Maitane Fernández cambió un trabajo convencional por la aventura en el Sudeste Asiático. Ha creado Bule Bule Trips, una forma de viajar por Filipinas sin prisas.

Maitane Fernández, creadorade Bule Bule.
Actualizado
Un buen día cambió un trabajo de oficina en España por una isla rodeada de aguas turquesas al otro lado del mundo. La vida frenética de casi todos los mortales por un pequeño paraíso en Filipinas donde todo fluye poquito a poquito. El yugo del ordenador por la libertad de la tabla de surf. Las gildas por la papaya... Maitane Fernández (Bilbao, 33 años) lleva cuatro años viviendo en el paraíso. Filipinas le cambió la vida hasta el punto de que ahora, a través de la agencia de viajes Bule Bule, se dedica a predicar sus encantos y a mostrarlos.
"Hay destinos bonitos en todo el mundo, pero esta combinación de lugar paradisiaco con la autenticidad y la hospitalidad de la gente es el doble tirabuzón", dice Maitane de Filipinas. Eso y "la energía". La bilbaína llevaba diez años trabajando en el sector de la publicidad y las relaciones públicas "sin llenarme demasiado". Había viajado antes a diversos países del Sudeste Asiático, como Tailandia, Malasia, Vietnam e Indonesia, pero el flechazo con Filipinas fue más allá. Primero fueron tres meses, luego otros tres... "Nada fue super meditado. Estuve en Corón, luego fui a El Nido, a continuación en Bohol y Malapascua. Todas estas islas me encantaron. Pero fue al llegar a Siargao cuando empezó mi relación estable con este país", cuenta entre risas Maitane. "Siargao fue mi crush ". Un amor a primera vista que se ha convertido en un hogar y una forma de vida.
Cuenta Maitane que razones hay para viajar a Siargao. Esta isla en forma de lágrima a 800 kilómetros al sureste es conocida por sus impresionantes playas, olas de fama mundial, paisajes exuberantes y lagunas escondidas. Todo, a precios asequibles. Algo así como Bali antes, digamos, de convertirse en Bali. "Está mucho menos trillado que otros destinos de Filipinas y la relación calidad precio es mayor". Aunque lo mejor, asegura, es el ritmo lento y pausado que te permite "estar conectado contigo mismo". "Se habla mucho de la maldición de Siargao. La cantidad de gente que decide cambiar o perder su vuelo de vuelta cuando vienen es altísimo. Les gusta tanto que se quedan".

Uno de los islotes frente a Siargao.SHUTTERSTOCK
Maitane vive en una casa muy pequeñita. "Delante de mi casa tengo unas plantas. Hay un papayero, un bananero... crecen muy rápido. Me recuerda al pueblo de mis abuelos en Galicia porque la gente tiene la puerta abierta. Todo el mundo conoce a todo el mundo". Cada mañana, monta la tabla de surf en la moto y se dirige a la playa más cercana. "Tiene un agua turquesa muy calmada, pero la orilla está llena de barquitos de colores que te esperan para llevarte al punto de surf. Y a solo 10 minutos de donde vivo está Cloud 9, una de las mecas de las olas del mundo".
El surf es, cómo no, una de las actividades que Bule Bule incluye en los viajes que organiza a Siargao. Se trata de viajes en grupo con fechas de salida ya anunciadas para los próximos meses a los que cualquiera se puede apuntar. La mayor parte de sus clientes son mujeres que viajan solas, pero hay mucha familia también. Y la mejor época para viajar a este pedazo de paraíso es ahora, de mayo a octubre. "En el resto del país la temporada de lluvias es justo durante el verano español, pero aquí es justo al revés".

Uno de los grupos de Bule Bule.
"No caer en las turistadas"
Si está pensando en un maratón de ir saltando de isla en isla, algo habitual en las incursiones turísticas en Filipinas, éste probablemente no sea su viaje. Maitane propone muchas cosas, pero va despacio. "En este país entre el punto A y el B casi nunca hay línea recta". En diez días (sin contar los vuelos, desde 1.500 euros) da tiempo para ver islitas donde a lo mejor vive una sola familia. También para visitar una zona de manglares que es la mayor de Filipinas y hacer paddle board. "Se trata de no caer en las turistadas. También acudimos a un huerto donde vemos qué alimentos se plantan para luego hacer una clase de cocina. Otra de las actividades es conocer la tradición del trenzado con la que las comunidades aquí realizan sombreros, jarrones, de todo..."
La española no es amiga de las vacaciones en las que parece que todo el tiempo estás "viajando". "Me gusta que cada uno dedique tiempo a sí mismo para asimilar el viaje". De ahí que incluya clases de yoga y meditación. En Filipinas es difícil quedarse con una isla. "Hay 7.000, así que quedarse con una sola sería como elegir entre mamá y papá. Pero Siargao tiene esa combinación de playas paradisiacas y surf, de manglares y autenticidad", resume la cicerone. ¿Y su lugar favorito en la isla? "La playa de Tangbo, al norte. ¡Qué atardeceres!"
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