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Lleva navegando desde que tiene uso de razón. Bueno, no, matizamos, porque la primera vez lo hizo con apenas un mes. Víctor Moure (Barcelona, 2001) nació en mayo y en junio sus padres le llevaron a surcar las aguas de Menorca. Lo normal en una familia de navegantes empedernidos —y sólidos empresarios del sector de las gasolineras y los centros de lavado en Cataluña— por culpa del abuelo, un gallego amante del mar que se compró un barco "casi antes de aprender a nadar".
Lo cuenta este joven que, a sus 25 años, puede presumir de ser el fundador y CEO de una exitosa firma de embarcaciones prémium de recreo, Kumbra Yachts, que ha venido a revolucionar el mundo de los day boats (barcos para salidas de día) con su concepto de "sastrería náutica made in Spain". O personalización hasta el mínimo detalle, con un servicio a la carta que permite al cliente confeccionar su nave a medida partiendo de un "diseño de líneas modernas y elegancia atrevida para una nueva generación de navegantes que quieren salir de lo clásico a un precio competitivo", explica Moure durante la celebración del salón Palma Internacional Boat Show, en la marina Moll Vell de la capital mallorquina.

El nuevo Kumbra 43, en las aguas de Mallorca.
Allí presentó su nuevo retoño y buque insignia, el Kumbra 43, el más grande, deportivo e innovador de los tres modelos artesanales que tiene en el mercado, con capacidad para 14 personas, dos cabinas, baño y solárium en proa y popa, una motorización que puede llegar a 1.200 HP y una velocidad máxima de 42 nudos.
El nombre hace referencia al número de pies, 43 (13,35 metros de eslora), así como en los dos prototipos previos, el 34 y el 36. "Nos hemos hecho mayores con un barco que tiene las prestaciones de un modelo superior, lo que permite mayor estabilidad, seguridad y resistencia", señala acomodado en el control de mandos desde donde se maneja todo el yate mediante un sistema de domótica y rematado con un refinado hardtop (techo de fibra) negro inspirado en las mantarrayas.

Al sol de cubierta.
El diseño curvo y los motores recuerda, por su parte, a un Ferrari. "El mundo de la automoción de lujo nos ha influido mucho, aunque realmente el estilo es el de una casa moderna y minimalista; así queremos que uno se sienta, en su hogar", asegura Daniel Miravalls, responsable de Diseño de la marca.
El estreno en 2022 con el primer Kumbra 34 llegó casi por casualidad, tras averiarse el barco familiar de los Moure y empezar a buscar uno nuevo. Nada les convencía. Y menos los precios. "Nos dio por la loca idea de crear el nuestro, el que de verdad queríamos teniendo en cuenta nuestra experiencia. Yo justo acaba de terminar la carrera de Administración y Dirección de Empresas y decidí apostar por esto", dice el ahora CEO. Y así surgió Kumbra, cuyo nombre viene de los momentos cumbre que da el mar. "Nunca soy tan feliz como navegando", sentencia el también regatista de la clase olímpica de vela ligera Laser.

El Kumbra 34, en blanco.
La confección a medida fue la premisa clave, permitiendo al cliente personificar su embarcación tanto con los materiales, que son impermeables, como con los accesorios, el tamaño de la ducha, los acabados redondeados, más cómodos y seguros, los divanes reclinables o los colores. "Un propietario de Estonia [aunque la mayoría procede España y Francia] lo quería azul pitufo y ahora es el yate más famoso del puerto de la Costa Azul donde está", relata Moure entre risas. "No hemos hecho dos barcos iguales y en algunos han pedido hasta 20 personalizaciones, pero hay cosas imposibles a nivel técnico, como un nórdico que quería poner una calefacción en cubierta", añade.
También está quien lloró al recibir el suyo. "Llevaba buscando uno así más de 30 años y por fin lo tuvo". Lo llamó Somni, sueño en catalán. Y algo así está viviendo el equipo de Kumbra, integrado por ocho personas, aunque en la construcción de una nave —se tardan unos tres meses y este año entregarán entre 25 y 30—participan 60 profesionales (carpinteros, electricistas, fontaneros, tapiceros, mecánicos...) y 200 proveedores, que hacen magia en el astillero Faeton del grupo Astondoa, situado en Almería y con más de 40 años de trayectoria.

Interior de diseño de una de las naves.
¿Y el precio? De los 290.000 euros del 34 a los 750.000 del 43, "un coste asequible para las cifras del sector", matiza Miravalls. Para rentabilizarlo, Kumbra ofrece alquilar las embarcaciones cuando no las utilice el dueño, ofreciendo, además, un programa de experiencias a los clientes: de salidas con patrón a snorkel en Ibiza o una paellada a bordo en la Costa Brava.
Famosos como el dj Steve Aoki y los futbolistas Lamine Yamal, Fermín López o Íñigo Martínez ya los han probado. "¿Qué tal si el es próximo es James Bond en una de sus películas? Sería increíble", se imagina el joven emprendedor.

El Kumbra 43 surcando los mares.
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