



























"Somos gente normal", aseguran Luisa y José Carlos, que han esquivado revueltas en Senegal. También han sido invitados a una boda en Guinea y a un entierro en Ghana. En Camerún han comido serpiente. En el Congo han visto gorilas espalda plateada. Y han tenido que lidiar con la malaria y vivir de cerca el vudú en Togo. Lo normal.
Todo empezó hace diez años. Luisa García y José Carlos Martínez, química e ingeniero agrónomo, respectivamente, albaceteños los dos, dejaron todo lo que tenían entre manos para iniciarse en esto que podríamos llamar el olimpismo de los viajes: esas aventuras que duran meses, incluso años, mientras se recorren largos trechos del globo con ajustado presupuesto. Ese primer gran viaje les llevó de Alaska a Tierra de Fuego. En total,19 meses que cambiaron su biografía. "Nos cautivó esa manera de vivir". Desde entonces, no han querido otra forma de pasar por este mundo si no es viajando, al volante de una camioneta donde caben, de sobra, su hogar y, más estrechamente, todos sus sueños. Y mientras, han escrito tres libros sobre ello.
Desde aquel roadtrip americano —con boda propia en Las Vegas, incluida—, los trotamundos manchegos han sumado un periplo de año y medio por Europa hasta el Cáucaso y 17 meses por África Occidental. Este viaje, el último, es el que les trae a Madrid este fin de semana. Porque la pareja —@manchegostrotamundos en Instagram— es protagonista de ‘Mundanos: historias sobre viajes extraordinarios’, un evento que se celebra por primera vez este 9 de mayo en El Almacén de Viajes, ubicado en el barrio de Usera.
Junto a otros participantes, Luisa y José Carlos revelarán cómo dieron un cambio radical a sus vidas para lanzarse a la carretera. La jornada estará presentada por Marta Insausti, otra gran viajera que ha dado la vuelta al mundo en moto en solitario.
Para los manchegos este es sólo un alto en el camino. "Estamos recorriendo África por fascículos, parando donde surge para trabajar y rellenar la hucha y seguir el camino", cuenta Luisa. Viajan ligeros. Ahora mismo, La Española, como han bautizado a su camioneta, les espera en Namibia. Es una pick-up con una "camperización básica": un depósito de agua, una placa solar, una cocinilla de gas. Duermen sobre el techo en una tienda de campaña impermeable y "bastante" resistente al viento. "Es ideal para África porque siempre hace buen tiempo. Antes de ésta tuvieron otra camioneta más pesada y se las arreglaron para partirle el chasis. Lo normal. Así que para África decidieron adelgazar su vehículo unos 800 kilos. Y menos mal.

Junto a un sacerdote vudú en Togo.

Los viajeros en ruta por Camerún.
"Es un recorrido duro, donde vas encontrando un poco de todo: muchas fronteras, el clásico en el continente de la policía corrupta, cientos y cientos de controles", relata Luisa. "Muchos obstáculos que hay que ir sorteando", asiente José Carlos. "Viajar por África pone el listón aún más alto, pero las recompensas son enormes". Los viajeros destacan en ese sentido el contacto diario con la gente y su generosidad con el forastero que les ha permitido participar en celebraciones íntimas, como una boda en Guinea, el funeral de un rey (Ghana) o una iniciación de jóvenes (Gambia). Todas cosas que los manchegos se encontraban "por casualidad". Una noche, una tormenta tremenda les sorprendió atravesando la jungla en Camerún y un árbol caído les bloqueó el camino. "Acabamos en una aldea cenando serpiente con la gente local", recuerda la química. "Nosotros sólo teníamos un cuchillo de Albacete, pero ellos, al día siguiente, cogieron un par de machetes y cortaron el árbol para que pudiéramos seguir nuestro camino. Hemos tenido muchísimos problemas con La Española y siempre nos han sacado de todos los apuros".
Luisa recuerda la travesía por Togo y Benín como uno de los momentos álgidos del viaje, pese a que fue donde José Carlos se contagió de malaria. Él recuerda la República del Congo como uno de los rincones que muestran toda la grandiosidad de la naturaleza africana, con el premio adicional de ver a los gorilas espalda plateada. "Pero son muchos los países que nos han conquistado". Y luego están los intangibles. "La libertad de elegir cada día lo que quieres hacer". Cuentan que se han vuelto más básicos, que se han dado cuenta de que no necesitan casi nada para vivir y que son mucho más amoldables. "Nos adaptamos a cualquier bombardeo", asegura la viajera. ¿Y qué consejos darían a otros viajeros? "Lo único fundamental es una actitud positiva ante la adversidad", apunta Luisa. "Somos gente normal, hasta un desastre", insiste José Carlos. "Lo que pasa es que cuando algo nos gusta y se nos mete en la cabeza vamos a por ello".
Les quedan unos meses de trabajo en Arabia Saudí donde han estado escribiendo y manteniendo campos de golf. En noviembre tienen pensado volver a Namibia a por La Española y seguir recorriendo el continente. ¿Y después? Después vendrá una ruta hacia los tanes: Kazajistán, Kirguistán...
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