




















Un road trip de 30 días a lo largo de 5.000 kilómetros, 10 estados, 73 horas al volante, 21 festivales y conciertos, incontables desvíos, tropecientos personajes, varios kilos de comida cajún, algún que otro fantasma, mucha anécdota... y un río, el Misisipi, eje vertebrador de este viaje histórico, artístico, cultural y, por qué no, sentimental en busca de las raíces musicales de Estados Unidos.
Es el baile de cifras que condensa la Ruta 61, también conocida como The blues highway (la autopista del blues), ésa que, siempre a la sombra de la famosísima y mucho más comercial 66, discurre en paralelo al curso del río de norte a sur, desde su nacimiento, en el lago Itasca de Minnesota, hasta su desembocadura en el Golfo de México, cerca ya de Nueva Orleáns, la cuna del jazz.

La periodista Elena Ortega, en el Auditorio Ryman de la Ruta 61.
Es el recorrido que se ha marcado la periodista extremeña Elena Ortega, especializada en turismo y viajes y con varias idas y venidas por el globo a sus espaldas, para plasmarlo en las 192 páginas de su primer libro, Ruta 61. Un viaje sonoro siguiendo el Misisipi, recién publicado por la editorial Anaya Touring. Aunque ella ha preferido ir a contracorriente y hacer el periplo al revés, de sur a norte, empezando por la legendaria ciudad de Luisiana de reminiscencias españolas y francesas y concluyendo en el lugar de origen del río más largo del país (y el cuarto del planeta). O "el padre de las aguas", como lo llamaron los indígenas ojibwa.
Pues bien, a Ortega no se lo ocurría un final mejor para su aventura, que llevaba programando desde hace una década y que, por fin, materializó el verano pasado. "He podido cumplir mi sueño americano", señala orgullosa de su criatura literaria, que de alguna forma homenajea a su padre, pianista, y a toda la escena musical que mamó de cría. Y eso que pensaba que su primera novela sería esa "de amor y un importante suceso histórico" que lleva rumiando desde hace años, pero que no ha llegado a rematar. "Ya de niña escribía guías de los viajes a Disney, París o Londres con mi familia", recuerda.

Una banda de jazz en Nueva Orleáns.
Estructurado en ocho etapas geográficas, en la obra se alternan la crónica personal con una guía práctica, acompañadas de fotografías tanto históricas (ojo a ese Bob Dylan durante la grabación del disco Highway 61 Revisited en 1965) como actuales, una cartografía del ilustrador Jordi Català y una banda sonora descargable a través de un código QR. "Es el libro que me hubiera gustado tener al iniciar el viaje", resume.
No en vano, lo primero que le sorprendió fue la escasa documentación que había sobre esta ruta, pese a "contar la historia de todo un país a través de su música. Y no sólo eso, sino la historia de los sonidos modernos del resto del mundo". Se traduce en un compendio de relatos entrelazados que ahondan en el germen de la música contemporánea. "Todo lo que escuchamos ahora está influido por ese itinerario y su contexto social. Sin él no existirían bandas como los Rolling Stones o los Beatles", explica.

La escritora, durante el recorrido.
Como ejemplo, resuenan los ecos de aquellos esclavos que, tras machacarse de sol a sol en los campos de algodón, celebraban su día libre con danzas folclóricas en la Congo Square de Nueva Orleáns, donde también vino al mundo Louis Armstrong, uno de los padres del jazz. La periodista incluso asistió al festival que cada agosto le rinde tributo su ciudad natal, el Satchmo SummerFest. "Como guiada por el flautista de Hamelin, de repente me vi envuelta en una procesión que transportaba el ritmo de trompetas, trombones, tubas y bombos de calle en calle hasta el Museo del Jazz".
Los inicios de Elvis Presley en la iglesia evangélica de Tupelo no faltan, así como su huella eterna en Memphis, donde coincidió Ortega con un concurso de imitadores del rey del rock and roll. También se topó con las fans de Taylor Swift en Nashville, donde se mudó la cantante con 14 años para triunfar en el universo country.

Botas de 'cowboy' en una tienda de Nashville.
Por la novela desfilan igualmente las andanzas de B. B. King, Muddy Waters, Tina Turner o el fantasma de Robert Johnson, el rey del delta blues. Y es que dicen que éste se aparece en el lugar donde vendió su alma al diablo para alcanzar la gloria. ¿Dónde? En uno de esos cinematográficos cruces de caminos, el de la Ruta 49 con la 61, en la población de Clarksdale (Misisipi).
Ese enclave, precisamente, protagoniza la portada de la obra. "Me impresionó su figura porque Johnson ha influido en infinidad de leyendas". Hasta el punto de ocupar el quinto puesto en la lista de los 100 mejores guitarristas de todos los tiempos de la revista Rolling Stones. También se cuelan personajes menos populares como el pianista cubano Víctor Campbell, quien ha participado en Sinners, la película con más nominaciones (16) de los Oscar. Otro ejemplo de las mil historias que la escritora tejió en la carretera.

La portada del libro de Anaya Touring.
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