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El magnate estadounidense Ted Turner, fallecido el pasado miércoles a los 87 años, no necesita demasiada presentación. Al menos entre los que no crecimos informándonos en TikTok. El fundador de CNN (y de todo lo que esta cadena supuso), fue marido de Jane Fonda (su mejor ex marido, diría la actriz), el mayor donante a las Naciones Unidas (mil millones de dólares, una cifra cercana a la deuda que entonces acumulaba su país con el organismo; porque podrá no gustarte la ONU, pero más feo es deber dinero), medioambientalista (cuando muchos todavía no sabían que era necesario) y también terrateniente (llegó a ser el mayor de Estados Unidos) con dos millones de acres (unas 800.000 hectáreas) repartidos entre Montana, Nebraska, Nuevo México, Kansas y Dakota del Sur.
Parte de esas tierras, hoy integradas en las Ted Turner Reserves, han sido en los últimos años reconvertidas en hoteles concebidos como herramientas de conservación. Emplazada al norte de Nuevo México, junto a la frontera rocosa de Colorado, la joya de la corona es Vermejo. El rancho, con escala y dramatismo de parque nacional, es puro gran Oeste americano. En sus 550.000 acres repartidos entre praderas, alto desierto, bosques y tundra alpina conviven osos, pumas, alces, ciervos, linces, más de 180 especies de aves y una de las mayores poblaciones de bisontes del país.

Fachada de Casa Grande, de inicios del siglo pasado, en su día la residencia privada de Ted Turner y Jane Fonda.BEYOND GREEN

La mesa de billar de Casa Grande, que cuenta con siete dormitorios. Éstos pueden reservarse individualmente o la casa en su totalidad.
Miembro de Beyond Green, la colección de hoteles más sostenibles del planeta, Vermejo es mucho más que un hotel. Ted Turner adquirió la propiedad en los 90 y cerró incluso la mina de carbón que existía en los terrenos. También eliminó cientos de kilómetros de vallas para devolver libertad de movimiento a la fauna salvaje. "Salvarlo todo", nos explican allí, era su lema.
La estancia transcurre entre safaris en todoterreno, rutas a caballo, pesca, senderismo o cenas frente a las montañas Sangre de Cristo, pero lo verdaderamente singular es que todas esas experiencias están concebidas desde la idea de conservación. Los propios guías explican cómo se reintrodujeron especies, cómo se recuperaron las truchas degolladas del Río Grande o por qué el número de bisontes se mantiene cuidadosamente controlado para garantizar la sostenibilidad del ecosistema.
Es imposible entender Vermejo sin la obsesión de Turner por estos animales. Según cuentan, todo comenzó cuando tenía once años y descubrió en un ejemplar de National Geographic Society que el bisonte americano estaba al borde de la extinción. Al preguntarle a su padre cómo podía salvarlos, éste le respondió: "Tendrás que comprar uno, después otro...". Décadas más tarde, Turner acabaría convirtiéndose en el mayor propietario privado de bisontes del mundo. En Vermejo viven más de mil ejemplares de la rara raza Castle Rock, moviéndose libremente entre ríos y montañas como una visión antediluviana del Oeste perdido.

Caballos salvajes que aquí conviven con osos, pumas, alces, ciervos, linces y bisontes.

Turner acabaría convirtiéndose en el mayor propietario privado de bisontes del mundo.
También el alojamiento refleja esa idea de autenticidad sin artificio. Los huéspedes pueden alojarse en la histórica Casa Grande —decorada en su día por Jane Fonda—, en la Turner House o en siete cottages dispersos por la propiedad, todos con esa elegancia sureña y algo nostálgica de los grandes lodges norteamericanos. Aquí el lujo se mide más en silencio, cielos estrellados y ausencia de masificación que en ostentación. No hay aeropuerto privado, ni piscina, ni voluntad de domesticar el paisaje. Sí vemos un estanque. "A Jane le encantaba nadar aquí, rodeada de naturaleza", solía contar Turner.
La gastronomía, profundamente ligada al rancho, completa la experiencia. El chef Giovanni Lanzante trabaja con productos cultivados en la propiedad y reivindica una cocina sencilla donde prima la materia prima. En la mesa aparecen verduras del invernadero, pesca local y, por supuesto, la célebre -y deliciosa- hamburguesa de bisonte, casi un símbolo de este lugar donde conservación, paisaje y hospitalidad forman parte del mismo relato.
Más que un hotel, Vermejo funciona como un enorme laboratorio de conservación a cielo abierto en el que todos parecen conscientes de estar participando en algo que trasciende la hospitalidad. Este es, en fin, el gran legado de Ted Turner, quien se aseguró de garantizar que, tras su muerte, aquellas tierras "no terminaran convertidas —como le citaba uno de sus empleados— en campos de golf".
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