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"Nada más llegar se respira una atmósfera diferente, de pausa, de desaceleración. Brindamos ese ritmo totalmente sosegado para poder disfrutar de un tiempo de bienestar de calidad". Así describe César Gil, alcalde de Mondariz-Balneario, en Pontevedra, la experiencia en las villas termales de España, un secreto aún por descubrir para muchos viajeros que combina diversos aspectos, todos sugerentes, de nuestra geografía: la riqueza de nuestras aguas mineromedicinales, la belleza de nuestros pueblos, su gastronomía y la naturaleza que los rodea.
En España, la Red de Villas Termales reúne a más de 70 destinos en todas las comunidades autónomas. Desde pequeños pueblos rurales rodeados de montañas y bosques, hasta ciudades históricas con tradición termal, cada localidad tiene una identidad propia. Si aún está buscando un lugar donde pasar unos días de vacaciones este verano, estos balnearios son una excelente alternativa.
La villa termal Mondariz-Balneario es un ejemplo perfecto. Con dos kilómetros cuadrados, este minúsculo municipio es el más pequeño de Galicia (y uno de los más pequeños de nuestro país) concentra, sin embargo, muchos tesoros históricos y naturales, además de un rico anecdotario alrededor de la cultura balnearia. En estas aguas se zambulleron huéspedes tan ilustres como el mismísimo Rockefeller. También Primo de Rivera, la Infanta Isabel de Borbón, Luis Peral, Emilio Castelar... Son muchas las curiosidades que dan cuenta de la importancia que tuvo Mondariz como referente termal de Europa desde finales del siglo XIX : el complejo llegó a acuñar una moneda propia, a contar con un programa de ópera y a editar una gaceta.
Un lugar muy atractivo para relajarse o, como subraya Gil, "para pasar de la quinta marcha en una ciudad como Madrid a la primera y desconectar". También para empaparse de este rincón de Galicia: "Queremos que la gente venga al balneario, pero también que descubra el entorno y disfrute de todo lo que ofrece nuestro territorio, desde la gastronomía hasta el vino o el deporte".
Quizá nunca haya oído hablar de Vega de Tirados, en la provincia de Salamanca, pero sí del histórico Balneario de Ledesma. Apenas seis kilómetros separan ambos lugares. Es otro ejemplo de villa termal, aunque muy distinto. Nos situamos en la dehesa charra, a orillas del río Tormes, donde se encuentra uno de los complejos termales más grandes de España, con una capacidad cercana a las 600 personas.

Baños de la villa termal de Archena.
Pero también aquí hay un deseo de que el usuario del balneario se vaya "envolviendo de nuestra historia y de nuestro patrimonio", explica el alcalde Javier Calvo. Y pone ejemplos: rutas senderistas por el entorno, un "maravilloso proyecto de murales que recoge el origen de nuestro municipio en la pedanía de Vega de Tirados" y hasta un mapa sonoro con el que el visitante puede escuchar la historia del municipio contada por los propios vecinos. "Combina a vecinas de 90 años con otras de 15 o 16 explicando nuestra historia".
Otra experiencia muy recomendable es la que se vive en la villa termal de Caldes de Malavella, en Girona, un pueblo de unos 9.000 habitantes donde los baños en aguas mineromedicinales se entremezclan con incursiones en las playas de la Costa Brava o caminatas frente al Mare Nostrum que conectan todo el entorno.
Sergi Mir, alcalde del municipio, recuerda que el termalismo es, en realidad, "el turismo antes del turismo", ya que a estas estaciones termales se acudía de toda la vida para curarse. "La Organización Mundial de la Salud dice que la salud no solo es física, sino también mental y emocional; pues estas aguas nos lo curan todo". Una villa termal sirve para "respirar y bajar el ritmo", continúa Mir. "Sirve para ponerse al día, ordenarse internamente y salir de la rutina: el termalismo es la industria de la felicidad".

Villa Termal de Manzanera.
Escuchando a Mir, no extraña nada que el turismo vinculado al bienestar esté cada día más en boga. Son destinos, además, que no están masificados. Al contrario, ofrecen un modelo de turismo sostenible que mantiene una estrecha relación con la conservación del entorno y con el uso responsable del agua como recurso natural singular.
Además, el termalismo juega un papel clave en municipios que, a menudo, se ubican en las zonas más despobladas de nuestra geografía. Como explica su presidente, Luis Menor, "muchas de las villas se encuentran en zonas rurales o de interior donde el turismo ayuda a generar actividad económica durante todo el año, contribuyendo a reducir la estacionalidad y a dinamizar el comercio y los servicios locales".
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