El cinco estrellas The One Alma Paris, situado a 10 minutos de la Torre Eiffel y el Museo D'Orsay, es la excusa ideal para dejarse caer por 'la ciudad de la luz' un fin de semana de estos.

El Rofftop, con la Torre Eiffel al fondo.
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No importa si llueve ni si hace viento. Tampoco que pique el sol ni que haya bullicio constante alrededor. París emociona de todas las maneras posibles. En verano o en invierno, pero sobre todo en primavera, cuando la ciudad transmite una luz especial y sus jardines y parques lucen su mejor cara. En ese deseo de (re)descubrir la ciudad de la luz tomamos como base de operaciones The One Alma Paris, el nuevo hotel de la división de lujo urbano de la cadena The One by H10 Hotels, un remanso de paz con una ubicación privilegiada a pocos minutos de la Torre Eiffel caminando y a un agradable paseo del Museo D'Orsay. Se tire por donde se tire, la urbe se presenta apetecible.
Nos encontramos en la rue Cognacq-Jay, en el elegante distrito de la rive gauche parisina, rodeados de señoriales edificios de grandes ventanales. El nombre de la calle tiene su historia. El matrimonio de Ernest Cognacq y Marie-Louise Jay, creadoras de los famosos grandes almacenes La Samaritaine, da nombre a la vía. Ellos, nos cuenta el director del hotel, pusieron la condición cuando donaron parte de su legado a la ciudad, que en su calle no abrieran comercios ni tiendas con el fin de mantener la tranquilidad que tanto les gustaba.

Fachada del hotel parisino.
El hotel que ahora ocupa los números 10 y 12 de la calle hubiera sido seguro de su agrado. Confort, elegancia y una atención de lujo podrían ser las señas de identidad del lugar, en el que una imponente escalinata y una lámpara de murano dan la bienvenida a los huéspedes. El estilo art déco arropa los espacios en torno a la recepción, donde prácticamente todos los miembros del equipo hablan —o chapurrean— español.
Antes de subir a la habitación, una copa de espumoso o un café cremoso en el Lobby bar, donde en invierno no falta la chimenea. Este es el espacio perfecto para una relajada conversación tras haber recorrido el barrio de Le Marais o haber seguido el cauce del Sena sin prisa pero sin pausa. Entre tanto relax, no deje de contemplar alguna de las obras de arte que cuelgan de las paredes; hay piezas originales de artistas como Jan Voss, Jean-Pierre Pincemin o Czesaw Zuber.

El Lobby bar, el punto de encuentro ideal.
De alojarse el matrimonio Cognacq-Jay en The One Alma Paris, lo harían sin duda en la Suite Eiffel, 70 metros cuadrados con vistas a la torre más icónica de la ciudad. Ofrecen una amplia variedad de habitaciones, que van de la superior a la opción familiar para viajar con la troupe. Por cierto, la visita —y obligada subida— a la Torre Eiffel hágala al atardecer. La postal desde el piso más alto que se puede visitar -276 metros de los 330 que mide- permite contemplar el Arco del Triunfo, el Sacré-Coeur o la torre Montparnasse.
Si tiene previsto viajar próximamente a la ciudad, reserve con antelación las entradas en la web para disfrutar de la exposición Renoir y el amor. La feliz modernidad que acoge el Museo D'Orsay, centrada en los primeros 20 años de la carrera del pintor impresionista. Cuando salga, siga caminando hasta llegar a Saint Germain des Prés, uno de los barrios más encantadores de París. Más allá de los clásicos cafés Les Deux Magots y el Café de Flore, sus calles acogen pequeñas tiendas y galerías de arte que son una tentación para hacer se con ese souvenir deseado.

Las escaleras de la entrada.
De regreso al hotel, puede apetecer relajarse en el hamman y la sauna, mimarse con alguno de los masajes —previa reserva— o se puede optar por algo de entrenamiento de fuerza en el gimnasio —abre las 24 horas— o simplemente por estirar los músculos tras un día en el que la cifra de pasos dados supere probablemente los cinco dígitos.
El día se comienza y se termina en la terraza cubierta del hotel, rodeados por el encanto de los tejados vecinos. En Le Sommet Rooftop Lounge, ubicado en la séptima planta, se sirven los desayunos a base de bollería recién hecha y tortillas al gusto preparadas al momentos. Sin duda uno de los mejores momentos del día. Por la noche, el escenario se transforma para las cenas con una luz tenue e íntima. Hora de brindar por toda la buena energía que aporta un fin de semana en la capital francesa.

Una de las 40 habitaciones.
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