

















En julio de 1982, bajo una atronadora tormenta, los Rolling Stones aparecieron sobre el escenario instalado en el extinto estadio Vicente Calderón de Madrid. Mick Jagger y los suyos ya habían inaugurado en 1976 un nuevo tiempo para España, el de la democracia, con su concierto en Barcelona, y sobre el césped húmedo del templo atlético estaban inaugurando otro: el de los estadios como escenario de conciertos. Un año después, en el Santiago Bernabéu, Julio Iglesias sería el primer español en llenar un estadio, con unas 100.000 personas. Y, en 2001, Alejandro Sanz se lanzó en su gira El alma al aire a llenar 20 estadios por toda la geografía española, más tres noches seguidas en el Palau Sant Jordi de Barcelona.
Son ya cuatro décadas en las que España ha entregado en la temporada estival sus campos de fútbol para grandes eventos musicales. Pero, desde hace unos pocos años, particularmente a partir de la pandemia, algo ha cambiado. Lo que antes era excepción, ahora se ha convertido en tendencia. Llenar estadios ha pasado de ser una quimera a convertirse en un hito que marcar en la cartilla del artista. Sobre todo, para los nacionales. Casos como los mencionados de Julio Iglesias y Alejandro Sanz eran una extraña excepción. Ya no. En 2025, la cuarta artista española con más espectadores del año fue Aitana con solo tres estadios; el cuarto fue Dellafuente, con otros dos, y la séptima fue Lola Índigo, con tres más. Manuel Carrasco, segundo en esa lista, arrancó su gira en La Cartuja de Sevilla y Natos y Waor celebraron su décimo aniversario en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid.
La música en directo acumula cuatro años consecutivos con cifras récord en España. Según el Anuario de la Música en Vivo de la Asociación de Promotores Musicales (APM), en 2025 la facturación superó por primera vez los 800 millones de euros -807 en concreto-, creciendo un 11% respecto al año anterior. En 2026, la tendencia parece que seguirá en ascenso. Y la proliferación de los estadios es fundamental en ese empuje económico. Los tres artistas internacionales con mayor afluencia en 2025 fueron Ed Sheeran, Imagine Dragons y AC/DC, todos llenando dos noches en estadios. Este año, entre Madrid y Barcelona, Bad Bunny llenará 12. Shakira construirá el suyo propio en la capital, más un parque temático, para meter más de 50.000 personas durante 11 noches en el Iberdrola Music. The Weeknd tiene cuatro shows entre el Metropolitano y el Olímpic de Barcelona. BTS y Bruno Mars, dos fechas cada uno en el estadio del Atlético de Madrid.
¿Y los nacionales? Manuel Carrasco ya ha anunciado cuatro conciertos seguidos en el estadio de La Cartuja del 13 al 20 de junio. El Último de la Fila, en su reunión tres décadas después, acaba de llenar el Olímpic dos noches y aún tiene por delante una noche más en el Metropolitano, otra en La Cartuja y dos más en el Ciutat de València. Alejandro Sanz hará otros cinco estadios en Madrid, Barcelona, Mallorca, Sevilla y Valencia. Y Rels B llenará otro Metropolitano el 4 de julio. «El cambio de tendencia es indiscutible, hay un mayor consumo de música en directo y, por eso, los artistas generan producciones de estadio. Ese mayor consumo es lo que permite absorber el gasto de montar una producción en un estadio», expone Pascual Egea, presidente de la APM.

Una fan en el Coachella de este año.Getty
El modelo de residencia, que este año traen Bad Bunny y Shakira, es una de las claves que explica la consolidación de los estadios en España. Los grandes artistas del panorama internacional ya hacen parada con varias fechas dentro de sus giras. De hecho, los 11 conciertos de la colombiana en toda Europa serán los de Madrid. «El mercado nos lleva a este modelo. Ahora los conciertos son planes que van más allá del evento. Ves un buen espectáculo, te lo pasas bien con tus amigos, te vas a otra ciudad... Por esto también la gente es más exigente con lo que va a ver, penaliza lo que no le parece bueno y el artista tiene que hacer un mejor espectáculo para dar la talla en un estadio», remarca Egea.
Carlos Espinosa es el fundador de Riff Producciones, una pequeña empresa que nació en 1994 en Cazorla (Jaén) y se ha convertido en la promotora que más entradas vende en España desde hace seis años -en 2025 superó las 800.000-, empujada por la gira de despedida de Joaquín Sabina o los conciertos de Manuel Carrasco. Así explica el director de Riff el fenómeno que se está dando en España: «Siempre ha habido un cierto complejo en la industria española con lanzarse a hacer un estadio. Primero por el vértigo en la capacidad de venta de los artistas y después porque las grandes producciones siempre habían estado del lado anglo. Y ahora por fin nos hemos quitado ese complejo», apunta quien está detrás del recorrido en directo de Manuel Carrasco.
El onubense inauguró el Metropolitano -quizás el primer paso para esta consolidación de los estadios-, fue el primer español en llenar el renovado Santiago Bernabéu -ahora con los conciertos suspendidos por el conflicto vecinal- y será el primer nacional en llenar cuatro veces La Cartuja. «Los fans españoles han normalizado que ver a su artista en un estadio es un gesto épico, un ritual colectivo y sienten que tienen que estar allí. Para los promotores eso es muy importante. Además creo que el empuje y la precisión que le mete una banda nacional a un estadio, no te la da un artista internacional porque va dentro de su rueda. Para un español es su fiesta de graduación», concluye Espinosa.

Angus Young, durante el concierto de AC/DC en el Metropolitano.Mariano Regidor
El Metropolitano que hicieron Natos y Waor el 7 de junio fue más una fiesta de cumpleaños, pero, al fin y al cabo, fiesta. Dos chavales que habían empezado en salas para un centenar de personas haciendo rap y que en diez años estaban metiendo casi 60.000 en un estadio con un género que nunca había soñado siquiera con llegar a esas cifras en sus inicios. «Es un desafío técnico si quieres hacer algo grande. Aquí solo hay una bala. En una gira te puedes permitir un concierto más flojo y mejorarlo en el siguiente, aquí te la juegas todo. Y luego está el gasto. Nosotros mantuvimos varias reuniones porque no teníamos del todo claro en algún momento que fuera viable. Si hubiéramos puesto las entradas 10 euros más baratas, no hubiéramos cubierto ni vendiendo todas. Todo lo que no fuera llenar, hubiera sido palmar, y no cantidades pequeñas. Pero esto sirve para que otros grupos que lo están haciendo muy bien detrás nuestra sepan que es algo posible. Si esto sirve de motivación, para apretar y currar más, bienvenido sea», apuntan Gonzalo Cidre y Fernando Hisado, los nombres reales del dúo de raperos.
Junto a ellos, desde el principio, ha estado Carlos Mata, fundador de la oficina de booking y management Taste The Floor, centrada en rap y música urbana. Él estuvo en la preparación del Metropolitano de Natos y Waor y también en el estadio Gran Canaria que el pasado mes de mayo hizo Quevedo como cierre de su Buenas Noches Tour. «Esto hace años era impensable, pero en el caso de Natos y Waor han ido quemando todas las etapas, han construido una base fiel de fans y eso ha acabado convirtiéndose en este estadio. En este caso creo que también fue una ventaja que esos fans no estaban acostumbrados a ver un concierto de sus ídolos en un estadio, y entonces la celebración también fue de ellos que les seguían desde las salas», asegura.
Más directo en la explicación es David Summers, líder de Hombres G, que ya hacían estadios en Latinoamérica en los 80, que en 2006 llenaron el Vicente Calderón junto a El Canto del Loco y que ahora han vuelto a llenar estadios americanos cuatro décadas después. «Esto es muy simple, en un mundo donde todo es fake, donde todo es inteligencia artificial, la gente quiere algo que pueda sentir junto a otras personas. Eso nada te lo da como un concierto. Y si es en un estadio, ya flipas».
La explosión de la música en directo ha traído consigo también un movimiento turístico. El de los fans que ya no solo se desplazan entre comunidades autónomas sino que lo hacen entre países. Según un estudio de la consultora Credence Research, el turismo musical crece un 18,6% anual a nivel mundial y se espera que en 2032 suponga 400.500 millones de dólares. En 2018, ese mercado en Europa estaba valorado en 21.310 millones, la previsión para 2024 fue de 29.230 millones y para 2032 esa cifra asciende a 109.020 millones. Eso supone que nuestro continente acumule una cuarta parte del total y España es uno de los cuatro mercados más potentes junto a Reino Unido, Alemania y Francia. «Nuestra industria y nuestros artistas están preparados para competir en igualdad de condiciones con los internacionales, que eran los que se podían permitir los grandes estadios y los grandes festivales para sus giras. Ahora tenemos un buen número de artistas que pueden competir de igual a igual», expone Soco Collado, directora gerente de Promusicae -la patronal de las compañías discográficas- y de la Federación de la Música de España, que acaba de presentar junto al Ministerio de Cultura la Oficina de Exportación de la Música Española para intentar abrir mercados fuera de nuestras fronteras y también arrastrar a los ciudadanos de esos países hacia los artistas españoles.

Bruce Springsteen, en su concierto de San Sebastián.Getty
También hay quien en la industria musical pone muchas comillas en este aumento de los conciertos. La demanda es incuestionable, pero lo que despierta dudas a alguno de los expertos es si es posible asentarlo o en unos años se diluirá y si ese es el formato correcto para algunos artistas. «En este cambio no es oro todo lo que reluce. Hay artistas españoles que se han beneficiado del aumento de demanda y llenan estadios, aunque normalmente a precios bastante mas bajos que los grandes artistas internacionales. Por otra parte, las nuevas generaciones de artistas han crecido en la era de la inmediatez y desean actuar en estadios lo antes posibles. Es por ello que hay artistas que actúan en estadios con el objetivo principal de poder contarlo en redes sociales ganando mucho menos dinero que si hubiesen tocado en un recinto cerrado de gran aforo. En estos casos, se trata de aparentar un éxito que no se corresponde con la realidad», afirma Neo Sala, fundador de Doctor Music y uno de los promotores históricos de la industria española.
Alonso Remedios, responsable de booking de Last Tour, se centra en que este es un «fenómeno muy localizado» en grandes ciudades como Madrid y Barcelona. «No lo veo fácilmente extensible salvo en casos puntuales, pero no creo que se convierta en un modelo habitual fuera de las grandes ciudades. También es verdad que, personalmente, casi prefiero que no lo sea. El verdadero tejido de la música en directo está en las salas de las ciudades, que son las que permiten desarrollar público y artistas de forma sostenida. Son imprescindibles para que existan carreras a largo plazo», destaca.

Fans de Taylor Swift, en el Bernabéu.Alberto Di Lolli
Esas salas, según trasladan las asociaciones en las que se integran, venden ahora más entradas pese a ir cerrando espacios en algunas ciudades españolas y se integran dentro un crecimiento general de la industria musical que ya se alumbraba antes de la pandemia, que se frenó con el covid y que se ha disparado justo después. Un ejemplo es que muchos de los artistas que llenan grandes recintos ya no tienen que buscar fuera de España quien desarrolle funciones técnicas. Los primeros estadios de Manuel Carrasco contaban con ingeniero, diseñador y escenógrafo belgas que habían trabajado con Jean-Michel Jarre. Ahora esos trabajos los hace una empresa madrileña. Desde hace 30 años, Luis Berlanga dirige Fluge Audiovisuales, que realiza distintas funciones técnicas en las giras de Aitana, Alejandro Sanz, Dani Martín o Dani Fernández, y en 2019 fundó una escuela de producción musical y DJ para dotar a la industria de más perfiles técnicos. «Nosotros crecemos con la complicidad de esa gente que compra entradas, pero es que ese crecimiento lo llevamos viendo unos diez años. Estamos asesorando a empresas de Alemania o de Estados Unidos para desarrollar equipos, tanto en lo tecnológico como en lo logístico», indica el fundador de esta empresa.
El cierre lo pone Carlos Espinosa: «Desde Riff podemos hablar desde la transversalidad más absoluta. Tenemos una sala, en Sevilla, Custom, artistas de formato arena como puede ser Melend,i que vendió más de 300.000 tickets en su última gira, artistas de festivales como Álvaro de Luna y algunos que hacen estudios. Llevo mucho tiempo oyendo hablar de que hay una burbuja en la música y me alegro de que no haya explotado. De hecho, presumo de que nunca explote porque realmente creo que todo esto se basa en que ha crecido la necesidad del público de ir a conciertos. Antes se iba a un concierto al año, ahora hay gente que va a más de uno en el mismo mes. A lo mejor lo que hay es una burbuja de público. Pero si el público tiene una demanda, aquí debemos estar para darles lo que piden».
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