esboza una leve sonrisa al tocar el tema pero justificando la decisión de principio a fin. Lo que proponen no son sólo hoteles, sino experiencias. "Lo que hemos aprendido con el tiempo es que incluso nuestros usuarios más fieles, los que adoran Airbnb, a veces necesitan un hotel", explica. "Nosotros queremos aplicar una óptica distinta: si necesitas un hotel, podemos ayudarte, y podemos orientarte hacia los que creemos que ofrecerán una mejor experiencia. No hablamos solamente de precios altos, también de precios bajos. Por eso no ofrecemos todos los hoteles, sino los que hemos seleccionado a mano: porque tienen una historia, porque las habitaciones son más singulares, porque tienen un gran ambiente en las zonas comunes y en el vestíbulo, etcétera".

Servicio de comida a través del portal.
Los grandes hoteles de cadena, por tanto, quedan fuera. Solo los independientes, los que han resistido la presión de integrarse en una gran marca y conservan su identidad, tendrán hueco en la plataforma. "Los hoteleros independientes valoran mucho su libertad: quieren innovar, hacer algo diferente, pero es difícil sobrevivir y ser competitivo sin estar respaldado por una gran marca", añade el directivo. "Por eso les entusiasma aparecer en nuestra plataforma, que trata de contar su historia".
Blecharczyk vaticina una temporada de verano muy movida en cuanto a volumen de viajes por medio mundo, aunque es consciente de la inestabilidad geopolítica actual. El cofundador reconoce que los precios de los vuelos han subido por el encarecimiento del petróleo, pero recuerda que Airbnb ya demostró su resiliencia durante la época de la pandemia. «La gente no dejó de querer viajar, dejó de querer subirse a un avión. Se fue a destinos rurales, cogió el coche, tomó el tren. Nosotros crecimos durante ese periodo», asegura convencido. Esta vez, dice, puede ocurrir algo similar: si los vuelos son demasiado caros, la gente viajará más cerca. Y para eso, su compañía también tiene preparada una respuesta.
Sobre el precio de la acción, un 3,5% por debajo de su valor de salida en diciembre de 2020, Blecharczyk cree que es cuestión de tiempo que se sitúe donde considera que le corresponde. «"Algún día se nos reconocerá haber hecho crecer de manera extraordinaria los fundamentos de la empresa", concluye.
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