A punto de celebrar las cuatro décadas, este hotel ubicado en pleno campo se renueva sin perder su esencia de la mano de Único Hotels.

Vista del hotel, enclavado entre la naturaleza.
Actualizado
La carretera de entrada a Finca La Bobadilla se pinta entre olivos y suaves colinas. Corre una suave brisa, que entra por la ventanilla del coche, dando la bienvenida al verano que, aunque quedan semanas para que llegue, ya se huele. La postal de este hotel cinco estrellas escoltado por la Sierra de Loja se asoma como un pequeño pueblo andaluz blanco enclavado en el campo, entre fuentes, plazas y una calma que empapa cualquier momento del día. No es baladí que haya sido durante años uno de los máximos exponentes del lujo silencioso, ahora renovado tras adquirirlo el grupo Único Hotels. Ubicado a una hora de Granada y 40 minutos de Málaga, lo cierto es que cuando uno se adentra en su historia se convierte en un destino en sí mismo.
Esta nueva etapa mantiene ese apego al terreno, al entorno, a esas 350 hectáreas de campo andaluz que se pueden recorrer a caballo —hay seis en su renovado centro equino, que ahora es propiedad del hotel—. Wendy, una pony que tiene 32 años, se ha convertido en una de las veteranas del lugar. La cantidad de experiencias que ofrecen es uno de los motivos por los que muchos huéspedes no salen del hotel. Bueno y que la reforma a punto de cumplir los 40 le ha sentado de cine. El espectacular paisajismo, con hermosos árboles de flor, pinos, cipreses, abetos y olivos, lo firma Rocío Sainz de Rozas. La idea principal ha sido integrar y dejar hablar a los elementos que ofrece la finca, que si se prefiere se puede descubrir en bicicleta también.

La piscina exterior de Finca La Bobadilla.

Dos huéspedes disfrutan de un paseo a caballo.
Llegamos a la recepción, inspirada en la Mezquita de Córdoba. El efecto wow!, garantizado para el huésped extranjero, pero también para el local. Las 73 habitaciones que tiene el alojamiento han sido actualizadas y han ganado en luminosidad sobre todo. Todo el interiorismo, obra de Pilar García-Nieto, ha sabido respetar la esencia con pequeños pero significativos cambios. La historia de La Bobadilla arranca en los años 80, de la mano de un médico suizo y un abogado alemán, amigos que soñaban en un principio con abrir un restaurante de lujo en mitad de la campiña y acabaron montando un hotel... de lujo. De ese lujo silencioso del que tanto se habla ahora y que en este cinco estrellas llevan practicando, quizá sin haberle puesto nombre, desde hace décadas.
Otra seña de identidad que se acentúa en esta nueva etapa es la apuesta por lo local y lo cercano, algo que se aprecia a la hora de elegir a los proveedores: la repostería, las magdalenas y los molletes de Antequera que se sirven en el desayuno llegan de la Tahona de Fuente Camacho, panadería con más de 70 años de historia ubicada en Loja. Los dulces artesanales que elaboran las monjas del Convento de Archidona se dejan como detalle en las habitaciones, otra muestra de esa apuesta por potenciar lo que tienen en el entorno.

Tablas de quesos y embutidos.
La gastronomía ha dado un giro notable en el hotel. Ya no hay estrella Michelin en ninguno de sus restaurantes y la propuesta se centra en crear cartas donde brille el producto y predominen sabores reconocibles. El Mirador, situado frente a la enorme piscina exterior, ofrece una carta informal a base de croquetas, ensaladas de aguacate y burrata, pescados, ya sea pulpo o dados de rape, y carnes. El Cortijo se mueve en la misma línea, mientras que La Jara, con unas vistas maravillosas al campo desde su sala acristalada, ofrece la propuesta más cuidada. El chef Óscar Velasco, del restaurante madrileño VelascoAbella (una estrella Michelin), se encarga de la asesoría gastronómica. En su carta hay delicias como el raviolón de rabo de toro y las albóndigas de choco. El ambiente es muy agradable.
Tanto disfrute en la mesa llama a moverse un poco. El nuevo gimnasio se encuentra frente a los olivos, con puertas correderas que se abren al campo mientras se corre en la cinta o se está en la elíptica o el remo. Más original es la pista pickleball, que se suman a las de pádel y tenis. El rato relax tras haber entrenado un rato lo encontramos en el renovado spa, al que se ha añadido una zona para los más pequeños de la casa. La nueva versión de La Bobadilla quiere también ser destino familiar. Para grandes y pequeños está pensada también la sala de juegos, donde además de un billar hay numerosos juegos de mesa para echar una partida antes o después de cenar.
No podemos olvidarnos de mencionar la capilla del hotel, que presume de tener el órgano de colección privada más grande de Europa. A finales de mayo, se organiza el primer ciclo de conciertos en colaboración con conservatorios de localidades cercanas. Así suena la música de la nueva Finca La Bobadilla.
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