



























Bastaron 15 minutos para que prácticamente toda la ciudad se convirtiera en un rastrojo bajo las bombas. Ocurrió a las 13.20 horas del 14 de mayo de 1940, fecha grabada a fuego en el imaginario colectivo de los habitantes de Róterdam, la urbe holandesa a orillas del río Nuevo Mosa que no se permitió refugiarse en su propio duelo tras el feroz ataque, perpertrado a una escala nunca vista hasta entonces, con 814 muertos y 24.000 edificios destrozados. Todo lo contrario.
Prefirió renacer cuanto antes de sus cenizas cual ave fénix, el apelativo más asociado a esta metrópoli anfibia de 635.000 almas —es la segunda más poblada del país tras la capital, Ámsterdam, y su puerto, el más grande de Europa— que, a los cuatro días de la ofensiva, comenzó a reconstruirse. O mejor dicho, sin "re", a construirse, "ya que las autoridades decidieron echar abajo lo poco que quedaba del casco histórico, dejando algunos edificios: el Ayuntamiento, la Bolsa, Correos (un hotel de lujo ahora), y la iglesia de San Lorenzo, cuyos daños hicieron que no se reabriera hasta 1968", cuenta frente a esta última Ferrie Weeda, cicerone de las nuevas rutas temáticas (sobre arte, arquitectura, esculturas callejeras, gastronomía...) que parten del Tramhuis, la antigua "casa del tranvía" que ejercía de sala de espera de los pasajeros, convertida en punto de información turística.

Panorámica de la ciudad holandesa.
El guía continúa su explicación junto a la estatua del filósofo local Erasmo de Rotterdam —sí, las becas Erasmus se refieren a él—, la obra de bronce más antigua de Países Bajos. "Se levantó en 1622 y sobrevivió a las bombas, todo un milagro", señala destacando la fama mundial del humanista, que da nombre a bares, restaurantes, un hospital, la universidad o el puente Erasmo, denominado "el cisne blanco" por su forma estilizada y su color. El otro icónico es el de Guillermo, en rojo pasión.
Faltaría un paseo por el Puerto Viejo (Oude Haven), donde estaba el pueblo de pescadores que dio origen a la ciudad, para completar la ruta por el pasado más remoto anterior a la contienda. Es una de las pocas zonas que puede recordar a la típica imagen holandesa de canales y puentes. No busque más. Aquí también se ubica la Witte Huis (Casa Blanca), de estilo art nouveau, que con 43 metros de altura y 10 plantas fue el primer rascacielos de Europa (1898). Una muestra de que la metrópoli ya apuntaba maneras sobre su pasión por el diseño y por desbancarse de los modelos establecidos, lo que confirmarían movimientos como De Stijl, paradigma del arte total, con obras como el café De Unie, y la Arquitectura moderna holandesa, ligada a la Bauhaus y que priorizaba la funcionalidad, el aprovechamiento de la luz y el espacio, las formas simples y materiales como el acero.

El llamado Oude Haven o Puerto Viejo.
Como ejemplo figura la fábrica Van Delle, que a finales de los años 20 se atrevió a no usar ladrillo ni apoyarse en muros de carga (es Patrimonio de la Humanidad desde 2014). Cuando Le Corbusier la visitó en 1932 ya avanzó que en Róterdam se podía ver cómo sería la vida en el futuro. Su predicción se cumplió tras la guerra, cuando se decidió perfilar una nueva urbe en la que el peatón fuera protagonista, jugando con la luz, la estética e incluso el agua. No hay que olvidar que su superficie acuática es de 114 km2 frente a los 206 de la terrestre.
Surgió así un laboratorio urbano donde las reglas estaban para romperlas. El centro se llenó de amplias avenidas con jardines, bancos, esculturas y escaparates como la Lijnbaan (1953), que pasó de cobijar una fábrica de cuerdas a ser la primera calle peatonal de compras del Viejo Continente y modelo a imitar para tantas otras del planeta.

Escultura de Santa Claus en el casco histórico.
Hoy, está repleta de centros comerciales, tiendas, bares y locales míticos como Bram Ladage, con cola siempre gracias a sus patatas fritas gourmet aderezadas con mil salsas (la favorita, la de cacahuete). "Hay que probarlas", sentencia Weeda. Igual que la tarta de manzana del café Dudok, con pasas y canela. Hay varias sucursales, pero la pionera está en la calle Meent. De esa era de reinvención son también la antigua Estación Central (1957), cerca del barrio chino; los grandes almacenes De Bijenkorf (1957) y la torre de observación Euromast (1958), con 185 metros de altura y una brasserie en la cima.
Luego vendrían las famosas Casas Cubo, el complejo residencial que el arquitecto Piet Blom empezó a construir en los 70 para revivir el centro. La inclinación de 45º de las 39 viviendas poliédricas blancas y amarillas sujetas sobre pilares —una puede visitarse a modo de museo—sigue llamando la atención de expertos y turistas al simular un bosque abstracto. La primera planta reproduce un triángulo, mientras que en los soportales hay tiendas, un bar e incluso un salón de belleza.

Interior del mercado cubierto Markthal.
La ruta del diseño continúa con la Biblioteca Central, con su aire al Pompidou de París, y el Markthal, el primer mercado cubierto de Holanda, que combina apartamentos, oficinas y puestos de comida bajo un colorido mural digital abovedado, El cuerno de la abundancia, al que definen como una especie de Capilla Sixtina hecha por ordenador. No en vano, está considerado el cuadro más grande del mundo al medir 11.000 m2.
El edificio lo firma MVRDV, el prestigioso estudio de arquitectura que también dio a luz el centro de exposiciones Portlantis, en forma de caja rotatoria, y Depot, un depósito para conservar las obras de arte del museo Boijmans Van Beuningen, bajo reforma actualmente. "Es el primer almacén de este tipo abierto al público en el mundo, ya que los fondos siempre permanecen ocultos. Y eso que lo que se exhiben no es más del 10% de lo que posee un museo", asegura Ina Klaasen, directora de Depot.

Un grupo frente a la fachada del edificio Depot.
El resultado es una original estructura que se asemeja a un gigantesco tiesto acristalado de 40 metros de altura (y 1.644 paneles) sobre el que se refleja la ciudad. El interior, por su parte, es un ir y venir de grabados, dibujos, esculturas, cerámicas o muebles (así hasta 151.000 artículos) del arte medieval al moderno repartidos en seis plantas, coronadas por una azotea con un restaurante de cocina creativa, Renilde, y un jardín con pinos y abedules desde el que se divisa el Parque de los Museos en el que nos hallamos.
Allí también se sitúan las emblemáticas casas Chabot y Sonneveld,hijas de la Arquitectura moderna. Blancas, luminosas y de líneas puras, ambas datan de 1938 y, aunque sufrieron deterioros en la guerra, siguen en pie como museos. El primero recorre la obra del artista expresionista Henk Chabot, mientras que el segundo recrea la vida en una villa de este estilo en los años 30.

El hotel New York y varios taxis acuáticas en la orilla.
Dentro del parque tampoco hay que perderse otros museos como el de Historia Natural, el Nuevo Instituto de Rotterdam, dedicado a la arquitectura, el diseño y la cultura digital, y el Kunsthal, de arte contemporáneo y diseñado por OMA, el despacho de Rem Koolhaas. Y es que el célebre gurú nació aquí, donde también ha dado vida a De Rotterdam, el osado rascacielos compuesto por tres torres interconectadas que parecen seis en las que se mueven al día 5.000 personas entre residentes, oficinistas, turistas, curiosos y huéspedes del hotel nhow. Con retoños así no sorprende que a Róterdam también se la llame el "Manhattan del Mosa" por su vanguardista skyline.
Estamos en la zona portuaria de Kop van Zuid, entre oficinas y restaurantes flotantes, hoteles como el New York, antigua sede de la naviera Holland America Line (HAL), de la que partían los barcos hacia Estados Unidos a principios del siglo pasado cargados de emigrantes en busca de una vida mejor. El edificio lo construyeron en 1901 los arquitectos J. Muller, Droogleever Fortuin y C.B. van der Tak y cuando acabó su actividad la HAL en 1977 se pensó demolerlo para levantar un rascacielos. La oposición ciudadana fue tal que finalmente se decidió dejarlo en pie transformándolo en un hotel y manteniendo algunas instalaciones originales como la fachada de ladrillo rojo, los zócalos o las ornamentaciones de piedra natural.

Una de las salas del Museo de la Fotografía de Países Bajos.
En este barrio también se cuentan las dos grandes novedades de la ciudad: los museos de Fotografía y Emigración. El primero, recién inaugurado, reúne una de las mayores colecciones del mundo a través de 6,5 millones de objetos (negativos, impresiones, cámaras, imágenes digitales...). "Estamos ante una nueva era de la fotografía y este edificio hace justicia al tamaño, la calidad y la ambición de nuestra colección y programación", afirma su director, Martjin van den Broek, quien destaca la relevancia del almacén de café brasileño Santos, construido en1901, sobre el que se levanta el lugar. En él hay cabida para estudios de fotografía, una biblioteca, una tienda, un restaurante en la azotea con vistas, un café, talleres educativos... Y hasta un fotomatón original que reproduce imágenes analógicas para que se las lleve a casa el visitante.
La otra gran novedad es el museo Fénix de emigración, ubicado en un almacén de 16.000 m2 de la ya citada Holland America Line que alberga El Tornado, una pieza arquitectónica que reproduce el movimiento ascendente del aire. Y ojo, porque Róterdam ya proyecta la Casa de la Danza, el mayor centro europeo dedicado a esta disciplina, en otro espacio industrial y el futuro Museo de la Ciudad, en la iglesia del Muelle. Estaremos atentos...

Escultura 'El Tornado' en el museo Fénix.
CÓMO LLEGAR
Iberia, Transavia y KLM vuelan a Ámsterdam. Desde allí, se puede tomar un tren a Róterdam, que tarda entre 35 y 45 minutos dependiendo de si es directo o no.
DÓNDE DORMIR
Haven Hotel, Curio Collection by Hilton. Vanguardia, diseño y confort en el puerto histórico. Café de especialidad en el Loef Living Room y cocina de fusión contemporánea en el restaurante Calan.
DÓNDE COMER
De cafés flotantes como Putaine, presente en la Guía Michelin gracias a sus platos creativos de productos locales con énfasis en lo vegetariano, a restaurantes en espacios artísticos como The Depot (Renilde), gastrobares (Hartig) y mercados cubiertos (Markthal) con mil puestos.
MÁS INFORMACIÓN
En Turismo de Róterdam: rotterdam.info
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