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Sábado por la mañana. Llega el esperado día para hacer una escapada a la sierra y desconectar de la rutina de entre semana. Luce un sol radiante, ¡genial! Preparas la mochila: un cortaviento, una cantimplora con agua y unos frutos secos, y coges el coche para conducir hasta Navacerrada, allí ya determinarás qué marcha hacer. Como no has salido muy temprano de Madrid, pillas tráfico en la carretera del puerto, y cuando llegas al párking son las 10h. Quieres ponerte a andar cuanto antes, así que, con las prisas, se te olvida el móvil en el coche.
La ruta más cercana es la ascensión a la Bola del Mundo, y aunque es una subida exigente y hace mucho que no sales a la montaña, decides afrontarla. En los primeros metros ya empiezas a notar cómo pega el sol. Tres kilómetros y 400 m. de desnivel positivo después alcanzas el Alto de Guarramillas, donde paras a descansar y beber un poco. Contemplando el paisaje ves un par de cumbres juntas que destacan en el horizonte, preguntas a un montañero y te dice que son las famosas Cabezas de Hierro. ¿Y por qué no visitarlas? No sabes la distancia y desnivel que hay hasta llegar a ellas, pero no deben estar lejos. A mitad de ruta hay otras dos exigentes subidas, vas sintiendo las piernas cansadas, pero decides seguir.
Llegas a los pies de las moles, solo queda salvar un tramo de bloques de roca para hollar Cabeza Menor. ¡Conseguida! Y ya que estás allí, ¿por qué no continuar a su hermana mayor? Las cimas no están tan juntas como parecía, y hay que salvar otro tramo técnico para alcanzar el vértice geodésico del pico. Con más esfuerzo del que esperabas te sientas a descansar mientras te tomas los frutos secos y acabas con el agua. No has tenido en cuenta que en un día caluroso como este hay que llevar más cantidad. Tras el frugal refrigerio tomas el camino de vuelta.

En el descenso las piernas ya no te responden como al principio, además estás deshidratado y falto de energía. En uno de los pasos introduces el pie entre dos bloques de piedra: notas un chasquido... Intentas levantarte y pisar, pero el dolor te lo impide: te has roto el tobillo. Ni siquiera llevas unos bastones de trekking que puedan ayudarte a desplazarte. Vas a coger el móvil para llamar al 112 y es cuando te das cuenta de que no lo tienes, ¿y ahora qué?... Estás en una situación complicada derivada de una toma sucesiva de decisiones no muy prudentes. Y es que una actividad a priori sencilla como el senderismo puede acabar en rescate, debido la mayoría de las veces a una mala o mejorable planificación.
Según datos del GERA (Grupo Especial de Rescate en Altura del Cuerpo de Bomberos de Madrid) en 2025 tuvieron que rescatar a 285 personas, principalmente los fines de semana: 218 de ellas se accidentaron o sufrieron algún problema de salud, mientras que 67 fueron extravíos. No sólo ocurre en las montañas de nuestra comunidad, en el Pirineo aragonés -uno de los destinos de montaña favoritos de los madrileños -los análisis de "Montaña Segura" (una campaña de prevención de accidentes en el medio natural) muestran que 4,5 de cada 10 rescates en verano en su territorio son a senderistas, por eso es importante reconocer que el senderismo es una actividad que requiere de un mínimo de planificación y de equipo para practicarla con seguridad.
Planificar la salida, preparar correctamente la mochila y actuar con prudencia son los tres pasos que siempre deberían guiar nuestra actividad en la montaña, ya sea alpinismo o una excursión "sencilla". Aquí van unas recomendaciones básicas.
Lo primero es estudiar la excursión que planeamos hacer: su distancia y desnivel y el tiempo aproximado que nos llevará completarla (ida y vuelta) según nuestro nivel físico y técnico. En el 50% de los rescates la "sobreestimación de las posibilidades" es una de las causas de accidentes. Antes de iniciar una ruta hay que preguntarse si se tiene la preparación necesaria para afrontarla. Calcular también los horarios parciales y totales nos permitirá valorar también si debemos darnos la vuelta antes de agotarnos y exponernos a una lesión provocada por el cansancio (uno de los motivos principales de torceduras, además del de llevar un calzado inadecuado).
Otro imprescindible antes de salir es consultar la previsión meteorológica: si va a haber tormentas, las temperaturas máximas que se dan en la zona... Por ejemplo, si van a ser muy altas, es recomendable madrugar para evitar las horas de más calor y evitar en la medida de los posible los accidentes por deshidratación. Relacionado con las condiciones climatológicas está la preparación de la mochila: meter siempre ropa de abrigo y/o chaqueta impermeable, gorro y guantes (si nos vamos a mover en altitud) o gorra para protegernos del sol, algún alimento energético y agua suficiente, sobre todo en verano (mínimo 1 l ó 1,5 litros).
Nunca está de más llevar una manta de supervivencia -no ocupan nada en la mochila y nos pueden sacar de un apuro-, y un móvil. El GERA aconseja llevarlo siempre completamente cargado, con la aplicación My112 instalada para una localización rápida. En caso de emergencia, si se avisa al 112 con esta app, se recibe nuestra posición exacta, reduciendo notablemente el tiempo del rescate y, por tanto, disminuyendo el riesgo. Además, la opción de tracking activada permite que desde el Centro de Emergencias se puedan consultar las posiciones registradas en los 10 días anteriores a la comunicación, lo que puede resultar de gran utilidad para localizar a personas perdidas o desorientadas.
Y un último consejo: usar la cabeza. Si vemos que la ruta se complica o la situación nos supera hay que saber darse la vuelta. Esta es la regla de oro del alpinismo o de una actividad senderista, porque la montaña siempre va a estar ahí, esperándonos.
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