
























Bangkok es, desde hace d�cadas, la puerta de entrada no s�lo a Tailandia, sino a todo el sureste asi�tico. A�o a a�o, la capital afianza su doble apuesta, su doble cara: la de un Bangkok ultramoderno, el de los centros comerciales de lujo, tecnolog�a y aires acondicionados heladores; el de los gastrobares en el barrio chino y cafeter�as hipster en Silom; el de los c�cteles en rooftops con vistas panor�micas desde la planta 60 de rascacielos de cristal; el del metro, el skytrain y la aplicaci�n Grab para pedir un coche.
Pero todav�a existe ese Bangkok canalla y tradicional, que convive puerta con puerta con el otro: �se que ofrece maravillas de su patrimonio hist�rico recubierto con pan de oro, como los edificios del Palacio Real o el Buda reclinado; el de los ruidosos y humeantes puestos callejeros de comida del barrio chino; el de las compras baratas en Pat Pong o Chatuchak; el que se mueve en tuk-tuks que petardean y ponen a prueba los nervios del m�s templado; o el que decide patearse literalmente cada tramo de acera, que, total, qu� importa andar una hora m�s o menos...
Esa puerta de entrada a Tailandia suele ser el preludio a descender a las playas del sur en las que no existe el invierno, con sus arenales paradis�acos, palmeras, aguas turquesas y cocos con una pajita ensartada. No es mala elecci�n, desde luego, pero aqu� vamos a ir contracorriente y mirar hacia el norte, al interior (ya se sabe que la belleza siempre est� en el interior) de un pa�s inabarcable.

La v�a de ferrocarril sobre el r�o Kwai.J. L. M. V.
Por ejemplo, a menos de dos horas por autopista desde la capital est� la regi�n de Kanchanaburi, a la que se llega dejando atr�s plantaciones de tapioca, ca�a de az�car, las inevitables palmeras y pl�tanos, campos de arroz inundados en una llanura perfecta y, siempre, alguna c�pula dorada de un templo modesto. Al fondo, los �rboles de teca y bamb�, cerca ya de las monta�as que marcan la frontera con Myanmar.
En esta regi�n, el destino estrella es el puente sobre el r�o Kwai, el mismo en el que un batall�n de animosos soldados brit�nicos silbaban como si nada en la pel�cula de David Lean (1957). El famoso puente sobre el Kwai existi� y existe, reconstruido tras los bombardeos estadounidenses de 1945. No es el del cl�sico del cine, que se rod� en Sri Lanka, sino una bella estructura de hierro forjado en un paraje id�lico al que se llega tras un paseo en barca por el r�o, al que se asoman viviendas residenciales y alojamientos levantados con gusto entre palmeras y una vegetaci�n exuberante.
El puente, sobre el que se puede caminar tranquilamente (lo cruzan unos pocos trenes cada d�a a paso de jubilado), es tambi�n el punto para coger el transporte hasta el Hellfire Pass: poco m�s de una hora de suave traqueteo en paralelo al r�o para llegar al lugar donde se vivi� una de las mayores muestras de crueldad del ser humano.
En el proyecto de construcci�n de un ferrocarril que uniera el sudeste asi�tico con la India, el Jap�n imperial emple� a cientos de miles de trabajadores esclavos, de los que murieron unos 200.000, 60.000 de ellos prisioneros de guerra, en su mayor�a brit�nicos y australianos. En este punto, una caba�a recrea las duras condiciones de vida y muerte de los presos, y se puede caminar incluso por una trinchera excavada por esos trabajadores y ver los fragmentos de sus barrenas clavados a�n en la roca.
Un monolito conmemora este episodio hist�rico en el que se percibe la contradicci�n de estar en un lugar id�lico que alguien convirti� en el infierno. Quien quiera aprender algo m�s sobre la historia del Hellfire Pass deber�a olvidarse de la pel�cula de Lean y ver la miniserie australiana El camino estrecho, protagonizada por Jacob Elordi.

Atardecer en el hotel flotante sobre el r�o Kwai.J. L. M. V.
Una opci�n para darse un respiro tras el paso por el infierno es buscar la gloria del Float House River Kwai, un hotel al que se accede en barca. Puede decirse que el alojamiento es una atracci�n por s� mismo, con sus peque�as villas flotantes: tres decenas de caba�as unidas entre s� sobre las aguas del Kwai y una terraza desde la que ver pasar el r�o hacia el mar o imitar a los clientes m�s osados y lanzarse al agua con un chaleco salvavidas para dejarse llevar corriente abajo. E incluso hacer pirag�ismo. O buscar el relax absoluto balance�ndose en el columpio de la terraza sobre el r�o.

Templo en Chiang Mai.J. L. M. V.
Otra parada imprescindible en una ruta por el interior de Tailandia es Chiang Mai, la capital del norte: una mezcla perfecta de ciudad con todos los servicios y lugar donde relajarse rodeado de tradici�n thai. Los lugare�os presumen, b�sicamente, de sus cerca de mil cafeter�as (el Gobierno promovi� hace a�os la sustituci�n del cultivo de opio, arraigado desde hac�a siglos, por el de caf�), su clima m�s suave en invierno y sus bazares nocturnos.
De hecho, podr�a decirse que conviven dos Chiang Mai en una. La m�s conocida y vibrante es la que orbita en torno al Night Market, rodeado de hoteles internacionales, restaurantes y peque�os mercados gastron�micos donde probar desde platos t�picos de pa�ses vecinos hasta carnes ex�ticas, como en el Phaploen Market. Y, principalmente, comprar lo que a uno se le ocurra, desde tecnolog�a hasta zapatillas de marca, todo en "buenas imitaciones".

Uno de los m�ltiples puestos de comida callejera en Chiang Mai.J. L. M. V.
Pero hay otra Chiang Mai m�s introvertida y cada a�o m�s sofisticada, con caf�s coquetos y tranquilos, bares con m�sica de DJ y templos decorados con guirnaldas y bombillas al anochecer, como si estuvieran pensados para el Instagram de los visitantes. Es la ciudad que est� en el interior de la cuadr�cula que delimita la muralla, en la que tampoco se renuncia al ambiente los domingos, cuando la calle Rachadamnoen se llena al atardecer, a lo largo de m�s de un kil�metro de puestos de todo tipo, mucho m�s aut�nticos y variados de lo que cabr�a suponer en un mercadillo tur�stico. Es el momento de deambular tomando un zumo de pi�a o comiendo un dulce t�pico: el mango con arroz y leche de coco.

Alimentando a los elefantes en el Elephant Ecovalley.J. L. M. V.
Adem�s de ciudad, Chiang Mai es tambi�n naturaleza y tradici�n rural. Desde all� se puede contratar alguna excursi�n para conocer una aldea local o aprovechar para tener un contacto directo con los elefantes, una especie de la que hay casi 4.000 ejemplares en el pa�s y con la que Tailandia se est� reconciliando tras a�os de maltrato circense.
Son muchos los santuarios de elefantes: peque�os parques en los que los paquidermos viven en entornos cerrados, pero a su aire. No est�n en estado salvaje, como en el Parque Nacional de Khao Yai, pero reciben un trato digno y tienen una vida apacible que permite a los visitantes conocerlos de primera mano. As� ocurre en el Elephant Ecovalley, a una hora y media de Chiang Mai por carretera, un centro donde los visitantes pueden acariciar la trompa de un ejemplar —lo m�s parecido a un tronco de �rbol peludo—, conocer c�mo se produce papel exclusivamente con los fibrosos excrementos de este animal o participar en su ba�o y desparasitado diario en un estanque en el que los ejemplares m�s veteranos se refrescan bajo la cascada y los m�s j�venes retozan tumbados y se divierten lanzando chorros de agua a los ayudantes improvisados, azuzados por los mahout, sus cuidadores, esos hombres que susurran a los elefantes.
Esta reserva est� cerca de la comunidad Ontoi, un entorno rural al que merece la pena acercarse para conocer las tradiciones del norte, desde su gastronom�a hasta la elaboraci�n de tejidos o el uso de hierbas medicinales para calmar el dolor muscular.
Precisamente, combatir los cl�sicos dolores de espalda, cervicales y lumbares es una de las especialidades del masaje tailand�s. En Chiang Mai, centros como el Fah Lanna Spa, est�n concebidos como remansos de paz en el ajetreo de la ciudad y en ellos se ofrecen masajes de una hora con diferentes intensidades (el fuerte es para atrevidos) adaptados a las distintas dolencias de la musculatura o de la piel.

Figuras en el templo japon�s de Lampang.J. L. M. V.
La regi�n de Lampang, tambi�n en el norte del pa�s, a�n a salvo del turismo occidental masivo, tiene desde 2021 un templo con un nombre largu�simo. Es el Wat Phra That Doi Phra Chan, conocido como el Templo Japon�s. Este templo ha comprado muchas papeletas para convertirse en uno de los m�s instagrameados de toda Tailandia. Por su Buda gigante, al estilo del que hay en Kamakura, en Jap�n; por su subida por el monte con una fila de torii coloridos; por los centenares de figuras de gatitos de cer�mica blanca con orejas y bufanda rojas; por las vistas desde lo alto de los arrozales moteados por puntos blancos de las garzas; por esa puerta dorada de estilo thai que parece invitar a hacerse una foto con vistas a la inmensidad y que, entre las brumas de las ma�anas de invierno, dicen, parece flotar sobre las nubes.
Iberojet ofrece vuelos directos desde Madrid a Bangkok, con salidas los jueves y regreso los viernes. En los meses de verano duplica la frecuencia: vuelos los jueves y domingos. Adem�s, Avoris y Catai ofrecen paquetes vacacionales en Tailandia.
Puedes seguir a El Mundo Viajes en Facebook, X e Instagram y suscribirte a nuestra newsletter aqu�
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。