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Cuarenta días. Este fue el tiempo récord que tardó el gobierno de la Segunda República en levantar un tramo de vía férrea para comunicar Madrid con Valencia. 960 horas de trabajo contra reloj, en plena Guerra Civil española, que tenían como objetivo establecer una arteria de transporte para abastecer a la capital, en esas fechas asediada por el ejército nacional. En febrero de 1937, las tropas sublevadas de Franco seccionaron un tramo de vía del ferrocarril Madrid-Alicante, la principal vía de comunicación entre Madrid y las provincias republicanas del Levante. Madrid necesitaba suministros constantes, y sin esa línea ferroviaria la ciudad se quedaba en una situación logística muy frágil.
No había tiempo para obras convencionales, así que el gobierno republicano presidido por Juan Negrín comenzó a planear en la primavera de ese mismo año la construcción de una línea alternativa que conectara Torrejón de Ardoz con Tarancónevitando la zona del Jarama y el frente activo, buscando territorios bajo control republicano. Entre 10.000 y 15.000 personas -ingenieros militares, ferroviarios, batallones de trabajo y civiles-participaron en la construcción del ferrocarril de vía estrecha, un ramal de ancho métrico que daba servicio al complejo de la Azucarera de La Poveda.

Paisaje durante el trayecto.
De aquel ramal se aprovechó solo el primer tramo (que se ensanchó al ancho de la red ibérica) de 14 km, hasta Mejorada del Campo. Desde allí se levantó una nueva línea de 91 km hasta la estación de Tarancón, que, a mitad de camino, en Orusco de Tajuña, se cruzaba con el Ferrocarril del Tajuña. Desde Tarancón, para enlazar con las vías hacia Levante y Andalucía, se utilizó un tramo del ferrocarril Aranjuez-Cuenca hasta Santa Cruz de la Zarza, y desde esta estación toledana se construyó otro ramal hasta Villacañas, enlace final con la línea Madrid-Alicante. En diciembre la línea comenzó a funcionar, y ya entrado 1938, se mejoró el servicio.
Unos tres meses en total desde el planteamiento del proyecto a su culminación, por eso también se le conoce como "el ferrocarril de los cien días" - aunque 40 días fueron las jornadas necesarias para tener la línea operativa- y también como "Vía Negrín". Y este trazado nacido para la guerra es hoy un espacio para pedalear, caminar o correr gracias al establecimiento de una Vía Verde sobre las abandonadas líneas del tren, desmanteladas en 1940. Las Vías Verdes son antiguos trazados de ferrocarril en desuso recuperados como itinerarios para ser recorridos a pie y en bicicleta.
Existen cerca de 2.900 kilómetros de Vías Verdes repartidos en toda la península, en la Comunidad de Madrid suman 70 km: la Vía Verde del río Guadarrama, la Vía Verde del Tajuña y la del Tren de los 40 días. De hecho, esta última es un ramal de la del Tajuña: entre las dos nos permiten descubrir los paisajes, la naturaleza e historia del sureste del territorio madrileño.

Una señal del recorrido.
La Vía Verde del Tren de los 40 Días se inicia en Carabaña, uno de los pueblos más antiguos de la región, conocido por su aceite de oliva virgen y sus aguas ricas en propiedades medicinales. Junto a la carretera M 204 aún se levantan los edificios de la época de apogeo de las famosas aguas: el balneario, la fábrica embotelladora - hoy un albergue juvenil-, y la central eléctrica de Chávarri. Desde Carabaña, cogemos la carretera que parte en dirección a Estremera, y que nada más salir del casco urbano cruza el río Tajuña (afluente del Tajo) por un histórico puente del siglo XVI.
Un poco más adelante sale a la derecha el carril de la vía verde: afronta un primer repecho, y a mitad de la subida gira bruscamente a la derecha para meterse en el trazado original del tren. Las vías discurren encajadas por paredes rocosas que abrazan la vega del Carrizales. Para abrir camino en este terreno tan abrupto, el ferrocarril se vio obligado a excavar una serie de trincheras, cuyos tajos seccionan los cerros de calizas, arcillas o yesos, mostrando el variado colorido de las entrañas de la tierra. La vía continúa hacia Valderacete, veremos de lejos la silueta de su Iglesia de San Juan Bautista, y continúa ascendiendo por la vega del Carrizales.
Antes de llegar al km. 6 tenemos la única área de descanso. Un kilómetro después el carril pasa por debajo de la carretera M-222, donde termina la vega del arroyo Carrizales. El desnivel que había que afrontar a partir de este punto, obligó a trazar en la línea férrea un giro de 180º para continuar por un terreno agrícola más llano dominado por el cereal. Un poco más adelante hay que cruzar la M 222. En este punto se une con la carretera a Valderacete, la Vía Verde y el Camino Natural de la Cañada Real Soriana Oriental. El itinerario se adentra después en una larga trinchera excavada en arcilla roja por la que pasamos de la Vega del Tajuña a la cuenca del Tajo, y si antes el carril subía, ahora iniciamos un continuo descenso hacia el valle de la casa del aceite, el Val Der az Záit árabe (Valderacete).

Los caminos se pueden recorrer a pie o en bici.
En el km. 12 la ruta llega de nuevo a la M 221. El trazado original del ferrocarril cruza el asfalto y se convierte en un camino rural, pero la actual Vía Verde sigue descendiendo, entre olivares y cultivos de secano, hasta su final, la población de Estremera, muy cerca del límite con Castilla-La Mancha, culminando un agradable e interesante paseo, a pie o en bici, por nuestra historia reciente y por el territorio agrícola del sureste madrileño.
· Distancia: 13,42 km. Carabaña-Valdaracete-Estremera.
· Se puede unir con la Vía Verde del Tajuña: 49 km.
Más información y descripción de la vía: viasverdes.com
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