Tras año y medio de reforma integral, el mítico hotel de la Costa del Sol vuelve a la acción. Punto de encuentro de la 'beautiful people' en los 80, su lujo hoy es más refinado. Y se come de cine.

La piscina del Don Carlos, un hotel con acceso a la playa.
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A Mateo Aguilar (62) le delata la sonrisa. Está feliz de ver brillar de nuevo el Don Carlos Marbella, la que ha sido su casa los últimos 44 años. El hotel ha reabierto oficialmente sus puertas hace unas semanas con el lujo por bandera y tras una reforma integral que ha durado año y medio que ha actualizado el que fuera punto de encuentro de la beautiful people de los 80 y parte de los 90.
Este marbellí espigado y amable es uno de los veteranos y todo un referente del equipo; «me encanta cómo ha quedado el hotel. Es un cambio radical», confiesa en uno de los sofás del hall. "Me siento extraño aquí sentado contigo. Nunca lo he estado". Su trabajo pasa por dar la bienvenida a los huéspedes y aparcar los coches cuando es necesario. Elton John, Michael Jackson, Bryan May, David Summers, Naomi Campbell y Marta Sánchez, por no hablar de multitud de jeques árabes y sus respectivos séquitos, se han alojado desde 1969 en el Don Carlos. "Yo trato igual al que viene en un Porsche o en un taxi. La calidez en la bienvenida no significa que no haya cierta distancia".

Mateo Aguilar, en el lobby del Don Carlos hace unos días.
A él le sale ya natural. "Cada uno tenemos que saber dónde estamos". Es el don de la hospitalidad. El nuevo look del hotel, con su torre de 14 plantas de aire setentero, llega de la mano del prestigioso interiorista Jaime Beriestain, quien ha creado un ambiente más sofisticado, más elegante, con la luz del mediterráneo llenando cada estancia de este refugio de la Costa del Sol. Huele a flores frescas, que inundan todos los rincones. Las bandejas de espumosos vuelan por la recepción dando la bienvenida a los primeros huéspedes. "Cuando llega alguien importante, lo sabemos el día anterior», cuenta Mateo, quien calla mucho más de lo que cuenta. "La discreción representa otra seña de identidad de la casa".

Vistas del hotel frente al mar.

Una de las habitaciones del hotel.
Perderse en el Don Carlos es relativamente sencillo. Sus 20.000 metros cuadrados de exuberantes jardines tropicales son de hecho una invitación a hacerlo. Ya contemplarlos desde la terraza resulta hipnótico, con esa gama de verdes y el mar de fondo. En este oasis hay todo lo necesario para exprimir unos días de vacaciones, ya sea en su spa, donde nos miman con los productos de Natura Bissé, o mejorando el revés en el Rafa Nadal Tennis Center, el primero de España.
Mención especial merece la parte gastro del lugar. Desde la amplia oferta de Manero, donde el laterío lleva la batuta, hasta el espacio Sol & Sombra —pida su sándwich club— junto a la piscina pasando por la terraza de Los Naranjos, que siempre es un excelente plan con su cocina andaluza. En la lista de planes no puede faltar la visita a sus míticos beach clubs, que tanta fama han tenido en este icono marbellí que empieza a escribir otro capítulo de su intensa historia.
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