

























Dijo que jamás olvidaría la calle Toledo, "la más populosa y alegre del planeta". Ni la grandeza del Teatro San Carlo, el templo de la ópera en activo más antiguo del mundo, inaugurado en 1737 bajo el reinado de Carlos III. Ni las vistas sobre el Vesubio y el Mediterráneo. Ni ningún barrio de Nápoles porque, "sin punto de comparación", ésta era "la ciudad más hermosa del universo". Las opiniones son de Stendhal, el escritor francés cuyo síndrome de la belleza explicó al mundo ese éxtasis emocional al que uno puede llegar contemplando algo extremadamente bonito.
Y la capital de Campania, pese a su caos, su anarquía y sus enredos, lo es. También lo tuvo claro el poeta alemán Goethe, cuya frase "Ve Nápoles y, después, muere" es un dicho popular. No en vano, el autor de Fausto vivió en el hostal Moriconi, en una esquina de la actual galería Umberto I, desde donde cualquier calle ofrecía "un espectáculo inimitable".

Vista de Nápoles, con el Vesubio al fondo.SHUTTERSTOCK / I. GARCÍA
Trasladado al día de hoy, se traduce en la perpleja convivencia entre monumentales plazas salpicadas de palacios, iglesias y edificios públicos —de la del Plebiscito a las del Municipio, Dante o Trieste e Trento— y búnkeres de la II Guerra Mundial. Entre elegantes barrios como el de Vomero, entre colinas, y las callejuelas estrechas salpicadas de vespas y fachadas desconchadas con ropa tendida de Spaccanapoli, Via Tribunali o Quartieri Spagnoli.
Ahí se apostaron en el siglo XVI las tropas españolas por orden del virrey Pedro de Toledo —quien da nombre a la principal calle comercial, Via Toledo— por si debían reprimir revueltas en la época en la que el reino de Nápoles formaba parte de la corona hispana.

Callejuelas del centro histórico.
Los contrastes siguen con esas terrazas de diseño que miran a la bahía en oposición a los más que modestos puestos de pizza margarita (se inventó aquí en honor a la reina homónima, esposa de Humberto I) a portafoglio para llevar doblada y envuelta en papel. También aquí se ha elaborado la más larga del mundo, según el Récord Guinness: 1.853,88 metros desplegados por el paseo marítimo.
Igual de autóctonos son los altares que pueblan las esquinas en los que igual se reza a San Genaro, el patrón del que se licúa la sangre cada 19 de septiembre, que a Diego Armando Maradona, auténtico dios desde que llevó al equipo local, el Nápoles, a ganar dos veces la liga italiana en los 80 y 90. De ahí que la figura del argentino se repita en grafitis, camisetas, estadios, platos...

La galería comercial Umberto I.
Por todo eso, no sorprende la inscripción del metro de Montesanto de Non è vero, ma ci credo (No es verdad, pero me lo creo), el título de una comedia del venerado actor Peppino de Filippo y pura declaración de intenciones de los lugareños.
Y es que cualquier cosa puede pasar en esta vibrante metrópoli que ha luchado para desterrar su imagen de incómoda e insegura, abriéndose al turismo y apostando por la cultura, el arte urbano y la gastronomía como patas sobre las que se asienta esa nueva forma de disfrutar Nápoles a fuego lento, pero sin obviar el inherente jaleo que le da vida, sentido y encanto.

La Plaza del Plebiscito, la más grande de la ciudad.
A ello se une una jugosa historia rematada a golpe de curiosidades, mitos y leyendas desde que la sirena Parténope intentara conquistar a Ulises con su canto. Deprimida por la derrota, se ahogó. "Su cuerpo fue arrastrado hasta la orilla, donde antes de morir puso un huevo. La hallaron unos navegantes griegos, quienes crearon la ciudad con su nombre", relata la guía Chiara Sbragia frente al Castel dell'Ovo (Castillo del Huevo), el más antiguo de la urbe y donde fue encontrada la ninfa.
El poeta Virgilio escondió el alimento en los sótanos con un fin: mientras no se dañara, la población se libraría de males y epidemias. La prueba de fuego llegó con el gran terremoto de 1370, cuando los habitantes preguntaron, inquietos, por el huevo. "La reina Juana I dijo que no se preocuparan, que estaba intacto", añade en tono jocoso Sbragia mientras prosigue su ruta entre los barcos y restaurantes de marisco y pescado fresco del coqueto Borgo Marinari (pueblo de pescadores) y el paseo marítimo, en la zona de Chiaia y Santa Lucía, donde también está el hotel más emblemático de Nápoles, el Eurostars Excelsior, icono inaugurado en 1908 en estilo liberty tras una construcción en tiempo récord de 10 meses.

Embarcaciones atracadas frente al hotel Excelsior Eurostars.
Desde entonces, han pasado por él todo tipo de celebridades. De Alfonso XIII a Theodore Roosevelt, Winston Churchill, Alfred Hitchcock, Orson Welles, Andy Warhol, Bill Clinton, Jennifer Lopez, Tom Cruise o Lady Gaga. En él se han grabado, además, películas como Te querré siempre, de Roberto Rossellini, o El juicio universal, de Vittorio De Sica, y series como Los Soprano. Sede de la Cruz Roja en la I Guerra Mundial y hospital, en la II, el hotel ha sido testigo de cada peripecia del siglo XX y lo que va de XXI.
De diseño clásico, tanto el lobby como los salones de baile y las 122 habitaciones (20 suites) destilan ese aire refinado de la belle époque, con elementos característicos como las lámparas de cristal de Murano, la escalera de mármol de Carrara, las maderas nobles y las paredes revestidas de seda. El apartado culinario está representado por el restaurante La Terrazza, de cocina mediterránea y guiños locales, situado en la séptima y última planta, por lo que las vistas sobre el Golfo de Nápoles, con el desafiante Vesubio al fondo y el Castillo del Huevo enfrente, son únicas.

Fachada del Excelsior Eurostars, inaugurado en 1908.
Toca bajarse de allí arriba y continuar descubriendo la ciudad con algunas de las experiencias personalizadas propuestas a los huéspedes. De un paseo guiado por el centro a un crucero por la bahía, una cata de vinos en el Vesubio, una visita a Pompeya o un taller de pizza con Diego Vitagliano, el mejor pizzaiolo del mundo en varias ediciones del ránking 50 Top Pizza gracias a su original aplicación de técnicas panaderas. Por eso, fermenta la levadura 36 horas y no 12, como es lo habitual.
Su 10 Pizzeria Diego Vitagliano —el nombre del chef y el 10 se deben a Maradona, sí— es el escenario en el que los pinches elaboran sus creaciones de "pizza contemporánea que no olvida la tradición napolitana", lema del maestro. Ellos amasan, eligen los ingredientes, la meten en el horno... y la degustan después, claro.

Taller de cocina en 10 Pizzeria Diego Vitagliano.
Es uno de los cursos que ofrece la agencia creativa Worldwide Reps Italia, a los que se unen otros de sastrería, joyería (ojo a los camafeos y filigranas) e instrumentos musicales, así como rutas de arte urbano. Éste marca el nuevo rostro de ese Nápoles abierto y acogedor que incluye centenares de grafitis decorando puertas, bloques de pisos, calles enteras e incluso edificios añejos reconvertidos en centros sociales.
El citadísimo Maradona lidera el protagonismo de las temáticas, seguido de personajes como Sofia Loren, el Che Guevara, San Genaro (14 metros de alto mide su mural de Via Vicaria Vecchia), Pier Paolo Pasolini o La Madonna con pistola, obra del famoso Banksy. Roxy in the Box, Jorit Agoch o Diego Miedo firmarían, entre otros, el resto.

Interior de la estación de metro de Toledo.
La estela cultural continúa en la nutrida lista de museos. Del Arqueológico (MANN), con su extraordinaria colección romana (empezando por los restos de Pompeya) y egipcia, al Madre (de arte contemporáneo), la Capilla de Sansevero, la Galería de Italia (con piezas de Caravaggio o Luca Giordano) o el del Agua (Lapis), que permite conocer el mundo subterráneo de Nápoles, lleno de catacumbas, grutas y túneles.
Éste, en concreto, se transformó en un búnker durante la II Guerra Mundial, "al ser la ciudad más bombardeada de Italia debido a su puerto", apunta el guía Mariano Matrone, mientras ilumina las cisternas greco-romanas que recorren los bajos del edificio, la basílica de Pietrasanta. Y es que el mundo subterráneo de la metrópoli es todo un espectáculo, empezando por estaciones de metro como la de Toledo, considerada una de las más hermosas del mundo y diseñada por el arquitecto español Óscar Tusquets en 2012. Es una de las que forman parte del proyecto Estaciones del Arte, que busca integrar el arte contemporáneo en este espacio público, siendo un ejemplo más de la apuesta por la cultura en la ciudad. Y de las mil y una caras que esconde la antigua Parténope.

Interior subterráneo de la basílica de Pietrasanta.
CÓMO LLEGAR
Iberia vuela a Nápoles de forma directa desde varios puntos de España.
DÓNDE DORMIR
Eurostars Hotel Excelsior (eurostarshotels.com). Situado en el paseo marítimo y con vistas únicas al Vesubio y al Golfo de Nápoles, por este histórico alojamiento de 1908 han pasado personajes como Churchill, Warhol, Hitchcock, Clinton... Su elegante clasicismo se advierte en los detalles, con lámparas de cristal de Murano, mármoles de Carrara, sedas...
DÓNDE COMER
El restaurante La Terrazza, en la última planta del Excelsior, ofrece alta cocina mediterránea mirando a la bahía. En el barrio marinero, Scialuga es una gran opción para degustar pescado y marisco fresco. No hay que perderse tampoco 10 Pizzeria Diego Vitagliano, mejor pizzero mundial en varias ocasiones
MÁS INFORMACIÓN
En Turismo de Nápoles: visit-napoli.com

Mesas con vistas al Mediterráneo de La Terrazza.
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