


























Cerrar los ojos en 2026 y abrirlos en 1951. Como si de un viaje en el tiempo se tratase, los huéspedes del Hotel Regente han amanecido hoy en otra época, exactamente en aquella en la que este alojamiento familiar con vistas a Gran Vía echaba a andar. Este 18 de junio cumple 75 años y sus propietarios han querido celebrarlo con una atípica experiencia, redecorando sus zonas comunes y vistiendo a sus empleados como entonces.
Una empresa de atrezzo de cine ha sido la encargada de transformarlo todo. Los mármoles de color negro y los papeles pintados, última tendencia en interiorismo, han mudado en maderas nobles, mobiliario antiquísimo y grandes cortinajes, dejando ocultas las teles de plasma y las paredes de color. Y todo de la noche a la mañana, porque para que la sorpresa fuese mayúscula, el milagro ha sucedido mientras todos dormían.
Los recepcionistas también han recuperado su extinta pajarita y las camareras de piso han vuelto a tocarse con la cofia para acomodar las habitaciones. En la puerta esperaba un coche de época y también un fotógrafo vintage para inmortalizar el histórico momento. Y de esa guisa vestirán durante hoy y mañana.

Un recepcionista en la entrada del hotel, en los 50.E. M.
«Es un guiño al cliente, al empleado, a todos aquellos que han dejado una huella en el hotel», detallaba Sandra Serrano-Piedecasas, quien hoy dirige el negocio junto a su hermana Ana. Ellas son la cuarta generación a cargo de este hotel familiar, construido en 1951, en la calle Mesoneros Romanos, 9, por su bisabuelo, Juan Castellano. «Era un hombre emprendedor y muy adelantado a su época», contaba la actual propietaria sobre su antecesor, que además de una fábrica de harinas, impulsó varios negocios por todo el territorio español.
«Mi bisabuela decoró este hotel. Eran de Benissa (Valencia) y compró allí todo el mobiliario. ¡Los cabeceros originales han estado aquí hasta el 2005! Y algunos los vamos a recuperar para el aniversario», decía emocionada tras mostrar el plano original del inmueble y algunas fotos históricas.
Aunque hubo unos años en los que explotaron el hotel terceros, hacia 1978, y la mujer por bandera, la familia recuperó el control. Su abuela, Consuelo Castellano, y Pablo Villar, el padre del actual director, revitalizaron el establecimiento con la ayuda de su madre, Consuelo Más, quien, llegado el momento, tomó las riendas. En 2020, al jubilarse, les dio a las hermanas el relevo. «Y aquí estamos manteniendo su legado», asegura Serrano-Piedecasas, quien tras trabajar en otras cadenas hoteleras, volvió al negocio familiar, donde había dado sus primeros pasos, para liderar las inversiones, los proyectos y las tareas de márketing y comunicación. Y lo hizo el primer día del estado de alarma.

Vista del Regente y la Gran Vía en el año de su inauguración.E. M.
El Covid, contra todo pronóstico, le sirvió de impulso. No sólo transformó el hotel en un alojamiento de larga estancia -algo que les ayudó con los números-, sino que lo digitalizó. Y también llevó a cabo esas reformas para las que nunca se encontraba momento: «Apostamos, aún estando en pérdidas, por hacer una gran reforma y hacerlo accesible, cambiar la recepción... Nuestra ocupación anual es del 98% y hacer una obra así con el hotel completo era muy difícil», indica la dueña.
Justo antes de que llegara aquella hecatombe ya tenían en mente hacer una fiesta homenaje a su madre, pero la pandemia dejó la idea en un cajón. Ahora han encontrado el momento idóneo para celebrar con este particular atrezzo.
Con un folleto de los 50 años y los recuerdos que atesora Consuelo Más han recreado aquel ambiente de cuando el hotel se inauguró. Esta noche, además, celebrarán una fiesta en el Tablao Torres Bermejas, adosado a su edificio, para brindar y premiar a clientes VIP, empleados, agencias de viajes antiguas...
A lo largo de estos años, el hotel ha cambiado mucho, especialmente en su estética interior. Después de cinco reformas, sólo el suelo y la escalera permanecen intactos. «Hay que ir adaptándose y modernizándose», señala la propietaria antes de reconocer que ir dando ciertos pasos les ha costado: «Las llaves las hemos mantenido hasta hace pocos años por cercanía con el cliente, pero el mercado te demanda...». «Somos vintage en esencia», añade.

Una habitación con el mobiliario original.E. M.
Hoy y mañana viajarán al pasado, aunque habrá cosas que no podrán recuperar. Porque el tiempo ha borrado del mapa oficios que hoy son imposibles de rescatar. «Recuerdo a las telefonistas, igual que a las chicas del cable, cogiendo reservas», decía Serrano- Piedecasas. Personal extinto, como los de ascensorista, portero, botones, ordenanzas, carboneros o molinillos (que hacían girar la puerta de entrada).
Hoy tampoco habrá libro de registros de papel ni esa ficha policial que había que llevar diariamente a la comisaría de la calle de la Luna. Tampoco la llamada mano corriente, donde se llevaba el recuento de quien entraba y salía del hotel, ni las bacalaeras, donde se anotaba la cantidad a adeudar y se iba al banco a cobrar. «Aquello era un trabajazo. Todo estaba en papel. Hoy lo tenemos informatizado», apuntaba la dueña.
Las reservas llegarán por web o mail y no por carta, telegrama, teléfono o fax. Y los recepcionistas no tendrán que tirar de memoria para saber qué habitaciones están disponibles. Y no costarán 50 pesetas.

El libro de registro que usaban antiguamente.ÁNGEL NAVARRETE
Eran tiempos que no volverán, donde los clientes, incluso, se plantaban allí sin haber reservado y se les hacía hueco donde hiciera falta. «Con el hotel lleno, alguno decía: 'Yo no me voy de aquí, duermo donde sea', así que hemos llegado a poner una cama en el despacho», cuenta el actual director del hotel, Pablo Villar, cuya historia personal se entrelaza con la historia de este hotel, que a lo largo de sus 75 años sólo ha tenido dos directores: él y su padre.
Su progenitor entró como botones cuando se inauguró y dada su experiencia -fue la primera promoción de la Escuela de Hostelería de Madrid- fue escalando puestos hasta llegar a la dirección. Él, licenciado en Derecho, comenzó hace 33 años como conserje de noche, un trabajo que compaginaba con las tareas que tenía en otra de las empresas familiares de los Castellano. Cuando dejó ese empleo, asistió a su padre durante años y, en 2003, tomó las riendas del hotel.
Él ha sido testigo de cómo el huésped ha ido cambiando. Antes, marchantes y joyeros, ahora especialmente familias. «En la zona centro hay pocos hoteles para ellas. Y nosotros tenemos muchas habitaciones comunicadas», indica antes de asegurar que tienen «clientes de toda la vida». «Por aquí han pasado generaciones enteras: abuelos, padres e hijos han venido y siguen viniendo». Aunque también es asiduo en esta casa el público de Argentina, que ya reservaba habitaciones cuando se hacía por carta. «El Regente es muy conocido allí y llegan por el boca a boca».

La propietaria y el director del hotel, junto a Joaquín Ardura, en la cafetería del hotel antes de ser 'redecorada'.E. M.
Que el Regente, un hotel familiar de tres estrellas, haya sobrevivido entre tanta franquicia y hoteles de lujo con crisis económicas de por medio, no es cuestión de milagros. «La localización es fundamental pero también el servicio y la calidad», dice Villar. También saber reinventarse y adaptarse a cada momento. «Hemos renunciado a siete habitaciones para poner desayuno buffet, porque era lo que nos demandaban. No puedes quedarte atrás», añadía como ejemplo la propietaria.
Imprescindible han sido también esos empleados para quienes este establecimiento es su segunda casa. Más de una decena de sus 38 trabajadores llevan allí entre 30 y 40 años. Y el resto, más de 20. «Somos una gran familia. Aquí cada vez que se jubila alguien es un duelo, porque son pilares del hotel», expresaba Serrano-Piedecasas. «Es increíble que sean tan fieles con la rotación que hay hoy», agregaba sorprendida.
Algunos de ellos eran (son) familia, otros las han creado tras conocerse allí. Y muchos, recuerda el director, «han desarrollado toda su carrera aquí», como Joaquín Ardura, que lleva casi 50 años y guarda cientos de recuerdos: «Al Regente le llamaban el pequeño Palace, porque había tanto lujo y estaba tan bien construido... Cuando allí se quedaban sin habitaciones, llamaban aquí».

Una habitación actual del Hotel Regente.E. M.
Él, que ha visto crecer «y hacer dibujitos» a sus actuales dueñas y ha sido testigo de los ilustres clientes que ha alojado el establecimiento (por allí, gracias a su cercanía al tablao Torres Bermejas, han pasado Lola Flores, Camarón, Rocío Jurado, Paco de Lucía, Tomatito...), decía que los empleados no sólo le han dado vida a este hotel sino que el hotel también se la ha dado a ellos: «Gracias a la continuidad, muchos han podido crear una familia, comprar una casa, hacer viajes...».
«Cuando hablo de mi trabajo, digo 'mi hotel'. Siempre lo he sentido como propio. Es como mi casa», aseveraba el empleado, que en sus mil tareas -«he hecho de todo menos de director y gobernanta»- ha llegado incluso a dormir allí para no llegar tarde cuando había que trabajar temprano.
«En Gran Vía, todo ha ido cambiando menos nosotros», recordaba con nostalgia el camarero. Hoy ellos también se han transformado pero con otro motivo. Si han echado el reloj atrás es para recordarse a sí mismos y a los demás -señalaba quien está a los mandos- que su esencia de hotel cercano, familiar, de siempre, sigue vigente. Porque ellos tienen claro que no quieren ser uno más.
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